El discreto encanto de la política municipal

En los documentales de Frederick Wiseman, el tiempo transcurre a otra velocidad. Su nueva película, City Hall, presentada ayer fuera de competición en la Mostra de Venecia, dura más de cuatro horas, pero pasa como un suspiro. El cineasta, especialista en el análisis de las instituciones que nos gobiernan, muestra por dentro el funcionamiento del Ayuntamiento de Boston, la ciudad donde nació hace 90 años. Más que el retrato esperado de su elogiado alcalde demócrata, Marty Walsh –personaje de cine a quien algún día interpretará Matt Damon en un oscarizable biopic–, la película es un paseo por las entrañas de la burocracia, a través esas largas y austeras secuencias que son marca de la casa, rodadas en reuniones presupuestarias, comisiones de ayuda a colectivos desfavorecidos y ceremonias en honor a veteranos de guerra, interrumpidas con visitas a perreras municipales y alguna que otra boda civil.

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