El ballet de «La tregua»: la esencia en movimiento de una novela universal

El director del Ballet Nacional de Uruguay, el español Igor Yebra, posa con la novela "La tregua" del escritor uruguayo Mario Benedetti", el 10 de septiembre de 2020 en Montevideo (Uruguay). EFE/Raúl Martínez

El director del Ballet Nacional de Uruguay, el español Igor Yebra, posa con la novela "La tregua" del escritor uruguayo Mario Benedetti", el 10 de septiembre de 2020 en Montevideo (Uruguay). EFE/Raúl Martínez

Montevideo, 11 sep (EFE).- Poca gente hubiera imaginado en 1960, cuando Mario Benedetti publicó «La tregua», su novela más universal, escrita en forma de diario, que Martín Santomé y Laura Avellaneda, sus protagonistas, pudieran vivir su historia de amor en escena solo con la intensidad del movimiento, sin palabras.
Cuando el bailarín y coreógrafo español Igor Yebra llegó a Uruguay para dirigir el Ballet Nacional del Sodre, a comienzos de 2018, lo hizo con la idea de «utilizar el producto que ellos tienen y explotarlo», explica a Efe, asemejando su labor a la del «buen cocinero», que crea a partir de los alimentos de su tierra.
Con «respeto» y «admiración» por la obra de, quizá, el escritor uruguayo más conocido en todo el mundo, quiso rendirle homenaje en su centenario, que se celebra estos días, y se rodeó de un grupo de uruguayos descollantes en sus especialidades: el dramaturgo Gabriel Calderón, el músico Luciano Supervielle, la coreógrafa Marina Sánchez y el escenógrafo Hugo Millán.
El equipo coincide en que puede haber comparaciones con la novela o con la adaptación cinematográfica que hizo Sergio Renán en 1974, primer filme argentino nominado a los Óscar. Pero insiste en que es «otra» creación sobre la esencia del libro y, como presume José Miguel Onaindia, director artístico de los Auditorios del Sodre, «se le aporta al repertorio del ballet y la creación del siglo XX una obra que va a llamar la atención no solo en Uruguay».
RUTINA Y AZAR
Una de las aportaciones más importantes en este proyecto es la introducción de dos personajes que, aunque presentes en la novela, no tienen corporeidad. La coreógrafa Marina Sánchez se ha encargado de dársela: la rutina y el azar.
«Benedetti hace mucho hincapié en la rutina de Martín. Cuando leí el libro era tan intenso lo que él sentía de la rutina que dije: ‘esto es un personaje’. Va a haber un personaje siempre acompañando a Martín, marcando esa cosa estructurada, el deber de lo que tiene que hacer, el peso sobre sus hombros y que se descoloca cuando conoce a Laura», comenta Sánchez.
La coreógrafa habla de esa otra constante de la novela, que es el azar, que en el ballet será un personaje masculino y femenino, a diferencia de la rutina, que solo es masculino, e insiste en que «La Tregua» no es «solo una historia de amor». «Hay algo más: el peso de la rutina y el del azar, que me parece superinteresante».
Esa mezcla de géneros también sirve al escenógrafo Hugo Millán para crear un vestuario «muy lineal». «Resulta que hay varones que tiene algo femenino en la silueta y hay unas chicas que también tienen algo masculino para traerlo un poco a lo que somos hoy. Es la neutralidad de alguna manera que puede ser cualquier lugar», indica.
El gran reto fue no solo trasladar el texto a los gestos del ballet, sino «reducir la novela a las historias que nosotros íbamos a trabajar», en opinión de Gabriel Calderón.
El dramaturgo explica a Efe desde Italia, donde trabaja en estos momentos, que debió traducir «algunos pasajes de la novela, que eran interesantes para el equipo, a imágenes en movimiento», que no son parte de la trama principal del libro, pero sí «algo muy poético» para el ballet.
Calderón aclara que esta creación «no va a tratar de contar ni de suplir esa bellísima novela, porque ese material ha sido pensado, creado y muy bien realizado por Benedetti» y, por ello, tiene «la responsabilidad de encontrar de qué otra manera o qué cosas pueden respirar en los cuerpos y en la música y en un espacio escénico».
UNA «INSTITUCIÓN» EN LA LITERATURA URUGUAYA
El músico Luciano Supervielle confiesa que el equipo sabía que se metía con «una institución en la literatura uruguaya», pero lo asumió bajo el prisma de que esta iba a ser su «interpretación» de «La tregua» y, por ello, lo hizo «sin miedo» y de manera algo «irreverente», sin perder el respeto por la obra de Benedetti.
Para su proceso de creación, reconoce que fue importante ver y filmar ensayos de los bailarines, ya que «aquí el protagonista principal es la coreografía, es como cuando hacés una música para película, tenés que tener en cuenta otro tipo de códigos».
Con su gusto por la música clásica, el tango y la electrónica que le han servido para crear un sello particular a nivel internacional -tanto en el grupo Bajofondo como en solitario-, Supervielle ha compuesto y arreglado las piezas que ambientarán los aproximadamente 70 minutos que dura este ballet.
Cuando recibe a Efe en su estudio e interpreta algunas notas del «Réquiem» escrito para una escena clave, detalla las dificultades personales que afrontó durante la composición, por la enfermedad y el fallecimiento de su mujer hace unos meses.
«Hay muchos paralelismos con lo que estoy viviendo. En un punto realmente me metí en la historia y, nada, este trabajo tiene para mí un significado muy importante», confiesa Supervielle, quien reconoce que abordar esa escena le llevó «meses» sin poder escribir una nota pero que, al final, sumergirse en ella «tuvo un efecto sanador».
Y si de paralelismos habla Supervielle, otro que menciona casualidades vividas durante esta creación conjunta es Millán, quien relata esta anécdota: «Todas las fechas que él va contando en ‘La tregua’ coinciden con nuestras fechas de 2019».
No obstante, indica que con este trabajo el equipo artístico ha tratado de «no dejar acotado al Montevideo de 1958 (en que se ambienta)» el espacio escénico, sino recrear «una cosa que es universal».
LOS BALLETS RUSOS DE DIAGHILEV
Para Yebra, los Ballets Rusos del empresario ruso Sergei Diaghilev son una clara inspiración, como en su día ocurrió con Ígor Stravinski y Pablo Picasso, para la colaboración interdisciplinar, como ha sido este caso.
En su opinión, esta «locura entre comillas» de trasladar la novela al ballet pretende provocar «que la gente salga del teatro con una mala sensación». «No quiero un producto Hollywood con final feliz. Quiero esa angustia que produce el final del libro reflejada en el ballet de una hora y cuarto. Ahí entraña la gran dificultad», resume.
Solo resta ensamblar todas las piezas en escena para que el 26 de noviembre se levante el telón en Montevideo y Martín y Laura bailen su amor.
Concepción M. Moreno

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