La belleza del día: “Regreso del Landsturm tirolés en la guerra de 1809”, de Franz Defregger

"Regreso del Landsturm tirolés en la guerra de 1809", de Franz Defregger

«Regreso del Landsturm tirolés en la guerra de 1809», de Franz Defregger

Los cuadros que recuperan momentos históricos han tenido diferentes encuadres. Por hacer un recorrido breve de dos maneras de interpretación podemos ir desde el neoclasicismo de Antoine-Jean Gros y Jacques-Louis David, con Napoleón en el centro, como líder inspirador, heroico, eterno, que se aproxima más a la propaganda como la entendemos hoy, al romanticismo de Géricault con La balsa de la Medusa –que toma un evento, lo que hoy sería una noticia, no de Estado- o a John Singleton Copley con su Watson y el tiburón -con un recreación de algo que le contaron- hasta Delacroix con Las matanzas de Quíos, donde aparece la tragedia en primer plano, el dolor, la desesperación o su La Libertad guiando al pueblo, donde de alguna manera reúne estas dos miradas: lo inmortal y sublime, con lo mundano.

Por supuesto, también hay una perspectiva de ganadores o perdedores, esa mirada del bien y del mal que crea significados. Pensemos en el caso de El último del clan, de Thomas Faed, que describe en una escena la tristeza por abandonar la patria chica tras una medida política, o, como en el caso de Regreso del Landsturm tirolés en la guerra de 1809, del alemán Franz Defregger (1835 – 1921), que se revela la alegría tras una victoria.

La Rebelión tirolesa de 1809 fue una revuelta campesina en el condado de Tirol dirigida por el posadero Andreas Hofer, que alimentó desde su negocio el espíritu de sus pobladores para resistir la ocupación, los excesivos impuestos y la violencia en su patria chica del Imperio Francés, en el contexto de la Guerra de la Quinta Coalición contra Napoleón I. En ese sentido el término teutón Landsturm refiere a las milicias compuestas por tropas de calidad inferior, sin preparación formal.

La pintura, que se encuentra en la Antigua Galería Nacional de Berlín, pertenece a una serie de obras relacionadas al tema. Al artista el tópico lo interpelaba de manera especial, ya que había crecido en una granja tirolesa que tuvo que vender tras la muerte de su padre, para dividir el dinero con sus hermanas que deseaban marcharse a EE.UU.

Esta separación abrupta generó una nostalgia que se canalizó a lo largo de su carrera en retratos, obras de género campesina e históricas, pero en ese momento todo fue el puntapié para su carrera como artista. Primero como escultor en madera en Innsbruck, su talento con el pincel en Múnich llevó a su profesor a presentarle a Karl von Piloty, uno de los máximos representantes de la escuela realista alemana. Luego, l’École des Beaux-Arts de París, su participación en el Salón de los Rechazados, y el regreso Múnich, escuela a la que se lo asocia.

Defregger pintó su primer cuadro exitoso de las luchas tirolesas, El último contingente, en el estudio de Piloty en 1874 y dos años después continuó con Regreso del Landsturm tirolés en la guerra de 1809, que fue un encargo de la Nationalgalerie de Berlín, que había querido adquirir el primero, que hoy se encuentra en la Nueva Pinacoteca de Munich.

 El último contingente

El último contingente

La obra tiene una perspectiva de pueblo. El observador es uno más de los que miran desde los balcones el ingreso de la tropa de granjeros que atraviesa la calle del pueblo, rodeados de curiosos. Hay una clara contraposición entre los vencedores y vencidos, unos serios, dignos e incluso alegres, mientras que los franceses aparecen detrás, casi como fantasmas, con rasgos borrosos, ya que -a fin de cuentas- es la exaltación de la victoria lo que importa.

Para realizar la obra, Defregger utilizó relatos históricos como Tirol en 1809 de Joseph Rapp o El hombre del Rinn, de Johann Georg Mayr, como también asistió a desfiles militares en pequeñas regiones.

¿Cómo terminó la Rebelión tirolesa de 1809? No demasiado bien para los locales. Si bien hubo varios triunfos, la falta de apoyo por parte de Austria devino en una contraofensiva francesa que tuvo, entre sus víctimas, a Andreas Hofer. Sin embargo, aquellos levantamientos fueron esenciales no solo para la construcción identitaria de la región con su bandera con el águila como símbolo de unión, sino también fueron inspiradoras para el movimiento de liberación europeo de 1813/14.

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