Sellos para tiempos de epidemia

Lo primero, por higiene —en estos tiempos es importante—, igual mejor empezar a hablar de epidemia. Cuando decimos “pandemia” damos a la cosa una solvencia léxica de modernidad que no merece, sobre todo porque las soluciones actuales no difieren de las de la gripe de hace un siglo: abrir la ventana, lavarse las manos, confinar a las personas y ponerse tapabocas. El resto son eslóganes y palabrerías. Además, la epidemia no nos ha hecho mejores, ni siquiera diferentes. Ha sacado nuestra parte más desconcertada. Y el desconcierto no es buen consejero —los políticos y sus consignas cambiantes tampoco ayudan.

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