En defensa del premio Espasa

El lunes pasado la editorial Espasa arruinó con un comunicado la ilusión de miles de lectores: el ganador de su premio de poesía no es un robot. Muchos soñábamos con que lo fuera. Llevamos siglos esperando un Homero de silicio que escriba una obra maestra, una verdadera odisea del espacio fruto, por fin, de la inteligencia artificial, un artefacto, en fin, digno de la máquina de razonar de Ramón Llull o del método para componer relatos de Raymond Roussel. ¿Sería una estafa? Si el resultado es bueno, no. A muchos de los libros que llenan las librerías les vendría bien pasar por el corrector automático. ¿Una humillación para los humanos? La misma que supuso la victoria del Deep Blue de IBM sobre Gari Kaspárov en 1996: ninguna. Como dijo, tirando de lirismo, el campeón mundial de ajedrez: la Luna no es menos enigmática porque el hombre haya puesto sus pies en ella.

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