La belleza del día: “Autorretrato ante el espejo”, de El Parmigianino

Su verdadero nombre era Girolamo Francesco Maria Mazzola (1503-1540), también conocido como Francesco Mazzola pero mucho más aún como el Parmigianino (el pequeño de Parma). El artista italiano fue un pintor manierista e impresor, cuyo trabajo fue elogiado por su “refinada sensualidad” y la elongación de las formas, producto de su experimentación, aunque su fama obedece fundamentalmente a esta obra asombrosa que hoy compartimos, que ha quedado en la historia como uno de los primeros autorretratos. En la obra parece que estuviera trabajando.

En su aparente simpleza hay una serie de complejidades, que provocan asombro y sorpresa. Como señala el gran poeta estadounidense John Ashbery en su poema Autorretrato en espejo convexo (1975): “Lo hemos sorprendido/ trabajando, pero no, él nos ha sorprendido/ mientras trabaja”. Ashbery estaba fascinado por la mano derecha del pintor en la pequeña obra, una mano que por efecto de la forma del espejo -y en contradicción con los rasgos angelicales del rostro del muchacho de 20 años- aparece enorme y desproporcionada.

El Parmigianino se formó en su ciudad con sus tíos Pier Ilario Filippo y Michele Mazzola, modestos pintores de provincia. Continuó su periodo de aprendizaje en contacto directo con Correggio. Muchas de sus obras están en grandes museos de Italia y hay dos frescos que se conservan, uno en una iglesia de Parma y otro, en un castillo de una localidad cercana.

“Francesco (el Parmigianino) se puso un día a sacarse su retrato, y se miró con ese propósito en ese espejo convexo, como los que usan los barberos -nos dice el biógrafo Vasari-; y con ese propósito mandó a un tornero que le hiciera una bola de madera, y tras partirla por la mitad y reducirla al tamaño del espejo, con gran arte se puso a copiar cuanto veía en él. (…) Ese rostro escapado de mil peligros, más ángel que hombre -según la expresión de Vasari- constituye el autorretrato por excelencia”.

El artista fue a vivir a Roma en 1524 y su carrera iba en ascenso cuando se vio interrumpida por el Saqueo de Roma de 1527, con la invasión de tropas españolas y alemanas durante el conflicto en el que las tropas del emperador Carlos V sometieron al Vaticano para dar a Clemente VII “un escarmiento” por su política pro francesa.

Había llegado con cinco pequeñas pinturas, incluída su Circuncisión de Jesús y su Autorretrato en un espejo convexo -óleo sobre tabla de 24 centímetros de diámetro- en busca del mecenazgo del papa Clemente, miembro de la familia Medici. Según Vasari, Parmigianino fue “celebrado como un nuevo Rafael” en Roma. El Saqueo de Roma lo obligó a huir, al igual que a otros artistas. Viajó primero a Bologna y en 1530 regresó a su Parma natal.

Fue devoto de la alquimia y, aunque siempre se vinculó esta inclinación con la magia, en los últimos años los expertos suponen que lo que el Parmigianino buscaba era nuevas técnicas para sus grabados. Pasó los últimos años de su vida atormentado por los constantes requerimientos de la iglesia de Steccata, que lo apremiaba para que finalizase los frescos que le habían sido encargados en 1531.

Entre las obras que se conservan están La conversión de san Pablo de 1527 y el Autorretrato ante el espejo (ambos cuadros están en el Kunsthistorisches Museum de Viena), La Virgen de la Rosa de 1529, La Virgen del cuello largo (hacia 1535; Galería de los Uffizi de Florencia), la Esclava turca y la Antea.

Murió a causa de una fiebre desconocida en Casalmaggiore, el 24 de agosto de 1540, a los 37 años. Fue enterrado en la iglesia de los Siervos de María desnudo y con una cruz de madera de ciprés sobre su pecho.

Compartir

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: