Los tres elementos que explican la protesta policial

(Gustavo Gavotti)

(Gustavo Gavotti)

La protesta de la Policía Bonaerense ha encontrado a buena parte de la dirigencia política de la provincia completamente por sorpresa. El gobierno provincial subestimó el alcance de esta manifestación y a la vez no comprendió el reclamo, convirtiendo lo que empezó como una pequeña movilización en una protesta masiva de la fuerza. Ofreció una solución salarial cuando en verdad el problema de fondo es mucho más complejo: es previsional y laboral. ¿Cómo es que Berni no la vio venir? Quizás por las mismas razones que no supo prever en 2012, cuando era secretario de Seguridad de la Nación, los acuartelamientos de Gendarmería y Prefectura.

El primer elemento para tener en cuenta es el previsional: desde principios de año corre el rumor de que el gobierno de Axel Kicillof quiere realizar cambios en la Caja de Retiros, Jubilaciones y Pensiones de la Policía de Buenos Aires (la única caja previsional con superávit) para hacer frente a los compromisos externos, lo que en la práctica implicaría duplicar las tasas de los préstamos y utilizar los fondos para lanzar bonos de cara al año 2050. En toda fuerza policial el tema previsional es particularmente sensible, y la bonaerense no es la excepción.

Un segundo elemento clave en esta crisis es el de condiciones laborales. La sobrecarga de horas, los adicionales pesimamente pagos (y ahora reducidos por la cuarentena), las falencias del material esencial para la función, y los riesgos asociados con la función policial en la provincia de Buenos Aires generan una enorme presión sobre el personal policial. Pocas horas con sus familias son la norma, mientras que las jornadas de trabajo las pasan sobre móviles y/o instalaciones que en raras ocasiones están en condiciones aptas para el servicio. Los problemas de material son demasiados: Se vencen y comparten los chalecos, los patrulleros no funcionan, fallan los equipos de comunicaciones (cuando existen), y una larga serie de falencias que atentan contra la capacidad de la fuerza de cumplir sus funciones.

Un tercer elemento es la cuestión salarial. La brecha salarial no es con fuerzas policiales alejadas, es con colegas que ellos mismos ven en el día a día. Un suboficial tiene un sueldo 14 mil pesos por debajo del de un Policía Federal. Y del otro lado de la General Paz los policías bonaerenses ven como la Policía de la Ciudad no solo dispone de salarios casi 60% mayores, sino que también acceden a mejor cobertura de obra social (OSDE vs IOMA) y tienen equipamiento, patrulleros e instalaciones muy superiores.

Como si todo esto fuera poco, las noticias de un apoyo federal avivaron el fuego que venía creciendo. Una ampliación del despliegue de Gendarmería en provincia promete mayor intervención de esa fuerza federal en las funciones de la bonaerense, y los antecedentes no son positivos: la policía de la provincia se ha sentido muchas veces ninguneada por las fuerzas federales que no conocen el territorio. A la vez, muchos de los recursos prometidos serian dirigidos a este despliegue de fuerzas federales, incluyendo equipamiento y patrulleros codiciados por la bonaerense.

Mientras tanto la policía ha recibido amplio apoyo, desde la sociedad, desde otras fuerzas policiales e incluso, mensajes de aliento de organizaciones y gremios policiales de otros países de la región. Es que los problemas en las fuerzas de seguridad y policiales no son un problema aislado que solo azota a Argentina, es regional, e incluso global. Y estos apoyos no son menores a la hora de ayudar a legitimar los reclamos actuales de la bonaerense.

El mayor riesgo ahora es que el desmanejo de la situación, a nivel provincial y nacional, continué y que en los próximos días se dé un efecto dominó: se empiecen a sumar más fuerzas provinciales al reclamo salarial. Esto es peligroso no solo porque el Estado nacional no tiene los recursos necesarios para asistir a más provincias ante paros policiales, sino porque también hay fuertes tensiones dentro de una de las fuerzas de seguridad claves: la Gendarmería Nacional Argentina. Como en toda crisis, a medida que las tensiones se incrementan, las posibilidades de resolución disminuyen. No bastará con cortar cabezas ni aumentar salarios, las demandas son más profundas y los dirigencia política tendrá que ver cómo lograr canalizarlas.

El autor es analista de Seguridad y Defensa

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