De discoteca a epicentro de la lucha contra la pandemia

Las personas treintañeras suelen entrar con mucha ilusión en las discotecas, pero Fernando Polack puso el listón muy alto un día de 2002. Aquella jornada cruzó la puerta del Bar Rojo, un local de Buenos Aires que acababa de echar el cierre porque su dueño estaba desencantado con las nuevas relaciones amorosas que veía detrás del mostrador, sin la galantería de antaño. Aquel empresario de la noche pensaba que había terminado una época. “Era una discoteca grande, oscura, con una barra con cuero rojo y la bola de John Travolta. No tenía ventanas, así que era perfecta para armar un laboratorio médico”, recuerda todavía con entusiasmo Polack, por entonces un pediatra que trabajaba en la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore (EE UU). Así nació la Fundación Infant, una organización sin ánimo de lucro dedicada a investigar las enfermedades respiratorias más graves de los niños.

Casi dos décadas después, aquella antigua discoteca ha sido una protagonista inesperada de la lucha contra la covid en el mundo. Polack, director de la fundación, y sus colegas han encabezado dos de los ensayos clínicos más decisivos en lo que va de pandemia: el que demostró que la vacuna de Pfizer tiene un 95% de eficacia y el que sugirió que el plasma sanguíneo de pacientes ya recuperados puede ser un buen tratamiento para los enfermos si se administra muy pronto. El pediatra, nacido en Buenos Aires en 1967, recuerda la mañana de noviembre en la que estaba tomando el café en su casa cuando recibió una llamada de su compañero Gonzalo Pérez Marc con una noticia.

—¿Te enteraste? 95%.

—¿95% de qué?

—La eficacia de la vacuna.

—¡Dejate de joder! ¿Qué estás diciendo?

“Lo vi y no me lo podía creer. Al principio la sensación era de irrealidad, por completo”, rememora Polack. “La gente está viviendo un espejismo con las vacunas del coronavirus. En general, las vacunas respiratorias funcionan mal. Y cuando funcionan bien no superan un 60% de eficacia. Nadie en Pfizer soñaba con un 95%. Nadie”, afirma.

Polack es un experto mundial en otro diminuto asesino, el virus respiratorio sincitial, la causa más frecuente de infecciones pulmonares en los bebés. Mata a unos 120.000 niños cada año en el mundo, en brotes que se concentran en la temporada invernal. Hace dos décadas, Polack decidió perseguir al virus por el mundo: trabajaba durante los inviernos del hemisferio norte en la Johns Hopkins y durante los inviernos del hemisferio sur en Buenos Aires. Vivía con abrigo todo el año. “Me debería haber dedicado a las diarreas, que son en verano”, bromea.

Fernando Polack es un experto mundial en el virus que más bebés mata en el mundo: el respiratorio sincitial

El pediatra estaba colaborando con Pfizer en una vacuna experimental contra el virus respiratorio sincitial cuando estalló la pandemia de covid. La vicepresidenta de Pfizer responsable de vacunas, Alejandra Gurtman, también es argentina. Polack le propuso cooperar contra el nuevo coronavirus. La Fundación Infant reclutó rápidamente a más de 5.700 voluntarios, que se ofrecieron para recibir las inyecciones en el Hospital Militar Central de Buenos Aires. El 18 de noviembre llegaron los resultados: un 95% de eficacia. “Fue increíble”, subraya el pediatra.

“Tenemos que ver si ese 95% de eficacia significa que las vacunas de ARN [la nueva tecnología utilizada por Pfizer] son extraordinarias o que el virus es particularmente sonso. Yo creo que este virus es torpe”, reflexiona Polack. El pediatra, “fanático del fútbol”, suele hacer una comparación muy ilustrativa. Si el virus del sarampión es el equivalente a Messi, por su facilidad de transmisión y su letalidad, “el nuevo coronavirus sería un zaguero central en un partido de solteros contra casados”.

“Fernando Polack es un visionario”, opina el pediatra español Quique Bassat, del Instituto de Salud Global de Barcelona. “Ha sido capaz de salir a ver qué pasa fuera de las paredes del hospital”, añade. Bassat es uno de los padres de una técnica rápida y sencilla para identificar con precisión la causa de una muerte: la autopsia mínimamente invasiva, realizada en apenas media hora con una fina aguja de biopsia. El equipo de Polack la está aplicando en los barrios más pobres de Buenos Aires, como Villa Fiorito, donde nació el futbolista Diego Armando Maradona en una chabola.

Millones de niños fallecen cada año en el mundo sin que se sepa de qué han muerto. “Queremos determinar los factores sociales y biológicos que hacen que un chico menor de cinco años que nunca debió morirse se muera”, señala Polack. “Estamos viendo que la principal causa de muerte en estas áreas es el virus respiratorio sincitial. El virus es como la cabra que sube a una montaña nevada y provoca un alud. En el mundo en desarrollo, la montaña nevada es un niño malnutrido, con una familia vulnerable y un sistema de salud sobrepasado”, expone el pediatra argentino.

Polack recuerda un concepto de la filósofa alemana Hannah Arendt: el derecho a tener derechos. “Son grupos sociales que parece que ni siquiera tienen derecho a tener derechos. No es que no gocen de los privilegios de los demás ciudadanos, es que ni siquiera están en posición de pensar que podrían hacerlo”, lamenta.

“Si todo fuera tan fácil como hacer las vacunas del nuevo coronavirus, ya no habría más enfermedades en el mundo”, afirma Polack

El médico argentino mira al futuro con optimismo. El equipo de la científica estadounidense Jennie Lavine ha pronosticado esta semana que la covid se transformará en un simple resfriado a muy corto plazo, dentro de entre uno y diez años. Polack también lo piensa. “Todos nos vamos a infectar 10 veces con el coronavirus, lo que pasa es que va a dejar de ser importante, porque el pulmón ya no se va a infectar, gracias a la memoria del sistema inmune”, vaticina.

El pediatra quiere volver a centrarse en la búsqueda de la vacuna contra el virus respiratorio sincitial, el que más bebés mata en el mundo. La Fundación Infant nació en 2003 con cinco personas. Este año serán más de 80, pero su antiguo enemigo es más fiero que el coronavirus. “Conocemos al virus respiratorio sincitial desde hace más de medio siglo y nadie ha conseguido todavía una vacuna eficaz. Si todo fuera tan fácil como hacer las vacunas del nuevo coronavirus, ya no habría más enfermedades en el mundo”, razona Polack.

El dueño de la antigua discoteca sigue viviendo en la planta de arriba de la Fundación Infant. Se llama Iván. Polack lo dibuja como una mezcla del actor español Fernando Fernán Gómez y el exfutbolista argentino Loco Gatti. Su Bar Rojo es hoy un laboratorio lleno de jóvenes médicos, bioquímicos y biólogos. Ya no existe la barra de cuero rojo sobre la que coquetear, pero de allí ha salido una parte de la solución a la pandemia. “Iván se hizo amigo nuestro y baja a charlar sobre la vida. Es muy argentino. Lo que te imaginas de un argentino”, explica Polack.

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