Desde la necesidad

Hay dos símbolos complementarios y fundamentales en la obra de Francisco Brines, ganador hoy lunes del Premio Cervantes: la pérdida y la búsqueda del paraíso. En ese viaje, que le permite pasar del paisaje originario de Elca, en Valencia, a otros —Oxford, Delfos, Salzburgo o Ferrara—, no solo la meditación se acrecienta en su descubrimiento del mundo, sino que en su indagación sobre el sentido de estar vivo, insistiendo en nuestra fragilidad, en las derrotas, en la muerte y en la soledad se impone el descubrimiento del amor como salvación. Pero un amor y un erotismo en los que aparecen el sufrimiento, el gozo de la carne, sus separaciones y sus engaños.

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