La palabra de Mariela Fernández después de contar que fue abusada a los 10 años: “Pude reconstruirme al aceptar que esto era parte de mi historia”

Mariela Fernandez (Instagram)

Mariela Fernandez (Instagram)

¿Sabés lo que me pasó hoy? -confía una Mariela Fernández que no termina de explicarse la enorme repercusión que generó su testimonio-. Hoy habló la nena de 10 años”. Y entonces esa niña, que durante tanto tiempo estuvo silenciada, logró tomar la palabra en público como ya lo había hecho en la intimidad de su familia. “Y dijo: ’¡Papis, estén atentos! Porque ustedes tienen que ver eso que nosotros no podemos decir’ -grafica la periodista sobre su interpelación-. Porque lo que a mí me sucedía me daba vergüenza contarlo. Y también me daba miedo, porque estaba amenazada. Por eso, son los adultos los que deben estar atentos, y hablar del tema”.

En cambio, lo que para Mariela no tiene explicación es la enorme repercusión que encontró al revelar su experiencia. “Me tomó por sorpresa, no pensé que generaría tanto”. Tampoco había pensado hacerlo, claro. Sucedió que esta mañana, en su programa Primer Plano Online, en C5N, trataba junto a su compañero Claudio Rígoli el caso de un que fue liberado por la Justicia luego de ser investigado por unos audios de WhatsApp en los que confesó haber violado a su hija de 6 años. “Les voy a contar que fui víctima de abuso, a mis 10 años, y no tuve la posibilidad de ponerlo en palabras. Mi mamá no se daba cuenta. El que descubre la situación, es mi hermano menor”, relató al aire.

Ahora, Mariela conversa con Teleshow. Y confiesa que se siente “rebien” por haberlo contado. “En hora buena que se hable. La verdad que lo estoy celebrando”. Es que ella tardó años en hacerlo. Fue víctima del abuso en distintos momentos a lo largo de 1986, 1987. Y recién pudo empezar a “elaborarlo” -según explica- hace una década, en 2010.

”Todo empieza por mi ACV -relata Fernández-. No quedé con ninguna secuela física, pero sí con muchos miedos: tenía el temor de que se repitiera, y morirme. Me sugirieron que hiciera terapia para superar ese miedo. Y afloraron un montón de temas no exploradas. Uno era el abuso, que lo había tapado, lo había puesto debajo de la alfombra, y había seguido con esa. Con la terapia pude procesarlo de otra manera. Y me reconstruí aceptando que esto era parte de mi historia, porque también pasa por la aceptación: no renegar de eso porque, mientras más renegaba, más bronca me daba”.

Mediados de los 80. Con sus padres y su hermano menor solía juntarse los sábados a la noche con la familia de una tía de su papá, entre los que se encontraba un primo segundo de Mariela. “Mientras los adultos charlaban, los chicos jugaban -recuerda-. En mi caso, las instancias de abuso se dieron mientras jugábamos a la escondida, al cuarto oscuro. Con la excusa de ‘Vení, vení, escondete conmigo’, yo accedía, y era donde se daba el abuso. Eran toqueteos. No hubo violación, pero sí hubo una situación que me generaba una quietud total, porque era la amenaza constante: ‘No digas nada. Porque, ¿qué van a decir tus papás si se enteran?‘”.

Cuando en su momento hablé con mi mamá, hasta se sintió culpable. ‘Vieja, hiciste lo que pudiste…‘, le dije

De acuerdo a las estadísticas, el 53% de los casos de abuso infantil ocurren en el hogar de la víctima. En promedio, el 47% de las víctimas tienen entre seis y 12 años. Y la gran mayoría de las veces, el abusador es un integrante de la familia. “No desconfiás del ser querido: del tío, del abuelo, del padre… -puntualiza Fernández-. Y encima, generalmente, tienen personalidades muy cálidas: son los que están bien vistos por todos, es el primo divertido, de los que menos se sospecharía”.

Su mamá no se dio cuenta: fue su hermano menor quien alertó sobre el abuso. Por eso el llamado de Mariela a los adultos. “Desde mi experiencia de abusada, y como madre de una nena que hoy tiene 20 años, tuve la necesidad de hacer un llamado a esos papás, que por ahí no están atentos, y nosotros, los niños abusados, necesitamos que presten un poco más de atención”.

Sin embargo, aclara: “Que no suene a reproche”. Por eso, cuando brindaba su testimonio al aire, en un momento hizo una pausa en el relato: “Ay, abrazo a mi mamá. Este no es un reproche para mí mamá”, dijo. Ahora, se explaya. “Cuando en su momento hablé con ella, hasta se sintió culpable. ‘Vieja, hiciste lo que pudiste…‘, le dije. Eran otras épocas, ella también estaba criada de una manera que hizo que reaccione como reaccionó. Si hoy tuviera que atravesar una situación similar, yo haría la denuncia, llevaría a mi hija con un psicóloga y también con un médico clínico para que compruebe si le pasó algo, hasta dónde llegó el abuso. Mi vieja se quedó paralizada. Después sí fue y le dijo: ‘Le ponés una mano más encima a Mariela y yo vengo… ¡y te la corto!‘”.

Al conocerse el abuso, las familias dejaron de frecuentarse. “Me sentía culpable por eso -recuerda la periodista-. Hasta me sentía culpable de haber generado el abuso: ‘¿Qué hice mal?‘, pensaba”. Esa culpa no era la única consecuencia. “El abuso me generó una anulación en todos los ámbitos de mi vida. Me ponía en una situación sumisa, para nada de empoderamiento, sino con esto de ‘me callo la boca’. También me trajo problemas en los inicios de mis relaciones sexuales. Pudor, inhibición, una rareza con mi cuerpo… Después, lo procesé; ahora disfruto muchísimo de mi sexualidad. Pero todo esto lo pude revertir en terapia, poniéndolo en palabras. Y perdonándolo a él: en mí, tuve que perdonarlo”.

Insiste entonces en los mayores. En los padres, en la familia. En la atención. En el descubrimiento de señales, de indicadores, de gestos silenciosos de los chicos que gritan en silencio, alertando sobre un abuso sexual. “Esto tiene que hablarse”, avisa esta Mariela adulta que pudo alzar su voz después de tanto tiempo. Y que desea ser escuchada por completo para que otros niños y niñas también puedan ser oídos.

El testimonio de Mariela Fernández (Video: C5N)

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