Corriente alterna

A Raúl Zurita le bastaron unas decenas páginas en una revista para dejar una huella imborrable en la poesía chilena. La revista se llamaba Manuscrito y resultaba en la recién instalada dictadura (corría 1975) una extraña bocanada de aire de fresco. La revista sólo alcanzó un número, pero nadie dejó de saber que, con Áreas verdes, del rigurosamente inédito estudiante de ingeniería Raúl Zurita de 25 años, algo inesperado había sucedido. La poesía chilena había hasta entonces viajado de la palabra telúrica y total de Pablo Neruda a la ironía perfectamente matemática de Nicanor Parra. Zurita, que sabía tanta matemática como Parra, pero que bebía en las aguas oscuras del Neruda de Residencia en la tierra, intentaba reconciliar ambas posibilidades, creando una tercera, la suya.

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