Las cuentas no salen

El presidente del gobierno español Pedro Sánchez

El presidente del gobierno español Pedro Sánchez

¿Se imagina a Macri gobernando con los presupuestos del ex ministro de economía Axel Kicillof? ¿A Guzmán trabajando con los creados por Nicolás Dujovne? Pues Pedro Sánchez sí. El presidente español que lidera el gobierno de coalición entre el Partido Socialista (PSOE) y Unidas Podemos (UP) gobierna con los presupuestos confeccionados por el ex ministro de hacienda de Mariano Rajoy (Partido Popular) desde hace dos años. Creados en abril de 2018, “los presupuestos Montoro” (en honor a su creador, el ex ministro de hacienda) van camino a ser los más longevos de la historia reciente de España.

Esos presupuestos, o mejor dicho, la imposibilidad de cambiarlos fue la principal causa que Sánchez esgrimió a mediados de febrero de 2019 para convocar elecciones anticipadas. En aquel entonces él justificaba como inaceptable “continuar gobernando con unos presupuestos que no son los nuestros e incumplen las exigencias sociales que necesita un nuestro país”. Pues luego de dos elecciones (abril de 2019 y noviembre de 2019) los presupuestos de la izquierda siguen siendo los confeccionados por la derecha española. Sánchez dijo que es tiempo de modificarlos pero una duda recorre los pasillos de La Moncloa: ¿convocaría nuevamente elecciones anticipadas si no consiguiera aprobarlos?

Analicemos por partes. Para aprobar los presupuestos generales del estado (PGE) se requiere mayoría absoluta del Congreso. En este caso requeriría el apoyo de 176 diputados. El gobierno de coalición (PSOE+UP) suma 155 por lo que tiene que conseguir los 21 votos restantes en un Congreso tan atomizado como polarizado.

En medio de una crisis económica -España cayó un 18,5%- y a la espera de los fondos europeos para la reconstrucción -que seguro cuentan con letra pequeña-, se encuentra una oportunidad para la construcción de nuevos escenarios políticos en un contexto de pospandemia que cambió a todo. Miremos de cerca el tablero de ajedrez.

Pablo Casado, el líder del Partido Popular (PP), meditó la aplastante victoria de su principal competidor interno -el presidente gallego Feijóo que, haciendo una campaña “de centro”, fue reelecto por cuarta vez en su tierra- y decidió fulminar a Cayetana Álvarez de Toledo, quien blandía el perfil más afilado y de derechas del partido. Una portavoz que robaba aplausos en las filas de Vox y que con sus titulares mediáticos y controversiales, opacaba las aspiraciones nacionales de Casado. Las nuevas voces del partido serán las de dos políticos con los pies en la tierra y el oído pegado a la calle (el alcalde de Madrid José Luis Martinez-Almeida y la ex alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra).

Si bien es de esperar que como principal partido de la oposición Casado no apruebe estos presupuestos, este aparente “giro al centro” ilusiona a ciertos votantes que ven con esperanza una postura menos conflictiva que escape de las posiciones “ultra” en las que el partido se había perdido.

Otro factor de poder lo embandera Unidas Podemos. El eslabón débil del gobierno de Sánchez. La frontera que muchos partidos ponen de límite y sin embargo son la principal fuerza que atrae partidos satelitales gracias a los cuales el presidente debe su investidura. Una potente arma política que es a su vez su tendón de alquiles.

Los de Iglesias, conocedores de esto, presionan al gobierno marcándole límites que luego negocian a su beneficio. Un ejemplo: la portavoz apareció en medios diciendo que no aceptarían unos presupuestos con Ciudadanos (C’s) -partido con el que Sánchez se siente cómodo negociando acuerdos de centro-. Al día siguiente, Iglesias (vicepresidente de Sánchez) da marcha atrás a cambio de acordar los presupuestos previamente entre los dos socios de gobierno.

Ciudadanos, luego de un infructuoso intento de abordaje al PP, ve renacer su propósito como partido de centro. Su líder, Inés Arrimadas, no pone líneas rojas a ningún acuerdo sabiendo que gana tanto si apoya como si se queda fuera del acuerdo. Si apoya, será a cambio de incorporar medidas destinadas a potenciar a jóvenes, emprendedores y sector pyme, una carta de presentación interesante frente a las próximas elecciones catalanas. Si se queda afuera, será porque Sánchez prefirió a sus rivales locales, los independentistas de Esquerra Republicana (ERC), escenario que también le sirve a C’s para robustecer su voto de centro-derecha y anti-independentista.

Mientras tanto Vox parece seguir de vacaciones luego de anunciar la presentación en septiembre de una moción de censura contra el gobierno. Moción que ahora tendrá que guardarse hasta resolver si los presupuestos salen o no. Si los presupuestos avanzan será porque Sánchez consigue reunir la mayoría del Congreso y la moción de censura los dejaría en ridículo. Sin embargo, si los presupuestos no salen y el gobierno no alcanza los 176 votos necesarios, Vox puede jugar esa carta y el resultado es incierto.

Una cosa está clara. El PP no puede votar unos presupuestos de Podemos. Podemos presiona diciendo que es incompatible unos presupuestos con Ciudadanos. Ciudadanos mantiene las formas ya que en cualquier escenario gana frente a Esquerra Republicana. Esquerra brinda sus votos solo si se avanza en la “autodeterminación del pueblo catalán”. Vox espera. Y Sánchez nuevamente se enfrenta a la temida prueba de aprobar unos presupuestos en un difícil rompecabezas desimantado y en plena crisis económica. Su triunfo lo empodera y puede darle una legislatura tranquila. Si se empantana podría despertar el fantasma de 2019 y acelerar una nueva convocatoria electoral. El tablero de ajedrez está presentado. Veamos cómo mueven los jugadores.

El autor es consultor y analista político

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