Patrick Radden Keefe: «Muchos en Irlanda del Norte creen que el precio de la paz es el silencio»

  • Irene Hernández Velasco
  • Especial para Hay Festival Digital Colombia@BBC Mundo

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Patrick Radden Keefe es el autor de «No digas nada», para muchos, el mejor libro de 2019.

Jean McConville era ama de casa de Belfast de 38 años, viuda y madre de 10 hijos. Una noche de diciembre de 1972 unos tipos encapuchados se la llevaron a la fuerza de su casa. Jamás volvió a ser vista. Sus hijos, que entonces tenían entre 20 y 6 años, se quedaron desamparados durante semanas, sin que nadie se ocupara de ellos. Nadie se atrevió a ayudarlos.

Irlanda del Norte vivía entonces el punto álgido de los enfrentamientos entre católicos-republicanos y protestantes-unionistas, y Belfast, su capital, se había convertido en un auténtico campo de guerra.

Así que los vecinos decidieron que, respecto a los hijos de Jean McConville, era mejor mirar hacia otro lado, guardar silencio, no decir nada.

Y «No digas nada» es justo como se titula el magistral libro escrito por el periodista estadounidense Patrick Radden Keefe (de ascendencia irlandesa por parte de padre) que ahora ha salido a la venta en español de la mano de la editorial Reservoir Books.

En el libro, a lo largo de más de 500 trepidantes páginas, Radden Keefe desgrana The Troubles («Los problemas»), como se conoce al conflicto que asoló a Irlanda del Norte durante tres décadas y dejó un saldo de más de 3.500 asesinados hasta que en 1998 se firmó el Acuerdo de Viernes Santo.

Fruto de cuatro años de investigación, «No digas nada» ha sido recibido con unánime aclamación. Ganó el premio Orwell, el de la Crítica de Estados Unidos, fue finalista del National Book Award y fue elegido como el mejor libro de 2019 por The New York Times, The Washington Post y la revista Time.

Basado en cientos de entrevistas y documentos, verídico pero escrito como un thriller, arranca con el secuestro de Jean McConville. Y al final incluso desvela quién asesinó a esa mujer, cuyos restos fueron encontrados en 2010 y que fue acusada por el grupo armado IRA (Ejército Republicano Irlandés) de ser informadora del ejército británico.

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La hija mayor de Jean McConville, Helen, con una foto de su madre en la también aparece ella y algunos de sus hermanos.

BBC Mundo conversó con Radden Keefe en vísperas del Hay Festival Cartagena, que este 2021 se celebra en esa ciudad colombiana del 22 al 31 de enero de 2021.

La idea de escribir este libro le surgió cuando leyó un obituario de Dolours Price, ex miembro del Ejército Republicano Irlandés (IRA) fallecida en 2013. ¿Qué le atrajo de ella?

Nunca había oído hablar de ella. Dolours Price es bastante famosa en Irlanda, pero en Estados Unidos no era alguien de quien yo hubiera oído hablar.

Yo crecí en Boston y lo sabía todo sobre Bobby Sands y las huelgas de hambre que presos republicanos irlandeses hicieron en los años 80. Pero no tenía ni idea de que había dos hermanas, Dolors y Marian Price, que habían sido miembros del IRA y que un poco antes también habían llevado a cabo huelgas de hambre.

Me pareció muy interesante. Me interesó porque era una mujer y me interesó también el que hubiera tenido ideas políticas tan radicales, especialmente siendo joven.

Pero luego, cuando sigues su vida, ves que al hacerse mayores, cuando salen de la cárcel y tienen una familia, con 40 ó 50 años miran atrás a lo que hicieron en su juventud. Para mí eso era interesante: la idea del radicalismo juvenil vista a través del prisma de la mediana edad.

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Dolours Price falleció en 2013, Aquí una foto de su entierro, en Belfast. Adelante sus dos hijos, atrás, su exesposo, l actor Stephen Rea.

Su libro muestra cómo en un conflicto como el de Irlanda del Norte quienes sufren la violencia no son solo las únicas víctimas sino también quienes la ejercen, los terroristas, pueden llegar a ser víctimas…

Sí. Cuando hablamos de trauma ponemos el énfasis en las víctimas, y así debe ser, es lo correcto.

Pero el trauma también puede afectar a los otros. Mi libro se centra los Troubles, no hace referencia a otros conflictos. Podría haber hablado de los desaparecidos en América Latina, en España, en Camboya… Podría ser un libro sobre la radicalización y sobre el ISIS. Pero me he querido ceñir a los Troubles.

Sin embargo, cuando estaba escribiendo, pensaba en otras situaciones comparables. Pensaba por ejemplo en la gente de mi generación que fue a Irak y a Afganistán, y del trauma gigantesco que hay en esa generación de veteranos de guerra.

A veces el trauma es por las cosas que han visto, pero otras veces es por las cosas que ellos mismos han hecho.

Las hermanas Price se acabaron convirtiendo en personajes glamorosos, eran vistas con romanticismo… ¿Qué hace que una persona, sobre todo joven, se radicalice?

Muchas cosas. En algunos casos la gente se alza porque existe una injusticia real. Y yo creo que había realmente injusticia en Irlanda del Norte antes de los Troubles.

¿Pero ¿qué hace que alguien de 20, 21 o 22 años ponga una bomba en un espacio público, apriete el gatillo y asesine a una viuda madre de diez hijos o esté a punto de morir a causa de una huelga de hambre, como ocurrió con las hermanas Price?

Para mí es un misterio. Puedo sentir simpatía por los objetivos políticos de una persona así, pero me cuesta mucho entender que lo que haga pueda estar justificado.

Antes usted hablaba de glamor y de romanticismo, unas palabras que me parecen peligrosas pero que son importantes, ayudan a entender a las personas que se meten en esas situaciones. El romance de ser joven, de que haya otros jóvenes involucrados y que comparten tus sentimientos de que ese es el momento, de que ahora se puede conseguir lo que otros no consiguieron en el pasado.

Pero en el caso concreto de las hermanas Price también hay que tener en cuenta que crecieron en un hogar en el que también vivía su tía, ciega y desfigurada porque le estalló una bomba cuando la estaba preparando.

Las hermanas Price sentían que esa tía a la que le encendían los cigarrillos se había sacrificado. En otros movimientos revolucionarios, en otras situaciones radicales, hay personas que sienten que tienen una deuda con quienes les precedieron y fracasaron a la hora de conseguir lo que querían.

Y quieren terminar la historia, en nombre de quienes lo intentaron antes que ellos.

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«Los problemas» dejaron numerosas víctimas, incluyendo más de 3.500 muertos.

Han pasado más de 20 años del Acuerdo de Paz de Viernes Santo de 1998 y, sin duda, Irlanda del Norte es ahora un lugar definitivamente más tranquilo y sosegado que en los años 80. ¿Pero existe realmente paz? Se lo pregunto porque las dos comunidades, católicos y protestantes, siguen viviendo separadas. En su libro menciona por ejemplo que el 90% de los niños van a colegios segregados en los que sólo hay alumnos de una u otra comunidad…

La paz se ha mantenido, y eso es importante. No sólo es importante: creo que es un pequeño milagro que la paz se haya mantenido.

Y no quiero que parezca que lo infravaloro porque creo que es algo enormemente valioso. De hecho, cuando hablabas con la gente en Irlanda del Norte a principios de los años 90 y desde luego en la década de los 80, la sensación general es que algo así nunca ocurriría, que nunca podrían tener una paz duradera.

Y es muy significativo que la tengan. Hay pequeños grupos disidentes que todavía realizan ataques y cosas así, pero es algo muy marginal. Y creo que los Troubles no volverán. Y eso es algo que hay que celebrar.

Pero respecto a la reconciliación…. No hay reconciliación. Lo que hay es una paz muy fría. Las dos comunidades viven completamente separadas.

Ahora, por primera vez, no hay un gobierno en Irlanda del Norte porque no han conseguido llegar a un acuerdo. Lo que hay es un estancamiento entre las dos comunidades, política y socialmente. Muchísima gente vive vidas circunscritas, vidas que tienen límites. Le puedo poner un ejemplo…

Adelante…

Cuando estaba trabajando en este libro fui a ver un día a una persona llamada Billy McKee, que durante décadas fue un famoso miembro del IRA y que ahora es un anciano que vive en un barrio muy nacionalista de West Belfast, en la parte católica de West Belfast.

Yo estaba en un hotel, pedí un taxi y le di al taxista la dirección. Belfast es una ciudad pequeña, se puede recorrer de una punta a la otra en no mucho tiempo. El taxista era un señor mayor, pero no sabía llegar a esa dirección.

Me dijo que nunca iba por allí porque él era protestante y aquel era un barrio muy católico. Y cuanto más nos adentrábamos en las pequeñas calles de ese barrio, más nervioso se ponía. Me dijo que había barrios a los que simplemente no iba, Increíble, ¿verdad?

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Irlanda del Norte sigue siendo un país profundamente dividido: un 40% se consideran británicos, un 25 % irlandeses y un 21 % norirlandeses.

¿La de Irlanda del Nortes es una paz frágil o cree que puede durar?

Creo que va a durar, no creo que se vaya a romper y que vayamos a volver a la situación del pasado. Ha habido mucha preocupación respecto al Brexit, y la sigue habiendo. Pero, de nuevo, creo que es algo marginal. No veo que la gente quiera volver a la situación anterior.

Y mi esperanza es que, poco a poco, veamos reconciliación y que las dos comunidades encuentren el modo de hablar entre ellas y de hacer frente a la historia. Porque por ahora eso no existe.

Hay estudios que muestran que los niños y los jóvenes que han crecido después del acuerdo de paz, y a los que llaman los «bebés del alto el fuego», tienen un trauma.

No porque vivieran de primera mano esa situación sino porque se han criado en casas en las que hay fantasmas, llenas de gente que recuerda esas cosas.

Espero realmente que Irlanda del Norte encuentre el modo de curar sus heridas, pero creo que puede llevar tiempo, que puede llevar generaciones.

Si uno quiere realmente la paz, ¿es necesario hablar de lo sucedido en los años de conflicto y poner fin al muro de silencio? ¿Cree que en Irlanda del Norte se ha hecho ese ejercicio?

No, creo que no se ha hecho. Y es curioso porque hay mucha gente que cree que es al revés: que el silencio es el precio de la paz, que la única manera de tener paz es no hablar de las cosas que ocurrían antes, no hacer referencia a ellas.

Puede que yo tenga un sesgo por el hecho de ser periodista, pero yo creo en la verdad, creo que la verdad debe salir a la luz.

Considero que hacerlo no sólo es emocionalmente sano sino que también es bueno para la rendición de cuentas y para que la historia se entienda de verdad. Sin verdad se puede llegar a tener paz, pero no reconciliación.

La reconciliación sólo llega cuando se ajustan cuentas con el pasado. Creo que en Irlanda del Norte mucha gente prefiere no mirar al pasado porque sienten que es demasiado doloroso y porque consideran que puede ser peligroso.

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Mucha gente cree que el silencio es el precio de la paz, que la única manera de tener paz es no hablar de las cosas que ocurrían antes».

La controvertida figura de Gerry Adams (el hombre que llevó al Sinn Féin a convertirse en un gran partido político) recorre todo el libro. Siempre ha negado por ejemplo haber pertenecido al IRA, nunca ha reconocido haber sido el jefe del comando Belfast. Pero, por otro lado, fue fundamental para conseguir el Acuerdo del Viernes Santo de 1998. ¿Cómo es Gerry Adams?

Creo que es una figura muy compleja. Para mí, como escritor, es un personaje muy rico porque genera sentimientos muy fuertes: hay quienes lo reverencian como si fuera un santo y hay otros que lo consideran el mismo demonio.

Creo que la verdad está en algún lugar entre medias. Y, para mí, eso es muy fascinante. Creo que Gerry Adamas es bastante frío y muy calculador, una especie de jugador de ajedrez.

Pero algunas de esas mismas cualidades que encuentro desagradables en él creo que podrían haberle ayudado a lograr la paz. A algunas personas les ha resultado incómodo leer mi libro porque tenían sentimientos muy fuertes hacia Gerry Adams, lo veían o como un santo o como un diablo, y mi libro lo sitúa en algún lugar intermedio.

Bobby Sands murió en 1981 tras 66 días de huelga de hambre. Ya en huelga de hambre, y al fallecer un diputado republicano, Adams fue elegido para sustituirle. Gerry Adams fue quien tuvo la idea de usar la muerte de Sands con fines políticos, para impulsar al Sinn Féin, ¿verdad?

Así es. Creo que, en algunos aspectos, Gerry Adams es tanto un cínico como un visionario.

Vio el potencial político que había en las huelgas de hambre, y también se dio cuenta de que había un límite al apoyo que la insurrección violenta de los nacionalistas en Irlanda del Norte podía obtener en la República de Irlanda y en todo el mundo.

Y se percató de que el espectáculo pacífico de ese bello joven muriendo y, al mismo tiempo, presentándose como candidato político por el Sinn Féin tenía un enorme potencial para conseguir apoyo público para su causa.

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Gerry Adams fue brevemente arrestado por el asesinato de Jean McConville pero luego liberado sin cargos.

¿Cómo ha sido recibido su libro en el Sinn Féin?

Creo que a las personas que rodean a Gerry Adams, no les gusta el libro, porque en sus mentes hay una versión de la historia y este libro es una versión diferente.

Este libro no es la versión oficial del Sinn Féin de los Troubles o de la paz. Así que para las personas que creen que Gerry Adams no puede equivocarse, este es un libro incómodo, porque dice que la vida de Adams está basada en una mentira, porque dice que autorizó crímenes de guerra.

Yo sabía que si escribía un libro que fuera fiel a la verdad era imposible que al Sinn Féin le gustara.

Algunos destacados miembros del IRA como Dolors Price o Brendan Hughes sintieron con el paso de los años que Gerry Adams les había traicionado…

Hughes y Price hicieron una transformación que fue increíble.

Eso era parte de lo que quería capturar en el libro, porque sentía que esas personas, los soldados de a pie, a veces se eliminan de la historia. Y quería conocer su punto de vista.

No para justificar lo que hicieron, por supuesto, porque muchas de las cosas que hicieron fueron horribles. Pero quería entender cómo entraron en el conflicto y cómo se sintieron después, cuando les invadió esa sensación de que habían sido traicionados.

Como ya comenté antes, pensé en la gente de mi edad que había regresado de Irak y Afganistán. Fueron allí porque sus líderes políticos les dijeron que debían hacerlo y ¿qué han logrado?

Después de 20 años aún seguimos allí y la gente se pregunta, ¿qué estábamos haciendo? ¿Por qué seguimos ahí? ¿Cómo le doy sentido a estas cosas?

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El libro de Radden Keefe también aborda el tema de «la guerra sucia» del gobierno británico en Irlanda del Norte.

Su libro también se ocupa de la guerra sucia contra el terrorismo que llevó a cabo el estado británico durante los Troubles.

Para mí esa era una de las cosas que era importante contar.

Porque el estado británico, todavía hoy, cuando habla de aquel periodo se presenta a sí mismo como una especie de árbitro: había dos facciones enfrentadas en Irlanda del Norte y el ejército británico simplemente trataba de solucionar el conflicto

Pero ahora se sabe lo que ocurrió en realidad. El libro salió en Gran Bretaña hace un par de años y he recibido muchos emails de lectores del Reino Unido que me dicen que nunca supieron nada sobre la guerra sucia.

Yo quería mostrar la responsabilidad del Estado británico en algunas de las más terribles y brutales cosas que sucedieron. Cuando se habla de terrorismo, existe la tendencia a decir que lo que el Estado hace es legítimo y que lo que hacen los terroristas es ilegítimo.

Pero es una ilusión pensar que, de alguna manera, el Estado está por encima de este tipo de tácticas de guerra sucia. Porque si excavas, encuentras la mano del Estado británico en cosas que son incluso peor que las que hizo el propio terrorismo.

En el libro hablo por ejemplo de Stakeknife, un informador secreto del Gobierno británico que estaba en el IRA y que mató a mucha, a muchísima gente.

Y parece que nunca será juzgado por lo que hizo, que nunca le harán rendir cuentas. La razón está clara: el Estado británico no puede permitir que lo haga. Si Stakeknife fuera juzgado, el estado británico se estaría poniendo también en juicio, porque ese hombre era su agente.

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Es una ilusión pensar que, de alguna manera, el estado está por encima de este tipo de tácticas de guerra sucia».

¿Cree que acabarán reunificándose las dos Irlandas? La población católica sigue creciendo, así que la demografía apuntaría en esa dirección…

Sí, creo que acabarán reunificándose. Y no sólo por motivos demográficos, también por el Brexit.

Durante mucho tiempo, después del Acuerdo de Viernes Santo, Irlanda del Norte ha vivido en una especie de agradable ambigüedad: por un lado era parte del Reino Unido pero por otro lado era parte de Irlanda, tenían derecho a la doble nacionalidad, británica e irlandesa. Y ahora el Brexit obliga a la gente a elegir.

Me parece bastante probable un escenario en el que Escocia convoque otro referéndum de independencia y deje de ser parte del Reino Unido. Y, después de eso, veo muy posible otro referéndum en Irlanda del Norte para reunificarse con la República de Irlanda y volver a ser parte de Europa.

Y esa serán buenas noticias para algunos y malas para otros. Pero, de nuevo, no veo que se vaya a volver a los Troubles o a una situación parecida.

¿Y cree que el Reino Unido permitirá que Irlanda del Norte deje de ser parte de su territorio?

Lo curioso es que, para ser honesto, yo no creo que el Reino Unido realmente quiera mucho a Irlanda del Norte.

Creo que consideran que tienen un sentido del deber con la gente de Irlanda de Norte, con los unionistas de Irlanda del Norte y con los católicos de Irlanda del Norte. Pero no creo que los quieran tanto, no creo que sea algo por lo que lucharían.

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Radden Keefe cree que las dos Irlandas terminarán unificándose.

Económicamente Irlanda del Norte está en una situación mucho peor que la República de Irlanda.

Y es curioso hablar con la gente en la República de Irlanda sobre una posible reunificación: les preocupa que pueda ser como Alemania Oriental tras la caída del mundo, cuando mucha gente se fue al otro lado.

Y eso es triste y lo que en parte le da al conflicto la textura que tiene: la gente en Irlanda del Norte tiene miedo a que se les olvide, a que se les abandone, a que nadie los quiera.

El Brexit ha sido un ejemplo: el Brexit está impulsado por nacionalistas británicos y éstos simplemente se olvidaron de Irlanda del Norte, no pensaron en ella. Sólo después de que se aprobó el Brexit se preguntaron que significaría para Irlanda del Norte.

Así que creo que el Reino Unido no luchará para mantener Irlanda del Norte.

«No digas nada» es una investigación periodística, pero se lee como un thriller…

Me llevó mucho tiempo pensar en la estructura del libro.

Tenía claro que quería escribir un libro que no fuera para especialistas, un libro que cualquiera que no supiera nada de Irlanda del Norte pudiera agarrarlo y sentir que se zambullía en él.

Y para eso, era importante saber cómo contar la historia, en qué personajes concentrarse, cómo se conectan unos con otros… Porque también quería algo que realmente te hiciera desear seguir pasando páginas.

De alguna manera, quería que fuera más una novela que un libro de historia. Todo lo que se cuenta en el libro es verdad, por supuesto. Pero quería contar una historia. Y me ayudó el que Irlanda del Norte sea tan pequeña, como un pueblo en el que todo el mundo conoce a todo el mundo.

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Patrick Radden Keefe siente que el libro le enseñó a sentir más empatía por las personas,

Usted es estadounidense de ascendencia irlandesa. En su libro cuanta cómo en Estados Unidos algunos irlandeses presionaban para que el IRA cometiera más asesinatos. ¿Es más fácil tener una visión romántica cuando se está lejos y no arriesgas tu vida por el simple hecho de salir a la calle?

Creo que tiene toda la razón, creo que es más fácil tener una visión romántica cuando no estás arriesgando nada. Y creo que es así como muchos conflictos se sostienen: con una comunidad en otro lugar que envía dinero para mantener viva la causa.

Yo crecí en un vecindario irlandés con un bar en la calle mi casa donde pasaban una jarra de cristal para el IRA. En mi vecindario, cuando era niño, Gerry Adams era un héroe.

Pero para mí es importante mirar a las consecuencias. Si pones cinco dólares en una jarra, ese dinero puedo ir a comprar un rifle, a comprar las partes de una bomba. Y para mí, es moralmente deshonesta la idea de que uno pone dinero en un frasco y no hace preguntas sobre a dónde irá a parar ese dinero y qué va a pasar.

¿Qué ha aprendido después de escribir este libro? ¿Usted personalmente?

Puede parecer extraño, pero creo que he aprendido a sentir empatía por las personas, a tratar de comprenderlas.

Creo que en esta historia no hay realmente ni héroes ni víctimas que no tengan complicaciones. Para mí, como escritor, lo mejor que podía hacer era intentar acercarme lo más posible a las personas y tratar de meterme en sus cabezas, tratar de comprender su humanidad.

A menudo hay una colisión entre las creencias políticas de las personas y entre su humanidad. Para mí fue muy interesante recordar que la humanidad es algo que, incluso en tiempos muy oscuros como el de los Troubles, está, y eso me da esperanza.

Este fue para mí fue el aspecto más interesante de esta historia, y creo que esto no es sólo cierto en Irlanda del Norte.

Hay una colisión entre las creencias políticas de las personas y entre ellas y su humanidad y ¿qué las hace humanas? Lo que los conecta con otras personas, su sentido de la ética.

Y eso, para mí, fue algo, ya sabes, algo interesante y que vale la pena explorar y recordar que la humanidad es algo que incluso en tiempos muy oscuros como este, me da esperanza.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad colombianadel 22 al 31 de enero de 2021.

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