Rosan Bosch, máxima referencia en diseño escolar: “El error de los gobiernos fue bajar protocolos como si todos los colegios fueran iguales”

Rosan Bosch, diseñadora y arquitecta holandesa

Rosan Bosch, diseñadora y arquitecta holandesa

Rosan Bosch dedicó más de 25 años al diseño y a la arquitectura. Su carrera profesional la llevó a enfocarse en los entornos de aprendizaje, que si bien suelen ser escuelas, también incluyen otros escenarios. Su estilo fresco, su marca registrada, la convirtieron en una de las máximas referencias de la arquitectura educativa. Su objetivo, dice, es romper el molde de las escuelas como espacios uniformes, grises. Como esas “fábricas de aprendizaje”.

La semana pasada, Bosch fue una de las oradoras principales del Congreso Innova Educa que cada año organiza la Universidad Siglo 21. La artista holandesa vive hace décadas en España, donde fundó Rosan Bosch Studio. Desde allí colaboró con numerosos proyectos para renovar los entornos escolares, desde comunidades en los países escandinavos hasta como asesora del gobierno argentino cuando se discutió la reforma de la secundaria.

En diálogo con Infobae, Bosch señaló un error recurrente en los gobiernos a la hora de delinear los protocolos de vuelta a las aulas, en medio de la pandemia. “Bajaron protocolos como si todas las escuelas fueran iguales. No solo dispusieron el ‘qué’, sino también el ‘cómo’ se deben cumplir las pautas. Demasiadas restricciones en lugar de dar autonomía. En España hubo escuelas que no abrieron por no poder cumplir con las normas”, advirtió.

-Mientras en Argentina estamos más rezagados, en Europa la mayoría de los países volvió a las aulas. ¿Cuáles son los retos que surgen?

-Es que el primer reto en Argentina es asegurar el agua corriente. Yo recorrí escuelas rurales donde no tienen siquiera lo mínimo. Si no te puedes lavar las manos, ya nada de lo otro alcanza. Es un hecho muy banal. Si ponemos una situación de normalidad, lo más importante es hacer un marco y ser inteligentes con pensar lo que es importante de verdad. Lo que hacen los países es dar reglas estrictas. Te dicen: “Tienes que poner todos los pupitres con dos metros de distancia y un plástico en el medio, y los alumnos tienen que estar sentados y no moverse”. Ya el problema viene con la solución como si fueran todas escuelas iguales. Eso está mal.

Una de las escuelas diseñadas por Rosan Bosch

Una de las escuelas diseñadas por Rosan Bosch

-¿Cómo deberían ser esos protocolos?

-Algunos países, por ejemplo Dinamarca donde ha funcionado muy bien, te dicen: “Necesitamos guardar una distancia de dos metros”. Se enfocaron en las condiciones sanitarias. No han dicho cómo se tiene que cumplir esa norma. A partir de eso, las escuelas empezaron a encontrar soluciones creativas. Por caso, dividir los grupos en diez chicos y educar al aire libre. “Tú tienes el turno del parque, tú tienes el turno del patio, tú tienes el turno de la biblioteca…”. Incluso pensaron en cómo solucionar la necesidad de tener un adulto a cargo de cada uno de los grupos, porque los profesores no dan abasto. Le preguntaron a los padres quiénes estaban en condiciones de colaborar. Toda la comunidad se ha organizado en conjunto. Dar el marco en lugar de la solución facilitó una ola de creatividad e innovación educativa. En Dinamarca han vueltos desde hace meses y no hubo complicaciones.

-La pandemia exigió por primera vez el traslado de las escuelas a las casas. Más allá de las diferencias, ¿los hogares son espacios donde puede darse el proceso de enseñanza y aprendizaje?

-No. En general, los chicos no tienen su espacio para enfocarse en los hogares. Yo sé que los profesores han hecho un esfuerzo enorme, pero no solo aprendemos individualmente. No hubo trabajo entre pares y se desataron situaciones de mucho estrés en las casas: padres sin tiempo para acompañar, una sola computadora para todos, miedo y problemas emocionales. Ni siquiera hablamos de la brecha entre los que tienen y los que no tienen, que hoy es todavía más grande. Más allá de eso, no hace falta estar mirando todo el día una pantalla para aprender. El profesor puede dar una clase corta, con una actividad para hacer.

-¿El error fue intentar replicar la modalidad presencial?

-Tenemos un sistema educativo en el que el profesor es todo o nada. Si el profesor falla, falla todo. Es una responsabilidad demasiado grande. Algunos son súper humanos, pero la mayoría son humanos como todos. El diseño de los espacios facilita también el trabajo colaborativo entre los maestros. Para ellos es una gran ayuda. Uno le dice al otro: “Oye, el grupo este no presta atención en general, pero yo he hecho esto y he logrado que se enfocaran”. Se comparten prácticas y eso obviamente fue imposible durante la pandemia.

-¿Considera que la pandemia va a llevar revalorizar espacios al aire libre como entornos de aprendizaje, que en general son dejados de lado?

-Sin dudas. Desde antes incluso tendríamos que haber activado los espacios exteriores. Para mí es consejo número uno. Se pueden buscar alternativas a muy bajo costo, con prácticamente nada. Ahora con el Covid-19 resulta hasta obvio: ¡salgan fuera!

-Por fuera de la emergencia actual, ¿qué características debe reunir una escuela para ser un espacio de aprendizaje estimulante?

-Hay diferencias culturales pero también aprendemos de la misma manera. Una de las cosas que tenemos todos en común: necesitamos activar todos nuestros sentidos para facilitar el aprendizaje. La prioridad es diferenciar los espacios, pero antes de eso hay otras cosas importantes, sobre todo que el estudiante es el que se ubica en el centro del aprendizaje. Eso implica dar libertades a los alumnos para que puedan tomar decisiones.

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-No alcanza con cambiar los espacios, sino que tiene que ir acompañado de una decisión pedagógica.

-Es tanto pedagógico como de organización. Se aprende mejor en un contexto diferenciado y eso no implica solo un aula. Para enfocarse no se necesita estar en una pieza encerrado. A lo mejor se necesita ir caminando. La escuela es una institución, es un invento que hemos hecho para que todos nos reunamos ahí a aprender. Es una fábrica de aprendizaje en nuestra sociedad. Como tenemos fábricas de comida, tenemos fábricas de aprendizaje. No es la única ni siempre la mejor manera de aprender.

-Que no es la única creo que no hay dudas, pero ¿por qué piensa que no es la mejor forma de aprender?

-La mayoría de los alumnos se siente desmotivado. Muchos jóvenes sienten que lo que están aprendiendo no tiene sentido, que no está conectado con el mundo en el que viven. Sería muchísimo mejor que la escuela dejara de mirarse a sí misma y hubiera actividades integradas, tanto dentro como fuera. Por ejemplo, un niño que va de la casa a la escuela y pasa por un cine, una carnicería y una situación de mucho tránsito… ahí hay tres momentos de aprendizaje. En el cine cómo montar cosas visuales, en la carnicería ver la anatomía de un animal y la nutrición, en el tráfico mirar la logística, calcular los coches, cuántos llegan a la vez. Hay tantas oportunidades de hacer lo que estamos aprendiendo, de sacarlo de una fracción y llevarlo a la vida real. La escuela es muy importante, es el núcleo, pero se aprende en todas partes.

-¿Qué es lo que suelen pedirle los gobiernos o directores de escuela cuando la contactan para renovar los espacios?

-Hay mucha gente que me dice: “Diseñame un espacio creativo”. Así no funciona. Tú no puedes poner una persona en un salón y uy, me pongo muy creativo. Eso no quiere decir que el espacio no tenga un impacto. Es un poco más complicado. El espacio te impacta emocionalmente, facilitar nuevos comportamientos e interviene en las relaciones que tienes con los demás. Hay espacios que no invitan al intercambio, que generan miedo a relacionarse. Son nada más que una herramienta para cambiar los hábitos que tenemos.

-¿Es mucho más caro tener espacios estimulantes que las escuelas tradicionales, en general lugar más bien uniformes?

-Yo siempre trazo una comparación. ¿Cuánto dinero invertimos en un sitio de trabajo para un adulto y un sitio de aprendizaje para un alumno? Mucho menos para el alumno. Entonces, ¿cómo puede ser que digamos que nuestra educación es la prioridad? Necesitamos que el alumno tenga ganas de ir a la escuela, que esté motivado a aprender. Invertir en la educación a la larga es beneficio de todo el país.

-¿Es un tema de dinero o de voluntad política?

-Es un poco de las dos cosas. He visto muchas escuelas en Argentina y la disparidad es enorme. Hay escuelas rurales con necesidades mínimas incumplidas, como agua corriente o sanitarios, y eso no se puede postergar. Lo primero es aumentar la inversión. Pero si el presupuesto es poco se puede utilizar también de manera inteligente. Allí ya entra a jugar la voluntad política. Tenemos miedo del conflicto, de luchar contra las costumbres. Hay gente que dice: “¿Aprender mejor? No, si yo cuando iba a la escuela aprendía de esta manera”. Tenemos que tener los cojones de decir: “Oye, así no aprendes”. Mucha gente lo sabe pero no lo dice.

-¿Por dónde se empieza cuando hay tantas carencias? Es decir, ¿es posible pensar en espacios coloridos y agradables cuando hay problemas con los baños?

-Es un poco la discusión del huevo y la gallina. Si decimos que porque no tenemos agua corriente, no podemos mejorar nada, entonces vamos a sentarnos acá a llorar y morir. Lo fundamental es dar recursos. Pero para los directores o maestros que no están en esa posición, siempre se puede mejorar algo. Se pueden sentar debajo de un árbol y trabajar en equipos, y lo puedes pasar genial.

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