La coherencia de la extravagancia

La mejor Icíar Bollaín ha vuelto. Afirmación quizá injusta porque el mantenimiento constante del listón de calidad en las carreras artísticas es poco menos que imposible, pero, tras una década y media de películas desiguales, la directora de Te doy mis ojos ha compuesto en La boda de Rosa una tragicomedia que se mete en las tripas desde la primera secuencia hasta la última, sin un solo resquicio, perfecta en todos los ámbitos artísticos, preciosa, divertida, agobiante, absurda, festiva y diabólicamente aterradora y feliz. Como la vida misma.

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