Sin épica ni margen para equivocarse, Alberto Fernández, Kicillof y Rodríguez Larreta ataron sus destinos al éxito de la nueva cuarentena

Alberto Fernández dijo: “Conozco muy bien los problemas que tienen”. Horacio Rodríguez Larreta confesó: “También es muy difícil para nosotros en nuestro rol de gobernantes”. Y Axel Kicillof aseguró: “Sabemos de la angustia, del cansancio, de las broncas”.

El 3 de junio el Presidente había retado a los que no comprendían, negaba la angustia y el gobernador se peleaba con la Ciudad de Buenos Aires. El Jefe de Gobierno porteño, siempre el más mesurado, jamás había expresado un sentimiento personal.

Medido en el tiempo del discurso, se emocionó al final al pensar cómo será recordado el 2020 en los próximos años. “Siempre será un año de tristeza, por las pérdidas, por los problemas económicos, por el aislamiento, por no poder darnos abrazos, pero también va a ser un año donde todos unidos, decidimos cuidar nuestra salud y cuidar la vida de los argentinos y los bonaerenses”, dijo. Claro que no pudo evitar un comentario ácido. Fue cuando expresó que “escuché por ahí que alguien quería ver más muertos”.

Este mensaje tuvo un cuidado como ninguno antes en materia de comunicación. La dedicación que pusieron los expertos de los tres gobiernos para dar con el tono preciso y no equivocarse con el contenido demuestra a las claras cuánto se juegan Fernández, Kicillof y Rodríguez Larreta desde el 1º de julio.

Sin margen para el autoritarismo, carentes de capacidad para controlar efectivamente las 500 líneas de colectivos que circulan por el AMBA (transportan más de 4 millones de personas en tiempos normales, que con una cuarentena exigente como lo que viene puede caer a 1 millón de personas), a los tres solo les quedó la opción de convencer a la población con argumentos, decisiones basadas en evidencias, datos precisos, cuadros. Los power point de Cambiemos tan denostados, que Fernández llama “filminas”.

El riesgo es que la población se rebele y no cumpla con la decisión acordada, que no haya compromiso de parte de quienes tienen que forzar su vida cotidiana, en muchos casos al límite de decidir no salir a buscar los ingresos para sostenerse. O sea, que aumenten los casos confirmados de COVID-19 y los fallecimientos a un número que supere la capacidad del sistema sanitario, sobre todo las Unidades de Terapia Intensiva, que exigen recursos humanos y tecnología de cuidados que no se “fabrican” fácilmente.

Eligieron el formato del mensaje grabado, una idea que ofreció el secretario de Comunicación y Prensa, Juan Pablo Biondi, y que a todos les cayó bien. No tenían margen emocional para estar preocupados, además, por las preguntas de los periodistas.

Igual, hubo acuerdo en que había que hacer un mensaje claro, con una postproducción sencilla, pero que permita transmitir los tramos mejor expresados por cada uno de los protagonistas. Esa fue la razón por la que se tardó tanto tiempo en concretar la grabación. Salvo los primeros minutos, que hubo que grabarlos dos veces y luego editarlos, el resto fue toda una sola pieza.

El esfuerzo fue unificar el discurso, ordenar qué diría cada uno con una obsesión que jamás tuvieron en las ocasiones previas. La clave era evitar grietas en lo que dijera cada uno, no permitir que la opinión pública se monte en la presunción de que “ganó Horacio” o “ganó Axel”, buscando garantizar una misma actitud a la hora de decidir la agenda cotidiana de cada familia. ¿Lo lograrán?

Durante todo el día se percibió que la jornada de hoy era distinta a cualquiera de las previas en materia de presentación de las nuevas medidas de la cuarentena. Con miedo al fracaso, espalda frente a espalda, Presidente, gobernador y Jefe de Gobierno volvieron a atar sus destinos al éxito de una cuarentena exigida con la conciencia de que no tienen margen para equivocarse.

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