París

Llegué procedente de París pocas horas antes de que el temporal de nieve obligara a cerrar Barajas, así que por los pelos no tuve que quedarme en Orly. He vivido un París con toque de queda, que comenzaba a las ocho de la tarde y terminaba a las seis de la mañana. Desde la habitación de mi hotel veía un Boulevard Saint-Germain sin transeuntes. Tuve un acto en un teatro parisino y me dieron un salvoconducto, así que una noche paseé por París a las diez de la noche. Me impresionó ver el Pont Neuf vacío y Nôtre Dame parecía distinta, exhibiendo dos cicatrices recientes: la visible del incendio de hace poco más de un año y la invisible de la pandemia. No hay turistas en París. Ahora comprendemos que el tan denostado turismo también era una manifestación de confianza en la vida. Toda la cordialidad que habíamos sido capaces de crear se ha desmoronado.

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