Y España le arrebató el Nobel a Galdós

La frase la pronunció Tomás Rufete, padre de Isadora, la desheredada, ya perdido el oremus, al principio de la novela cuando se hallaba ingresado en el manicomio de Leganés: “¡Y el país, ese bendito monstruo con cabeza de barbarie y cola de ingratitud, no sabe apreciar nuestra abnegación, paga nuestros sacrificios con injurias y se regocija con los humillados! Pero ya te arreglaré yo, país de las monas. ¿Cómo te llamas? Te llamas envidiopolis…”.

Seguir leyendo

Compartir

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: