El hombre oculto tras la Dama de Cádiz

“Don Ramón, esta sí que era guapa. Ya verá”. El obrero, que en la víspera del fin de semana había encontrado una calavera accidentalmente con la pala de su grúa, esperaba impaciente al arqueólogo Ramón Corzo. El también director del Museo de Cádiz se acercó extrañado: “¿Y usted cómo sabe eso?”. Lo comprendió nada más ver cómo el gruista apartaba la arena con sus manos. De lo que fue una antigua duna asomaba el rostro pétreo de una mujer de nariz afilada, semblante sereno y tocado de pelo ensortijado. Corría el lunes 29 de septiembre de 1980 y la capital se despertaba con uno de sus hallazgos arqueológicos más excepcionales del siglo XX: la Dama de Cádiz. Pero el albañil supuso mal al atribuirle género porque en el interior de ese sarcófago antropomorfo femenino fenicio del siglo V antes de Cristo quien se escondía era un caballero.

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