Vitaminas, ajo, tabaco y otros falsos remedios contra el coronavirus

Un mostrador de suplementos vitamínicos, casi vacío en una tienda de Nueva York por la demanda como supuesto producto beneficioso frente al coronavirus.
Un mostrador de suplementos vitamínicos, casi vacío en una tienda de Nueva York por la demanda como supuesto producto beneficioso frente al coronavirus.CARLO ALLEGRI / Reuters

La frustración que suscita en los ciudadanos y administraciones públicas la evolución de la pandemia de covid se ha convertido en un caldo de cultivo para desinformaciones que apuntan a determinados alimentos, suplementos dietéticos, desinfectantes, medicinas, y también comportamientos, como efectivos contra el coronavirus. Sin embargo, como recuerdan los científicos del 16º Congreso Mundial sobre Salud Pública, celebrado en Roma, “no hay ningún atajo”. Esta es la realidad sobre lo que no es efectivo, según las investigaciones revisadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros estudios.

Suplementos de vitaminas y minerales. “No hay ninguna indicación sobre el uso de suplementos de micronutrientes como tratamiento de la covid”, afirma tajante la OMS. Los micronutrientes, como las vitaminas D y C o el zinc, son vitales para el buen funcionamiento del sistema inmunológico, pero su ingesta de forma complementaria a la alimentación habitual carece de efectos beneficiosos frente a la infección. Un ensayo clínico reciente del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC) y el Hospital Reina Sofía de la misma ciudad, ha detectado un elemento clave en la generación de la sustancia química (mal llamada vitamina D, ya que es una hormona) que sí ha demostrado ser efectiva y mitiga el agravamiento de la enfermedad. Se trata del calcifediol, una prohormona que actúa de precursor de la generación de vitamina D a los niveles que ni la alimentación ni el sol pueden conseguir. Pero debe ser administrada con supervisión médica, ya que el abuso de los suplementos vitamínicos conlleva efectos adversos.

Remdesivir, cloroquina y su derivado hidroxicloroquina. “Nos agarramos a ellas como un clavo ardiendo dadas las circunstancias del inicio de la pandemia y, efectivamente, no funcionó. Ha resultado ser un placebo que puede ser dañino”, afirma sobre la cloroquina Luis Manuel Entrenas, neumólogo del Hospital Reina Sofía de Córdoba e investigador del calcifediol junto al especialista en endocrinología y nutrición José Manuel Quesada. El presidente de EE UU, Donald Trump, insistió en defender el uso en los casos de covid de este tratamiento contra la artritis reumatoide, enfermedades autoinmunes, la malaria y el lupus, pero ni la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ni la OMS lo avalan. Según el mayor estudio sobre estos dos posibles tratamientos contra el coronavirus, que analizó a más de 96.000 pacientes en 671 hospitales de todo el mundo, no aportan ningún beneficio, sino que aumentan el riesgo de sufrir arritmias y de morir. “Los datos actuales indican que este fármaco no reduce el número de muertes entre los pacientes de COVID-19 hospitalizados ni es de ayuda para las personas que padecen modalidades moderadas de la enfermedad”, afirma la OMS. “Comparto la opinión. Siempre hay que hacer el balance entre riesgo y beneficio y, en este caso, el beneficio es cero”, añade Entrenas. La organización mundial también ha hecho público este viernes que desaconseja el uso del antiviral remdesivir en todos los pacientes porque no ha demostrado ningún efecto positivo en relación con la covid.

Antibióticos. No funcionan contra los virus. Su uso solo está previsto en aquellos enfermos de covid que desarrollan una infección bacteriana como complicación, pero es inútil contra infecciones víricas, como es el caso del coronavirus. El mal uso de los antibióticos ha generado resistencia de las bacterias a los antibióticos llamados de “última línea”, como las colistinas y las carbapenemas, según un estudio del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, en sus siglas en inglés).

Ajo, picante, alcohol y tabaco. El uso de ajo y condimentos picantes en la alimentación no es perjudicial, pero tampoco es efectivo frente al coronavirus. “Su consumo ni previene ni cura la covid 19”, replica la OMS. En cuanto al tabaco, un polémico estudio preliminar del Hospital Pitié-Salpêtrière de París, rebatido de inmediato, sugirió que “la nicotina podría ser un posible agente preventivo contra la infección por coronavirus”. El Centro Europeo para el Control de las Enfermedades (ECDC) y la OMS han negado tajantemente esta posibilidad y alertan de que los fumadores son un “grupo vulnerable” a la infección. Lo mismo ocurre con el consumo frecuente o excesivo de alcohol, con efectos perjudiciales más que demostrados.

Colutorios, lejías, metanol, etanol y otros desinfectantes. Donald Trump abrió la caja de los truenos cuando en una intervención pública sugirió tratar el coronavirus con “una inyección de desinfectante”. Las rectificaciones fueron inmediatas. “Los productos que usas para matar directamente virus y bacterias normalmente matan células humanas sanas también”, replicó en Twitter el doctor Ryan Marino, experto en toxicología de los hospitales universitarios de Cleveland. “Por favor no hagan eso. Atentamente, todos los toxicólogos”, añadió el profesor de Harvard Bryan D. Hayes. “Inyectarse o ingerir cualquier tipo de producto de limpieza es un método habitual para las personas que quieren matarse”, se sumó el neumólogo Vin Gupta. Aunque algunos productos de limpieza contienen metanol, etanol o lejía para eliminar el virus de las superficies, nunca deben beberse ni ser pulverizados sobre el cuerpo. “No solo no destruyen los virus presentes en el organismo, sino que dañan los tejidos y órganos internos. Son sustancias tóxicas: beberlas puede provocar discapacidad o incluso la muerte”, advierte la OMS. Un estudio, publicado en Journal of Medical Virology, también ha sembrado el desconcierto al sugerir que los colutorios y enjuagues nasales mitigan la covid. El estudio es una investigación de laboratorio sin completar con ensayos clínicos sobre personas. Además, no se realizó con el SARS-CoV-2 sino sobre una variante denominada HCoV. No hay evidencias científicas concluyentes sobre los efectos de estos productos ante el coronavirus.

Ondas electromagnéticas. Las radiaciones de la telefonía móvil han estado siempre en el centro de las pseudociencias como potencialmente dañinas y esta mentira se ha extendido a las causas de la pandemia. El Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (Ccars) ya detalló en un informe sobre las evidencias científicas disponibles que “la población en general puede estar tranquila sobre las supuestas implicaciones que la radiofrecuencia emitida por esta tecnología podrían tener para la salud”. “Los virus no se desplazan por las ondas electromagnéticas ni las redes de telefonía móvil. La COVID-19 se está propagando en numerosos países en los que no existe una red 5G”, señala la OMS. Así que, alejarse del móvil no tiene efecto alguno sobre el coronavirus.

Clima, sol, agua caliente y frío. Las pruebas científicas indican que el virus de la covid puede transmitirse en cualquier zona, incluidas las de clima cálido y húmedo. Se han notificado casos en países con todo tipo de climatología. La acción del sol en la generación de vitamina D se ha asociado a efectos beneficiosos, ya que esta hormona refuerza el sistema inmunitario. Sin embargo, según advierte el especialista en endocrinología y nutrición José Manuel Quesada, “la exposición al sol, que es necesaria para la producción de la vitamina D, también es carcinogénica, aunque con un largo tiempo de latencia, y causa daño al ADN de la piel”. “Además, de noviembre a mayo, prácticamente no se sintetiza vitamina D en el hemisferio norte”, advierte. Tampoco el agua caliente o el calor procedente de electrodomésticos o el frío hacen nada frente al virus. “La temperatura normal del cuerpo humano se mantiene en torno a 36,5° y 37°, con independencia de la temperatura exterior o de las condiciones meteorológicas. Por lo tanto, no hay razón para creer que el frío o el calor puedan matar el nuevo coronavirus o acabar con otras enfermedades”, señala la OMS.

Termómetros y solución salina. Los termómetros sin contacto solo son eficaces para detectar a personas con fiebre, con una temperatura corporal superior a la normal. Para nada más. Ni detectan ni contagian el coronavirus. Tampoco sirve enjuagarse la nariz con solución salina. Esta medida de higiene puede acelerar la recuperación tras un resfriado común, pero no se ha demostrado que prevenga las infecciones respiratorias ni de la covid.

Mascarillas. Muchos bulos están cuestionando el uso de las mascarillas a las que atribuyen falsos efectos secundarios. “Utilizar mascarillas médicas durante mucho tiempo no provoca intoxicación por CO₂ ni hipoxia”, advierte la OMS. Tampoco se ha identificado ningún componente de las mismas que provoque consecuencias adversas.

Inmunidad de rebaño natural. Consiste en dejar que la población se infecte libremente para que desarrolle protección de forma natural. Un grupo de 80 investigadores, en una carta abierta en la publicación científica The Lancet, advirtió de que esta estrategia aumentaría la mortalidad en toda la población, afectaría a la economía de forma irreversible, prolongaría la epidemia y colapsaría todos los sistemas sanitarios. La jefa científica de la OMS, Soumya Swaminathan, calcula que el 1% de la población mundial (77 millones de personas) moriría con una medida como la inmunidad natural de rebaño.

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