La vida fue cruel con Azucena, la diosa del ‘heavy’ español

Tomaba el escenario al asalto. Vestida con ceñidos pantalones de cuero y corsé. El brazo cubierto, de la mano al codo, con un guante de tachuelas. A veces sacaba un látigo y lo hacía restallar, ¡zas! Cantaba abriendo mucho los ojos. Bramaba heavy metal. Un día, salió ante el público, aulló “buenas noches, Madrid» y golpeó el pie del micrófono sobre sus muslos con tanta fiereza que lo partió. Desprendía carisma, arrollaba, el público la adoraba, era la Lola Flores del metal… Pero, de repente, su vida se fundió. 40 años después hay algunos que piden perdón. “Fuimos injustos, la boicoteamos, le hicimos la vida imposible. Y yo contribuí a ello”, recuerda Bernardo Ballester, batería del grupo Santa, al frente del cual Azucena Martín-Dorado consiguió la gloria y la desdicha.

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