De la pista al hotel, el camino de ida y vuelta marcado para los tenistas en Roland Garros

Las medidas sanitarias en Roland Garros se extienden hasta los dos hoteles en los que los jugadores y las jugadoras se alojan obligatoriamente durante el torneo, con un protocolo estricto que debe ser respetado a toda costa.

Para evitar todo escándalo después de las polémicas surgidas durante el US Open, la Federación Francesa de Tenis (FFT) optó por confinar a todos los tenistas participantes en el Grand Slam parisino en dos hoteles cercanos a las instalaciones de Porte d’Auteuil.

Sin excepción. Ni siquiera para Serena Williams, propietaria de un apartamento en la capital francesa, con sus 23 títulos de Grand Slam. «Tengo serios problemas de salud que hacen que procure apartarme de los lugares públicos, tuve que ir varias veces al hospital en estado grave», había confesado la menor de las Williams durante el US Open, añadiendo: «Tomaré la mejor decisión para mi salud. Tendré que hablar con los organizadores para saber cómo seremos protegidas».

Pero los dos establecimientos elegidos no están enteramente reservados para Roland Garros. No es extraño ver a jugadores mezclados con clientes del hotel y turistas en el hall del inmueble o en los ascensores, pese a que en teoría sólo puede ser utilizado por dos personas a la vez, una medida no siempre respetada, según constató un periodista de AFP.

– ‘La burbuja es imposible’ –

«Nuestro objetivo no era hacer una burbuja, porque la burbuja es imposible», aseguró a la AFP Bernard Montalvan, responsable del protocolo sanitario en Roland Garros.

Una opción que suscita disparidad de opiniones entre los jugadores: mientras que el gigante estadounidense John Isner se siente «en una gran seguridad», el británico Dan Evans «preferiría que el hotel no acogiese a nadie ajeno (al torneo). Me pone un poco nervioso ver público en el hotel (…). Si tenemos la prohibición de salir (del establecimiento), entonces no deberíamos ver público, es mi opinión», afirmó el domingo en conferencia de prensa.

Uno de los pocos lugares reservados a los participantes del torneo, el «salón de jugadores» situado en la 9ª planta, permite a los deportistas disfrutar de un rato de asueto, después de haber pasado varias semanas confinados en Nueva York para el Masters 1000 de Cincinnati (excepcionalmente localizado en Flushing Meadows) y el US Open.

El sábado, víspera del inicio del tercer y último Grand Slam del año, las risas y las conversaciones llegaban hasta los pasillos, poniendo de manifiesto la aceptación del lugar entre los tenistas.

– Baile de vehículos –

Los jugadores tienen derecho a salir del hotel en tres supuestos: para disputar un partido, un entrenamiento, o por causas médicas. Y para ello deberán reservar uno de los vehículos de la organización, lo que conlleva un baile continuo de vehículos con el logo del torneo a las puertas del hotel.

Muchos optan por pedir comida a domicilio. Así pues se puede ver la afluencia de repartidores de las diferentes plataformas especializadas, mientras que el restaurante del hotel es ocupado principalmente por los turistas que visitan París en este inicio del otoño europeo.

Para completar este dispositivo, numerosos agentes de seguridad velan por que cada cual lleve su mascarilla y por el respeto de los gestos de distanciación social.

La calma reina la mayor parte del tiempo. El trabajo de los agentes se limita a guiar a los clientes desorientados a la recepción, el ascensor o el restaurante.

Con dos test en las 48 horas siguientes a su llegada a París, y un nuevo test cada cuatro o cinco días, todo exceso y exposición al contagio podría salir caro a los tenistas.

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