Técnicos extranjeros dominan el ‘cerrado’ fútbol de Brasil

En lo alto del Brasileirao se habla español. Tres técnicos foráneos pelean mano a mano por la liga de Brasil, donde el título es tan esquivo para los extranjeros como inusual su contratación para ocupar los banquillos.

El argentino Eduardo Coudet planta la bandera del Internacional en la cima del campeonato brasileño, que este fin de semana llegará a su meridiano. Su compatriota Jorge Sampaoli, del Atlético Mineiro, lo observa desde el tercer lugar. En medio, el español Domènec Torrent lucha por el bicampeonato para el Flamengo.

Los técnicos extranjeros se imponen en la tierra de Mario Lobo Zagallo, una temporada después de que el portugués Jorge Jesús se convirtiera en el segundo foráneo en ganar el Brasileirao tras el argentino Carlos Volante (Bahía en 1959).

En las cinco principales ligas mundiales las nacionalidades de los encargados de la estrategia son variopintas. Acostumbrado a mirar dentro de sus fronteras, Brasil empieza a abrirles más espacios a orientadores de otras latitudes.

«Para nosotros es muy novedoso porque pareciera que Brasil está fuera del mundo globalizado», dice a AFP Paulo Vinicius Coelho, comentarista de SporTV.

Los equipos de Coudet (35 puntos), Torrent (35) y Sampaoli (32) no solo dominan la competición tras 18 de 38 jornadas programadas. También son los elencos más goleadores y encarnan estilos futbolísticos distintos -como el juego de posición- a los que desarrollan sus colegas brasileños.

«El técnico no es competente o incompetente por tener un pasaporte azul o rojo, él es competente o no porque estudió, porque trabajó, porque se preparó», apunta Coelho. Y ellos «son técnicos muy buenos, son técnicos mejores que los nuestros».

Inter y Flamengo, además, pelean los octavos de final de la Copa Libertadores. En 2019, con el ‘Fla’, Jesús se convirtió en el primer extranjero en ganarla con un cuadro brasileño.

– «Mejor» preparados –

Carlos Alberto Parreira, técnico campeón del mundo con la ‘Selecao’ en Estados Unidos-1994, considera que sus compatriotas se dejaron tomar distancia de sus pares internacionales.

«En Brasil era más empírico, pragmático. El jugador se retiraba y al día siguiente se convertía en técnico (…) Cualquier profesional, de cualquier área, necesita de un curso de formación», asegura al diario Estadao.

Hace décadas que Europa exige licencias para dirigir, y buena parte de quienes aterrizan en Brasil toman esos cursos o los de la Asociación del Fútbol Argentino. Apenas en 2019 la Confederación Brasileña de Fútbol empezó a pedir especializaciones.

«Es natural que los técnicos de afuera tengan una preparación mejor que los que están aquí. Eso es indiscutible», reconoció la leyenda del Sao Paulo Rogério Ceni, que dirige al Fortaleza.

Lejos de los primeros lugares, en el Brasileirao-2020 han desfilado famosos timoneles locales: Mano Menezes, Renato Portaluppi, Vanderlei Luxemburgo o Paulo Autuori.

«Escucho que se exaltan mucho a los técnicos extranjeros, pero Brasil tiene grandes técnicos, con ideas distintas. Miro para el lado para ‘robar’ algo de cada uno», afirma Coudet.

Aparte de los inmigrantes en el podio, el portugués Ricardo Sá Pinto pelea por no descender con Vasco da Gama. La llegada de otro foráneo -Palmeiras evalúa fichar un extranjero- igualaría el récord de este siglo (5), establecido la temporada pasada.

– Tradición –

Históricamente las ligas brasileñas y argentinas, las más fuertes de Sudamérica, han sido reacias a importar técnicos. En la Superliga de Argentina solo uno de los 24 entrenadores es foráneo. En Inglaterra son once, en Alemania son seis, en España cinco, en Francia cuatro y en Italia tres.

Pero los forasteros no siempre fueron inusuales. Antes de consolidarse como potencia futbolera, el gigante latinoamericano recibió a uruguayos, argentinos o ingleses. Charlie Williams y Bela Guttmann entrenaron clubes cariocas y paulistas.

La obtención del Mundial-1958, con el paulista Vicente Ítalo Feola como DT, impulsó la hegemonía de los técnicos brasileños, que empezó a resquebrajarse a comienzos de esta década a la par de que la selección patinaba.

«Después de ser campeones del mundo pasamos a creer que eramos un punto de referencia del fútbol mundial», explica el analista Coelho.

El embrujo del ‘jogo bonito’ cerró puertas, y apenas volvió a abrirlas, tímidamente, a principio de siglo con el arribo de entrenadores con cartel que, sin embargo, se marcharon sin gloria.

El uruguayo Jorge Fossati, los argentinos Ricardo Gareca y Daniel Passarella, los colombianos Juan Carlos Osorio y Reinaldo Rueda, y el alemán Lothar Matthaus vivieron pocos meses en Porto Alegre, Sao Paulo, Rio de Janeiro o Curitiba.

Después del fiasco del 7-1 ante Alemania en las semifinales del Mundial-2014, el número de estrategas que pasaron por migración empezó a aumentar en medio de un balompié que busca reinventarse.

raa/mel/ol

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