Sudán, desesperado ante la falta de medicamentos en plena pandemia

En plena lucha contra el nuevo coronavirus, Sudán tiene que hacer frente a la escasez de medicamentos, en un país con una economía por los suelos, después de tres décadas de funesta gestión bajo el mandato del presidente derrocado Omar Al Bashir.

«Hace tres días que busco medicinas», explica, exasperado, Abdel Aziz Adam, un joven asmático en busca de ventolín en Jartum.

Abdel Aziz Othman, cuya farmacia se encuentra cerca del mayor hospital del país, está pensando en cerrar su negocio.

«Nos faltan todos los medicamentos básicos (…) y cada día, nuevos tipos de medicinas se agotan», afirma. Otros ya tiraron la toalla, dice.

La crisis económica heredada de tres décadas de régimen autoritario bajo Omar Al Bashir –derrocado en abril de 2019 por la presión de la calle– ha causado una caída en las importaciones de medicinas, una situación que ha empeorado con la crisis sanitaria.

«Sudán necesita importar (el equivalente) de 55 millones de dólares en medicinas cada mes (…), desde el inicio del año, hemos importado sólo 9 millones de dólares», afirma Jalal Mohamed Ahmed, que dirige una empresa de importación de productos farmacéuticos.

– Industria al ralentí –

La crisis del coronavirus ha agravado la situación, sobre todo con el cierre de las fronteras.

Hasta la fecha, el país ha registrado cerca de 8.900 casos, de los que fallecieron unos 550, según cifras oficiales.

Tras una recesión en 2019 (-2,5%), la economía de Sudán debería volver a caer (-8%) en 2020, según el Fondo Monetario Internacional.

El país también tiene que hacer frente a un alza de precios galopante, una colosal deuda pública y unas magras reservas de divisas extranjeras.

Éstas tienen un papel esencial en la escasez de medicamentos actual.

Desde la independencia en 2011 de Sudán del Sur, cuya producción petrolera era una importante fuente de ingresos para Jartum, la entrada de divisas se ha desplomado.

«Antes, el Banco de Sudán nos proporcionaba dólares, pero dejó de hacerlo y la crisis del coronavirus ha empeorado la situación con el cierre de los aeropuertos», añade Othman.

Según él, los importadores tienen que buscar divisas en el mercado negro, lo que hace que las importaciones sean más caras.

Además, Sudán sigue formando parte de la lista negra de Estados Unidos con los países que apoyan el terrorismo. Esto bloquea las inversiones extranjeras, las ayudas internacionales y complica las importaciones.

Como consecuencia de ello, una gran parte de las empresas de importación están paralizadas y de las 27 plantas farmacéuticas sudanesas que satisfacen casi el 45% de las necesidades del país, solo 19 siguen funcionando, según el ministerio de Industria y Comercio.

– Iniciativas locales –

Desesperado, el comité central de farmacéuticos de Sudán organizó el domingo una huelga parcial.

«Reafirmamos que no puede haber concesiones ni compromisos en materia de derechos de los ciudadanos en la salud», reiteró el comité en su llamado a la huelga.

En estas duras circunstancias, surgen iniciativas locales para remediar a la falta de medicinas.

En Chambat, en el norte de la capital, la doctora Amal Tajeldin ha creado un centro médico donde son acogidos pacientes que no consiguen recibir los tratamientos que necesitan.

«Hemos pedido a los vecinos que nos traigan los medicamentos de más que tenían en sus casas y, junto a otras donaciones, hemos abierto una farmacia en el interior del centro de urgencias, donde trabajamos de forma voluntaria», explica.

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