La razón del duende

Espectáculo celebrado en Málaga con motivo del 25 aniversario de la declaración del Flamenco como patrimonio inmaterial mundial.
Espectáculo celebrado en Málaga con motivo del 25 aniversario de la declaración del Flamenco como patrimonio inmaterial mundial.DPA vía Europa Press / Europa Press

El flamenco no solo trae hasta nosotros los ecos de esferas lejanas. También es la música que se identifica con el latido del planeta, y un enigma que no se deja descifrar. Porque el duende flamenco no admite geometrías, tal y como explicó Federico García Lorca, en su Juego y teoría del duende.

Por decirlo de otra manera, el director de orquesta británico Leopold Stokowski, al escuchar al cantaor Pepe Marchena, afirmó que si sus florituras vocales se pudiesen llevar al pentagrama, deslumbrarían al mundo. En definitiva, el duende flamenco es un poder cargado de misterio para el que no existen palabras que lo expliquen, como tampoco partitura que lo pueda contener.

Con todo, la ciencia ha intentado aproximarse a la hora de hacer visible el duende flamenco y explicarlo de manera racional. Para ello, ha introducido el flamenco en los sistemas de inteligencia artificial, identificando patrones mínimos de ritmo mediante programas informáticos.

Se trata de un experimento curioso, pero que no deja sitio al duende del que habló Lorca en su aproximación al arte flamenco. Es imposible que el duende flamenco se deje achicar dentro de una máquina. En todo caso, si alguna vez se consigue, sería para entonar aquella soleá que dice:

Presumes que eres la ciencia, / yo no lo comprendo así / porque siendo tú la ciencia / no me has comprendío a mí

Con esta letra tan significativa llegamos hasta Granada, donde el artesano Francisco Manuel Díaz construyó por encargo de la misma Universidad un artilugio que es una especie de guitarra; un ingenio por el cual se puede comparar el desarrollo de la corteza cerebral de un guitarrista autodidacta frente al de uno con formación académica, siendo el cerebro de este último más desarrollado que el del primero. Sin embargo, el duende flamenco sigue sin poder medirse.

Elvira Salazar, investigadora de la Universidad de Granada, relacionó el cambio de temperatura con la motivación psicológica de las bailaoras flamencas

La única aproximación a su medida solo se ha conseguido establecer a partir de la temperatura corporal de los cuerpos flamencos igual que si se tratase de una fiebre. Elvira Salazar, investigadora de la Universidad de Granada, realizó su tesis sobre este tema en el año 2012. Para ello se valió de su afición al baile flamenco. De esta manera relacionó el cambio de temperatura con la motivación psicológica de las bailaoras flamencas que participaron en tan curioso experimento.

Con esto, la temperatura térmica que el duende flamenco consigue una vez que conquista el organismo, se ha podido medir con ayuda de la termografía. Dicho de manera científica, el calor que provoca el duende se ha determinado a partir de la radiación infrarroja del espectro electromagnético. El resultado ha venido a revelar que, cuando el duende conquista el cuerpo de la bailaora, la temperatura de su nariz, así como la de los glúteos, desciende.

El flamenco es la música que -con ayuda del duende- anticipa la incertidumbre del entorno

Algo curioso, lo de seguir la huella térmica que deja el duende flamenco a su paso por el organismo, pero que no deja de ser una manera más de intentar racionalizar un misterio que supera toda dimensión lógica. Porque, sin lugar a dudas, el flamenco es la música que -con ayuda del duende- anticipa la incertidumbre del entorno. Por este detalle, el flamenco se podría posicionar en una dimensión teórica cercana a la física de partículas, es decir, que cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de cualquiera de las partículas que contiene el duende, menos se conoce su movimiento.

Esta identificación del flamenco con las teorías que aproximan las partículas cuánticas más allá del espacio-tiempo, ya la insinuó Lorca en su Juego y teoría del duende; una obra que fue escrita a principios de los años veinte y que no vería la luz hasta una década después, cuando el principio de incertidumbre enunciado por Heisenberg demostró el carácter de indeterminación de la materia y, con ello, del arte.

El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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