El fotógrafo desconocido que resucitó en el Rastro

El negativo sorprendió al trasluz. En él, un Rolls-Royce brilla en mitad del escarpado paisaje alpino. El chófer agarra el volante y dirige su mirada hacia la carretera, mientras tres mujeres están en los asientos traseros y otros dos caballeros, apeados, apoyan su brazo sobre la carrocería oscura. Por el extremo derecho del encuadre aparece una casa que sirve como factor de escala y esconde tras de sí una pequeña población de la serranía. Tal vez el autor trepó ladera arriba, plantó su voluminosa cámara de placas y fue colocando uno a uno a los personajes en el decorado. El resultado es de una apabullante melancolía propia de la comarca rocosa como del cuento de Heidi.

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