Tencent, un monstruo tecnológico invisible para Occidente

Sede de Tencent en Shenzhen
Sede de Tencent en ShenzhenVCG / VCG via Getty Images

Tencent se ha convertido en ese elefante en la sala que nadie ve, pero que está ahí. Será por su origen chino o por su perfil bajo de comunicación. No hace ruido y, año tras año, desde su fundación en 1998 a manos de Ma Huateng y Zhang Zhidong, su crecimiento por el mundo ha sido exponencial. En China es sinónimo de todo lo que suene a Internet. Fuera de sus fronteras, es la dominadora de los videojuegos. Controla Riot Games, Supercell y Grinding Gear Games; posee un 40% de Epic Games; y tiene presencia en Ubisoft y Blizzard. O lo que es lo mismo, League of Legends, Fortnite, Brawl Stars, Clash of Clans, PUBG y World of Warcraft hablan chino. Ahora el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la ha situado en el punto de mira, al prohibir la descarga de su aplicación WeChat.

Hasta aquí lo más conocido, porque sus tentáculos cada vez llegan más lejos. Como explica Guillermo de Haro, profesor de sistemas del IE, tampoco debe sorprendernos que pase inadvertida debido a que es una empresa muy centradas en su país. “Con la pandemia descubrimos que hay ciudades en China desconocidas como Wuhan, con más de 10 millones de habitantes. Con sus compañías nos sucede lo mismo”. Pero antes de adentrarnos en sus nuevos negocios y hacia dónde dirige las inversiones, su origen como compañía de telecomunicaciones explica el monstruo tecnológico que es ahora mismo —novena organización mundial y a unos 100 millones de euros de capitalización de Facebook—.

Comenzó como un servicio de mensajería parecido a Messenger. Permitía que los chinos se comunicaran a través del ordenador. Visionarios como pocos en Asia, apostaron decididamente por el teléfono móvil. Así nació WeChat en 2011. Similar a WhatsApp o Telegram en su génesis, pero tan diferente con el devenir de los años. Esa fue la primera piedra de la que se valió para construir un imperio digital. En palabras de una fuente cercana a Tencent, fue el gancho necesario para desarrollar una serie de servicios que acompaña diariamente a toda la población. “Ha creado una capa que está por encima de Internet. Aquí reside su ventaja competitiva”, sostiene esta fuente.

Se refiere a que en WeChat podemos pedir un taxi, solicitar comida a domicilio, hacer la compra, enviar dinero, realizar transferencias o pagar en un establecimiento. Tencent ha forjado a partir de la app un entorno que copa cualquier necesidad. Cuando no puede integrar orgánicamente el servicio, lo crea, como ha sucedido con WeBank —»gestiona más capital que todo el metálico que tiene la sociedad china en su poder», precisa esta misma fuente—, la plataforma de música en streaming Tencent Music o la productora Tencent Pictures.

Y ahora viene el salto hacia sus vecinos y Occidente. Su idea es parecida a la estrategia concebida por Amazon en sus inicios, que en su logo dibuja una flecha que va de la A a la Z como metáfora de su predisposición a competir con quien fuera necesario, con todo aquel que se encontrara entre todas estas letras. Para parecerse a los de Jeff Bezos, parte de sus esfuerzos los ha centrado en el cloud desde hace cuatro años. Invertir en esta tecnología es el paso previo indispensable en aras de modernizar el entorno empresarial, mejorar la ciencia de datos e invertir en inteligencia artificial. Una apuesta más de presente que de futuro. “Es un dragón digital. Un dragón capaz de sacar su lengua para después abrasarte y absorberte si es necesario”, zanja Miguel Ángel Morcuende, experto en transformación digital.

El efecto coronavirus

Los cambios impuestos por la crisis del coronavirus sitúan en una posición privilegiada a un coloso como Tencent. Sus productos y servicios crecen aún más rápidamente. La forzosa migración digital que vive todo el planeta refuerza su negocio. Un momento oportuno para lanzarse decididamente a por Europa y de ahí dar el salto a Latinoamérica. “Va a continuar expandiendo su influencia. Lo que tenga que ver con conectividad, con la capacidad de generar negocios alejados de lo analógico, va a triunfar. Tencent puede liderar buena parte del futuro que está por venir”, argumenta Morcuende.

Su gran capacidad económica explica parte del poderío forjado en la sombra —posee el 5% de Tesla y el 10% de Universal Music—. Yuanes recorriendo todo el planeta. Ha creado un brazo inversor mundial capaz de competir con grandes nombres, como Apple, Google, Facebook y Microsoft. Gracias al pasado en Goldman Sachs de su presidente, el mundo financiero carece de secretos. “Invierten en fondos de inversión y a través de ellos localizan los futuros negocios estrella de Internet. También invierten directamente en empresas. Compran las que les interesa, no solo en China, sino globalmente”, asegura la fuente cercana a Tencent.

La ciberseguridad es otro de los servicios que ha convertido en punta de lanza. Ha creado hasta su propio centro de respuesta ante ciberataques. La dirección de la organización entiende que es un asunto central al que ligar su futuro. Un elemento más que añadir a la ya de por sí extensa nómina de servicios que ofrece lejos de WeChat. “Las grandes compañías chinas llevan tiempo saliendo de sus mercados, igual que lo hicieron las grandes empresas españolas hace años hacia el mercado latinoamericano por ejemplo. Tienen músculo financiero para aventurarse y buscar crecimiento en otras áreas”, sugiere De Haro.

Una sombra de duda que nunca ha aclarado Tencent es el papel que desempeña el Gobierno chino. Es complicado determinar si tanto vigor se debe a una inversión pública directa, una acción de oro o algún otro tipo de ayuda. Las reglas de juego son diferentes allí. Como indica esta fuente cercana a la compañía, poco importa debido a que es un país en el que el Ejecutivo te cierra el negocio en cualquier momento si así quiere. No hace falta que controle nada para interferir en sus decisiones. “Lo que hay que tener presente de cara al futuro es que Tencent es muy proactiva invirtiendo en startups. Aluciné cuando conocí su volumen de inversión. Son tan o más innovadores que un gigante como Google”, concluye.

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