La polarización se revela como un factor de riesgo en la pandemia

“El virus se ha convertido en un indicador de identidad tribal”, advertía recientemente el psicólogo social Jonathan Haidt en las páginas del New York Times. Se refería a la sociedad estadounidense, donde se ha observado en muchos estudios cómo el cumplimiento de las restricciones para frenar contagios está íntimamente ligado al voto de los ciudadanos: el partidismo influye más en el comportamiento que la gravedad de los contagios en el entorno. Un nuevo estudio acerca ahora esta realidad tribal al contexto europeo y, por primera vez, muestra una correlación directa entre las muertes por covid y la crispación política en 153 regiones de 19 naciones europeas. “Una mayor polarización social y política puede haber terminado costando vidas durante la primera ola de COVID-19 en Europa”, concluye este trabajo.

“Observamos que mayores niveles de polarización predicen [un exceso de] muertes significativamente mayor. Por ejemplo, la diferencia en el exceso de muertes entre dos regiones, una sin polarización de las masas (2,7%) y otra con niveles máximos (14,4%), es más de cinco veces mayor”, señala este estudio, en proceso de publicación en una revista científica. “Queríamos testar esa posibilidad de la que tanto se ha hablado y observamos que hay una asociación bastante clara, correlaciones que van en esa línea. Hay indicadores claros de que perjudica seriamente al desempeño”, afirma Víctor Lapuente, de la Universidad de Gotemburgo, que firma este trabajo junto a su compañero Nicholas Charron y a Andrés Rodríguez-Pose, de la London School of Economics.

Es decir, los destrozos de la pandemia aumentaban en aquellas regiones europeas en las que más división había entre quienes apoyan a sus gobernantes y quienes los rechazan. La polarización entendida como tribalismo identitario y animosidad hacia el otro. Porque, como muestra este estudio, las mayores diferencias en excesos de mortalidad por covid no se dan entre países, sino entre los territorios dentro de los propios países. Los autores proponen tres mecanismos que explicarían este fenómeno. Primero, es más difícil para los gobiernos construir un consenso político sobre las medidas; en segundo lugar, se dan prioridad a las demandas de grupos de presión (por ejemplo, empresarios) frente a la salud pública; y tercero, porque con la polarización las políticas se vuelven más populistas y menos basadas en criterios de expertos.

“Subyace el miedo a la reacción de los medios, a que la oposición se les eche encima. En estas condiciones no se pueden tomar las mejores decisiones, porque el contexto atenaza a los gobernantes”, comenta Lapuente, profesor en ESADE. Los líderes se quedan paralizados por el miedo a pasarse o a quedarse cortos, cuando frente a la pandemia la celeridad y la consistencia es esencial. “Sé rápido, sin remordimientos. Si necesitas tener razón antes de moverte, nunca ganarás”, avisó el 13 de marzo de 2020 Michael Ryan, director de Emergencias Sanitarias de la OMS. “España es un caso particularmente serio”, apunta Lapuente, “donde el debate ha sido muy dicotómico y la estrategia de la comunicación domina la política”. En un editorial, la revista médica The Lancet Public Health aseguró que “la polarización política y la gobernanza descentralizada de España también podrían haber obstaculizado la rapidez y la eficiencia de la respuesta de salud pública”.

“Subyace el miedo a la reacción de los medios, a que la oposición se les eche encima. En estas condiciones no se pueden tomar las mejores decisiones, porque el contexto atenaza a los gobernantes”

Víctor Lapuente, Universidad de Gotemburgo

Durante la gestión de la pandemia, en algunos países se han ido politizando hasta el extremo medidas sanitarias que en principio no tienen nada de ideológico. La actitud de Donald Trump sobre las mascarillas determinaba su uso en EE UU, así como en el distanciamiento social, mayor entre votantes demócratas en EE UU y menor entre partidarios de Bolsonaro en Brasil. Un estudio publicado en Nature Human Behaviour detecta “una fuerte asociación entre los niveles de animosidad partidista de los ciudadanos y sus actitudes sobre la pandemia, así como las acciones que toman en respuesta a ella”. Otro en Science Advances es más tajante: “Nuestros resultados apuntan a una conclusión inequívoca: el partidismo es un determinante mucho más importante de la respuesta de un individuo a la pandemia que el impacto de la COVID-19 en la comunidad de ese individuo”.

Joaquín Navajas, neuropsicólogo del CONICET, acaba de realizar un estudio analizando la polarización en la respuesta ciudadana en cuatro países con trayectorias pandémicas muy interesantes para comparar: Argentina, Uruguay, EE UU y Brasil. Primero preguntaron a la gente por la cantidad de muertos que habría en su país y no hubo sorpresas: cuanto mayor apoyo hacia el Gobierno, menor número de fallecidos se preveían. “Lo que nos sorprendió muchísimo es que no había absolutamente ninguna relación entre el pronóstico del número de muertes que daban y su grado de acuerdo con las políticas públicas pensadas para combatir la covid”, señala Navajas, director del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella. De manera aparentemente irracional, en Argentina y Uruguay los partidarios de la oposición pronosticaban más muertes, pero mostraban menor apoyo a las restricciones que imponían sus líderes para evitarlas.

“Lo que importa es el tribalismo partidario. La incertidumbre por la falta de información provoca que busquemos soluciones en el liderazgo”

Joaquín Navajas, CONICET

En este trabajo, también observaron que la ideología no es determinante, ya que no había diferencias entre Argentina y Uruguay, cuyos gobiernos tienen signos políticos distintos: los partidarios del Gobierno opinaban igual en ambos países, así como los de la oposición, pero en un país gobierna la izquierda y en otro la derecha. “Lo que importa es el tribalismo partidario”, sostiene Navajas. Y añade: “La incertidumbre por la falta de información provoca que busquemos soluciones en el liderazgo. No es extraño que esos tribalismos se hayan acentuado, durante miles de años nos ha funcionado refugiarnos en nuestra tribu para sobrevivir”.

“En circunstancias de alta desinformación y falta de información, la gente se fija en los ejemplos. Solo podemos ser racionales si nuestros líderes son racionales”, explicaba hace poco la politóloga Sara Wallace Goodman, de la Universidad de California. Ha publicado un estudio que concluye que “los estadounidenses interpretan la pandemia de una manera fundamentalmente partidista, y que las condiciones objetivas de la pandemia desempeñan como mucho un papel menor en la configuración de las preferencias de las masas”.

Líderes y falsos dilemas

“En las crisis cortas no se produce porque todo el mundo sigue al líder y se considera traición”, explica Eloísa del Pino, investigadora de políticas públicas del CSIC, “pero cuando se alargan y aumenta el potencial de culpabilización sí se dan estos fenómenos”. “Y cuando las medidas sanitarias se politizan, pierden eficiencia”, resume Del Pino, que ha estudiado la gestión de las residencias durante la pandemia.

Con cada factor en liza se suscita un falso dilema desde las élites políticas y mediáticas que provoca tensión entre los ciudadanos, que se sienten empujados a elegir con cerrazón identitaria sobre asuntos científicos que desconocen. Hace unos meses se publicó un estudio que explicaba cómo el apoyo político polarizaba de golpe asuntos que hasta ese momento no lo estaban, pudiendo generar una animosidad incluso mayor: “El efecto positivo generado entre los simpatizantes del partido y su líder se compensa por el aumento del rechazo de los detractores”. En estos momentos, el mayor apoyo a la vacuna contra la covid en España se da entre los votantes de los partidos que gobiernan, mientras que el mayor recelo se da entre los votantes de Vox.

“Eso muestra también que es más difícil cambiar el comportamiento humano que conseguir la vacuna en menos de un año”

Arantxa Elizondo, Universidad del País Vasco

“Este trabajo [de Lapuente] demuestra que el resultado de la pandemia también tiene mucho que ver con el comportamiento de las instituciones y los representantes políticos”, apunta Arantxa Elizondo, profesora de la Universidad del País Vasco. Según explica, hay dos cuestiones que están constantemente obstaculizando la respuesta: el temor al parón económico “y la búsqueda de rentabilidad electoral sobre el bienestar colectivo”. “Y eso no es solo una falta de humanidad, es que es un error garrafal”, denuncia Elizondo, presidenta de la Asociación Española de Ciencias Políticas y de la Administración. “Si esto es así, la polarización ha costado vidas, es grave que muchísimas personas que han muerto se hubieran salvado con otra actitud”. “Eso muestra también que es más difícil cambiar el comportamiento humano que conseguir la vacuna en menos de un año”, resume Elizondo.

A medida que se desplegaba la pandemia, se fue descubriendo que corrían más riesgo las personas mayores y las personas con patologías previas. Más adelante, se añadieron aquellos con menos recursos y con peores condiciones de vida. Ahora, si las conclusiones de estos estudios se confirman, podemos añadir otro factor de riesgo: vivir en un país polarizado.

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