Para qué han construido los científicos la cámara que ha tomado la mayor imagen de la historia

Sydney Brenner, premio Nobel de Medicina, dijo en una ocasión que “el progreso científico depende de nuevas técnicas, nuevos descubrimientos y nuevas ideas, probablemente en ese orden”. Él mismo predicó con el ejemplo creando un modelo animal como el gusano C. elegans que ha servido para poner a prueba muchas de las ideas sobre genética planteadas durante las décadas anteriores y en la historia de la ciencia existen decenas de ejemplos que sustentan la hipótesis. Giordano Bruno ya planteó en el siglo XVI que existían múltiples mundos en el universo —uno de los motivos por los que fue quemado vivo por la Iglesia—, pero fueron necesarios cuatro siglos y nuevas técnicas para que a partir de los años noventa se comenzasen a descubrir cientos de planetas fuera del Sistema Solar. Esta semana, se ha anunciado la última prueba de una de esas nuevas técnicas que pueden realizar descubrimientos para poner a prueba ideas y hacer que la ciencia avance.

El hito es la mayor imagen jamás capturada en una sola toma. La foto, de 3.200 megapíxeles (las cámaras de los móviles más avanzados tienen algo más de 100), tomó como modelo a la científica Vera Rubin, descubridora de la materia oscura, y es una prueba de la capacidad de la Cámara de la Investigación del Espacio-Tiempo (LSST, por sus siglas en inglés) montada en el Laboratorio Nacional de Aceleradores SLAC (EE UU). Cuentan los responsables del artefacto, que la imagen tomada por la LSST es tan grande que necesitaría 378 pantallas de televisión 4K de ultra definición para mostrarla en tamaño completo.

Tras probar su poderío, esta herramienta se colocará en 2021 en el Observatorio Vera C. Rubin, que ahora mismo se encuentra en construcción en lo alto del Cerro Pachón, a más de 2.600 metros de altitud en el desierto chileno de Atacama. Allí, en un entorno con noches extremadamente oscuras y secas, el cielo es lo bastante claro para no emborronar aún más objetos tremendamente lejanos cuya luz llega ya a la Tierra como una difusa mancha de luz. El objetivo de la mayor cámara digital jamás construida será tomar cada pocos días una imagen completa del cielo del hemisferio sur. Esta actividad continuará durante al menos una década y permitirá realizar un seguimiento minucioso de los movimientos y transformaciones de decenas de miles de millones de galaxias y estrellas.

Los objetivos científicos del Observatorio Rubin son múltiples. Uno de los principales y que hace honor a la mujer que les da nombre es el estudio de la naturaleza de la materia oscura y la energía oscura. Al multiplicar el número de galaxias y estrellas observadas y hacerlo durante muchos años, se podrán conocer mejor sus movimientos a lo largo del tiempo y como distorsionan el tejido del espacio tiempo. Rubin descubrió que debía existir una materia invisible en el cosmos porque la observación de muchas galaxias le permitió ver que rotaban demasiado rápido si solo contenían la materia visible. El nuevo observatorio, que tiene prevista su inauguración para 2022, profundizará en ese camino.

Esa vigilancia permanente del universo también servirá como sistema de alerta para que no se escapen fenómenos únicos. El estallido de una estrella, por ejemplo, es algo que puede ser muy efímero y un aviso a tiempo puede dirigir las miradas de otros telescopios hacia un suceso que podría pasar desapercibido o descubrirse demasiado tarde.

La cámara gigantesca capturará galaxias o fenómenos a millones de años luz de distancia, pero las imágenes tomadas por este artefacto de tres toneladas también capturarán lo que sucede más cerca. El Observatorio Rubin también seguirá los asteroides de más de 140 metros de diámetro, los más peligrosos para los habitantes de la Tierra, en sus movimientos por el Sistema Solar y sus inmediaciones.

Como decía Brenner, la nueva tecnología desarrollada por el SLAC permitirá realizar nuevos descubrimientos, que prueben o descarten viejas ideas y nos lleven a plantearnos otras nuevas.

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