El punto de no retorno de los bosques tropicales

Menos lluvia, más incendios, poca selva; poca selva, más incendios, menos lluvia. Ese es el círculo vicioso que tiene en riesgo la estabilidad y la conservación de la Amazonía. El 40% de la selva tropical más grande del mundo puede convertirse en una sabana mucho antes de lo que se creía por culpa del cambio climático y la deforestación, según reveló una investigación publicada en Nature Communications.

La investigación, realizada por el Centro de Resiliencia de Estocolmo, un instituto especializado en medio ambiente, advierte de que hay vastas zonas del bioma amazónico que tienen niveles de lluvias tan bajos que se corresponden con los de un ecosistema tipo sabana, con suelos secos, muchos pastizales y menos árboles que en un bosque tropical.

Arie Staal, autor principal del estudio, afirma por correo que si bien estos cambios no se darán inmediatamente, una vez comiencen serán muy difíciles de detener. “Hay motivos suficientes para preocuparse. Si las selvas tropicales cambian a un estado degradado y se convierten en sabanas, entonces se pierden las especies originales, se almacena menos dióxido de carbono y se producen menos precipitaciones”, dice Staal.

Rodrigo Botero, director de la Fundación Conservación y Desarrollo, una entidad que estudia y protege el Amazonas colombiano desde hace décadas, coincide con Staal en la gravedad del proceso de sabanización de la selva. “Si una parte significativa de la Amazonia se sabaniza, se perderán cientos de miles de hectáreas de bosques que están ayudando en la regulación climática regional”.

“Si una parte significativa de la Amazonia se sabaniza, se perderán cientos de miles de hectáreas de bosques que están ayudando en la regulación climática regional”

Botero lleva más de 30 años investigando la deforestación en la Amazonia e insiste en que sin estos bosques, habrá menor capacidad de retención de humedad en los suelos, y el caudal de los ríos perderá capacidad para contener avalanchas o inundaciones en épocas de invierno.

La investigación liderada por Staal se realizó con modelos de simulación de lluvia por computador y analizó también el comportamiento futuro de las selvas tropicales en África, Asia y Oceanía. El documento muestra que las áreas del bosque en las que el cambio climático causa sequedad y disminuye las precipitaciones pueden cruzar pronto un punto de no retorno.

“Estos resultados destacan que, especialmente en el sur de la Amazonía y en el Congo, los incendios pueden ayudar a desencadenar puntos de inflexión difíciles de revertir”, se lee en la investigación. En cambio en Australasia, en el oeste de Oceanía, las selvas se conservarán estables.

Staal explica que el trabajo se basó en el concepto de histéresis o dependencia del camino, entendido como un proceso en el que el pasado condiciona el presente y el futuro. “En este caso la histéresis significa que puede haber una gran selva tropical como el Amazonas, pero si se quitan todos sus árboles, lo que se regenerará después será una selva más pequeña de la que se tenía al principio”. “En resumen”, insiste Staal, “la historia del ecosistema es determinante para su futuro”.

En específico lo que los investigadores estudiaron fue cómo las selvas tropicales producen sus propias lluvias y cómo este proceso se está viendo alterado por el cambio climático y la deforestación. “Los árboles liberan agua de sus hojas y esta agua puede llover una y otra vez en los bosques. Hay más lluvia en las selvas tropicales de la que habría si no hubiera árboles”, afirma Staal.

La consecuencia de este proceso de dependencia es que si hay poca lluvia, la región estará más seca, habrá más incendios y menos árboles. Y viceversa. Cuanto más grande es la selva tropical, habrá más árboles que pueden reciclar el agua a la atmósfera. La consecuencia final de este proceso de histéresis es que si no se actúa pronto la sabanización de la selva tropical será inminente e irreversible.

“La eliminación del bosque no solo afecta al bosque en sí, sino, por ejemplo, también a las lluvias que se necesitan para la agricultura en otras regiones del planeta”

Staal asegura que los efectos de la deforestación no son solo locales, sino que pueden afectar las precipitaciones a cientos y en ocasiones a miles de kilómetros de distancia. “Por lo tanto, la eliminación del bosque no solo afecta al bosque en sí, sino, por ejemplo, también a las lluvias que se necesitan para la agricultura en otras regiones del planeta”, dice el científico.

Raúl Sánchez Salguero, investigador forestal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, afirma que a la simulación de las lluvias realizada por los investigadores sería interesante sumarle otros factores que están acelerando los cambios en los bosques tropicales. “No solo es el ciclo del agua el causante de que la selva se conviertan en una sabana. En esta ecuación no podemos olvidar la degradación del suelo, los incendios forestales causados por el ser humano y, sobre todo, los cambios en el uso del territorio”.

Sánchez advierte de que en los últimos 20 años la selva Amazónica se ha degradado mucho más de lo que se degradó en un siglo. “Las quemas para agricultura o ganadería cambian radicalmente los ciclos de los suelos, y alteran la regeneración de las especies”, dice Sánchez. Los últimos datos de la NASA revelan que solo en agosto de este año se registraron 29.307 incendios en la Amazonía de Brasil, la peor cifra en los últimos diez años. La deforestación en esta región entre enero y julio de este año fue de 3.000 kilómetros cuadrados, casi cinco veces la extensión de la ciudad de Madrid.

Una vez la selva tropical haya cruzado el umbral y se convierta en una mezcla de madera y pastizales tipo sabana abierta, es poco probable que vuelva naturalmente a su estado anterior, dice Staal. La cuenca amazónica ya ha perdido un 20% de su superficie por la deforestación en las últimas 6 décadas y la temperatura ha aumentado un grado.

Ingo Fetzer, coautor del trabajo e investigador del Centro de Resiliencia de Estocolmo, dijo en una entrevista a The Guardian que el estudio demuestra que las selvas tropicales de todos los continentes son muy sensibles al cambio climático global y pueden perder rápidamente su capacidad de adaptación. «Una vez desaparecidas, su recuperación tardará muchas décadas en volver a su estado original. Y dado que las selvas tropicales albergan la mayoría de todas las especies del mundo, todo esto se perderá para siempre”, concluyó Fetzer.

Pero, ¿cómo escapar a ese círculo vicioso que tiene en peligro a uno de los ecosistemas más importantes para la conservación del planeta? Rodrigo Botero explica que para detener y transformar esa tendencia es urgente parar la deforestación, cambiar el uso del suelo, y crear más áreas protegidas, resguardos y zonas de uso forestal sostenible y responsable.

“Hay que empezar a restaurar zonas que hayan sido afectadas por deforestación, y que presenten síntomas de sabanización», dice Botero. Y Añade: “Es ahora o nunca. El punto de no retorno está cerca, y como sociedad debemos exigir la suspensión absoluta de la explotación de la Amazonía. Ni las exportaciones minerales, o la extracción de petróleo, o la ganadería o los cultivos de soya y palma podrán compensar un desequilibrio planetario como el que se generaría si el 40% de la amazonia se sabaniza”.

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