De cámaras a dispositivos para el rastreo de contactos: las soluciones tecnológicas de una vuelta al cole en pandemia

Seis meses después de tener que abandonar las aulas por el coronavirus, miles de alumnos vuelven al cole. La pandemia aún no ha acabado y se trata, ante todo, de un comienzo de curso atípico, marcado por la obligatoriedad de las mascarillas y la incertidumbre. Múltiples autoridades, colegios y empresas buscan en la tecnología la forma de conseguir una vuelta a clase segura, prevenir nuevos contagios y poder continuar con el curso en el caso de que se produzcan nuevos aislamientos.

Los niños y los adolescentes tienen las mismas probabilidades de infectarse que cualquier otro grupo de edad y pueden propagar la Covid-19, según la Organización Mundial de la Salud. Mientras que hay personas que son asintomáticas, uno de los síntomas más habituales de esta enfermedad es la fiebre. Comunidades como Madrid o la Comunidad Valenciana han suministrado termómetros a múltiples centros para controlar en la entrada la temperatura de los profesores y los alumnos.

Existen diferentes iniciativas que persiguen evitar nuevos contagios y el posible cierre de colegios. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) subrayan que el rastreo de contactos es clave para desacelerar la propagación de la covid-19. PlexoTAG es un dispositivo creado por Plexus Tech que funciona de forma similar a laapp española de rastreo de contagios Radar Covid. Es una especie de tarjeta con tecnología bluetooth y wifi pensada para que los menores, que no pueden llevar un móvil a clase, se la cuelguen en el cuello como si fuera una acreditación. Así, si un profesor o un niño da positivo en una prueba de coronavirus, es posible saber las zonas en las que ha estado y también con quién ha interactuado.

Silvia Fraga, directora general de estrategia y marca de Plexus Tech, explica que el objetivo principal es garantizar la seguridad y la trazabilidad en caso de contagio para cortar de inmediato la expansión del virus: “No alarmar a quien no es necesario y establecer protocolos seguros”. Recuerda que muchos niños son asintomáticos y hay quienes tienen tos sin padecer la Covid-19. “Si hay un contagiado, se le puede hacer una PCR y poner en cuarentena a sus compañeros de clase. Resulta muy útil saber además con quienes ha estado fuera del aula para que puedan estar también en cuarentena por precaución. Pero no tiene sentido hacer lo mismo con todo el centro porque estaríamos todo el día cerrando colegios”, afirma.

La compañía asegura que todos los datos recopilados se borran cada 14 días y que solo pueden acceder a ellos los profesionales acordados por cada centro educativo. Esta información también puede ser útil de cara a gestionar la desinfección de diferentes zonas: “Si los contagiados no han estado en el pabellón o en la biblioteca, igual solo es necesario desinfectar su aula, el comedor y los pasillos”.

Cada dispositivo, que cuesta entre siete y nueve euros por niño al mes, tiene además una pantalla que puede mostrar tres emojis. Uno feliz cuando la distancia de seguridad con otros niños es de más de dos metros. Otro triste para cuando se está a menos de dos metros de otra persona durante un tiempo. Y otro enfadado cuando no se respeta esa distancia de seguridad durante al menos 10 minutos. En este último caso, además el dispositivo emite un sonido corto. Fraga explica que es una forma de que los niños puedan “autogestionarse” e intentar no permanecer cerca de otros menores durante demasiado tiempo. Considera que esto es especialmente importante porque, aunque lleven mascarilla, a veces la manipulan o se tocan la cara.

Control de aforo, cámaras y ordenadores

La compañía B+Safe propone diferentes soluciones para la vuelta a las aulas. Por ejemplo, un sistema de control de aforo que muestra en un monitor el número de personas que se encuentran en la biblioteca, el salón de actos o el comedor y señala si se puede o no pasar dependiendo del número de personas en su interior. También cuenta con cámaras y sistemas de audio para las aulas de forma que los alumnos en cuarentena puedan seguir las clases. Por ejemplo, el colegio Virgen del Cerro (Madrid) ha instalado 14 cámaras y sistemas de audio para estas aulas híbridas, según la compañía. Del mismo modo, la Comunidad de Madrid ha anunciado su intención de comprar 6.000 cámaras y 70.000 ordenadores para facilitar las clases online.

Andreu Navarra, profesor de instituto y docente colaborador del máster universitario de Humanidades: Arte, Literatura y Cultura Contemporáneas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), considera que la tecnología puede ayudar en el caso de que se produzca un confinamiento puntual o general. “Ahora bien, esto no significa que sea óptima ni deseable. Hay unanimidad a la hora de señalar que la presencialidad es el principal valor de cualquier enseñanza de tramo obligatorio. Una digitalización abusiva o draconiana perjudica al alumnado, especialmente al más vulnerable”, afirma.

La apuesta para una educación pública de calidad “ha de pasar por bajar el número de alumnos por aula y garantizar la plena presencialidad”. El docente explica que hasta que una persona no ha madurado, la enseñanza online es “prácticamente inoperante”. “La figura del nativo digital es un mito: los menores utilizan chats, videojuegos y redes sociales como TikTok, pero no saben utilizar procesadores de texto, ni programan y están perdiendo técnicas de estudio indispensables”, indica.

Aun así, es probable que este año algunos estudiantes tengan que seguir algunas clases desde su casa. Para muchos profesores, es un reto captar la atención de sus alumnos en este contexto. Hay herramientas pensadas para ello. Fran García Ferrández, profesor de inglés en el centro de secundaria EFA El Campico de Alicante, utiliza Kahoot. Es una aplicación a la que se puede acceder con un móvil, una tableta o un ordenador que sirve para lanzar preguntas a los alumnos y que escojan entre diferentes respuestas de forma interactiva.

“Se puede utilizar con menores de todas las edades, desde primaria hasta secundaria”, explica. Él lo usa, por ejemplo, para repasar vocabulario, en vez de optar por “el típico test aburrido”. Después, revisa en qué falla cada alumno y decide qué contenidos deben trabajarse más. Para los estudiantes, “es como un juego”. Para este docente, es una forma de que permanezcan motivados y atentos aunque físicamente no estén en el aula.

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