«¿Cómo es posible que me coma este platillo si quizás el amor de mi vida, el fruto de mi vientre, no se ha llevado ni un pedazo de migajón a la boca?»

Las rastreadorasDerechos de autor de la imagen Zahara Gomez

I

Para preparar las pizzadillas, el plato preferido de Roberto, se necesita carne de res, manteca, ajo, queso para gratinar, tortillas de harina, cilantro, limón, chile, y sal y pimienta al gusto.

Para la guarnición, lechuga, pepino y frijoles. Finalmente la salsa se resuelve con tomate rojo y cebolla.

II

El 14 de julio de 2014, día en que desaparecieron a su hijo Roberto, de 21 años, Mirna dice que estuvo todo el día pensando él.

«Todo ese día yo estuve hablando de él con una compañera. Hablé de cómo lo concebí, cómo batallé para parirlo. Cómo lo hice crecer. Y mientras yo hablaba de su vida, alguien estaba pensando en quitársela. A las 5:45 de la tarde él tomó sus cositas, llamó a su esposa y le dijo que ya iba a tomar el camión.

«Y… según lo que cuentan los testigos, llega una camioneta negra y él se sube a la parte de atrás. El vendía discos en una gasolinera y era muy normal que se subiera a los carros para probarlos, para que la gente escuchara que estaban en buen estado. Pero se subió y y no se bajó. Dejó parte de su mercancía puesta en algún lugar y ya no regresó.

Desde ese día ya no supimos nada de él. Y desde ese día empezó este caminar».

III

Zahara Gómez creció en una hogar en el que los desaparecidos tenían presencia constante. Su padre, periodista argentino, tuvo que exiliarse en España durante el régimen militar de su país.

«Era algo de lo que se hablaba mucho en mi casa porque a compañeros de mi papá los desaparecieron. Entonces, como figura, el desaparecido era una presencia. Pero visto desde los ojos de los niños, con mucha incomprensión, de no saber de qué era que estaban hablando.

«Después seguí trabajando en eso. Estudié fotografía, escribí sobre la representación de la desaparición forzada. Luego me acerque al equipo forense argentino. Después a los equipos forenses colombianos, guatemaltecos y mexicanos».

Zahara vive desde hace siete años en México y su español está repleto de mexicanismos, aunque todavía conjuga como ibérica.

IV

El plato preferido de Enrique, el que lleva de vuelta a su infancia, es el «entomatado».

Lo hacía su mamá con «cuetes» de res. «Un principio de ajo y cebolla y después tomates verdes y tomates rojo con un poco de chile chipotle y metía la carne a hervir en una olla. Ella usaba una olla exprés. Y luego sacaba la carne y la ponía dentro del guisado. Lo comíamos siempre con un arroz blanco. Al arroz uno siempre le pone cilantro y un chilito serrano. Y es de mis cosas favoritas de la vida».

Enrique Olvera es el chef y propietario de Pujol, uno de los mejores restaurantes de México y Latinoamérica.

V

Que los destinos de Roberto, Mirna, Zahara y Enrique se crucen tiene nombre preciso y ubicación geográfica: México. Un país donde, según una amiga de la fotógrafa, «lo posible es imposible y lo imposible, posible».

VI

«Ahí empezamos a buscarlo. Fuimos a poner la denuncia y la respuesta fue: ‘Las autoridades no buscamos. Entonces le hice a Roberto la promesa de que lo iba a buscar hasta encontrarlo. Y así empezó mi trajinar».

Los primeros días Mirna salió con su familia. Fueron a buscar al monte, a los ranchos abandonados. Se toparon con un señor que estaba buscando a su sobrino, quien les enseñó algunos secretos para interrogar la tierra en busca de tumbas superficiales.

«A la semana, el 20 de julio, encontramos la primera fosa, con cinco personas. Estaba segura que en ella estaba Roberto. Pero no».

MirnaDerechos de autor de la imagen Zahara Gómez
Image caption Mirna

El 2 de agosto encontraron la segunda fosa. Y la voz empezó a correr: en municipio de El Fuerte, norte de Sinaloa, una madre que buscaba a su hijo desaparecido había hallado varias fosas comunes.

Su familia se asustó y Mirna tuvo que continuar su odisea sola. Aunque no por mucho tiempo: pronto empezaron a unírsele otras personas, sobre todo mujeres, que también buscaban a sus seres queridos. Pero no sólo eso: a través mensajitos, algunas personas empezaron a darles pistas de dónde buscar.

De esa manera empezó a formarse el grupo que hoy se conoce como «las Rastreadoras del Fuerte». El nombre se los puso Javier Valdéz, el gran periodista mexicano asesinado por narcotraficantes en Culiacán, capital de Sinaloa, el 15 de mayo de 2017.

«¿Cómo le haces? ¿Cómo buscas a Roberto?», dice Mirna que le preguntó Javier.

«Busco por las orillas del río, por los canales, las vías del tren, los montes y donde hay casas abandonadas», contestó ella.

«¡Entonces rastreas! Entonces son rastreadoras», exclamó Javier.

También les dicen «las locas de las palas».

VII

Fue a través del equipo forense de México que, hace cuatro años, Zahara conoció a «las Rastreadoras del Fuerte».

«Nos entendimos muy bien en un sentido muy humano. Estuve haciendo muchos registros fotográficos, conté algunas de sus historias individuales. Pero según íbamos trabajando yo tenía la duda de cómo se cuentan estas cosas, para quién se cuentan y quien consume estas historias».

«Porque yo estoy convencida de que nos concierne a todos. Un país que tiene 73.000 desaparecidos no es algo anecdótico. Entonces, aparte de llamar la atención, pensaba en cómo crear puentes para no estigmatizar. Porque cuando a uno lo desaparecen hay todo un tema de victimización, de estigmatización.

«Entonces hablando con las Rastreadoras yo quería trabajar en algo que fuese en coautoría. No sabíamos que hacer, pero entonces en 2018 se nos ocurrió lo del recetario con los platos preferidos de sus desaparecidos.

«Yo hacía las fotos y ellas las recetas de Roberto, Miguel Angel, Jean Paul…

«Hay un motor ahí que es traspasar los círculos que ya saben de eso y que ya son conscientes. Acercarnos esta lucha para que fuera de todas y todos nosotros, aunque no seamos víctimas y no tengamos un desaparecido».

Así nació el libro.

Portada libroDerechos de autor de la imagen Zahara Gómez

VIII

En uno de los textos del libro, la periodista mexicana Daniela Rea escribe:

«Una de las preguntas más recurrentes de quienes esperan a su persona desaparecida es si estará comiendo. Una se sienta a la mesa del desayuno y, apenas da bocado, se pregunta si él o ella estará comiendo. Una se sirve el almuerzo y vuelve a pensar si no estará pasando hambre (…).

«La culpa como un ingrediente común en todas las comidas. ¿Cómo es posible que yo me coma este platillo, lo saboree, lo disfrute, si quizá el amor de mi vida, el fruto de mi vientre, mi compañero de vida no se ha llevado ni un pedazo de migajón a la boca?».

IX

«Se fríe la carne en una cacerola con manteca de puerco y se condimenta con pimienta, sal y ajo al gusto. Una vez frita la carne, picar y reservar. Mientras se cocina la carne, guisar los frijolitos para que al momento de servir estén calientes. Para la salsa se pica muy chiquito el tomate, la cebolla, el chile, el cilantro, se agrega la sal y poquito limón. Reservar. Para la guarnición, cortar el pepino y la lechuga en dados o rodajas».

X

Enrique Olvera dice que inmediatamente le platicaron del libro «Recetario para la memoria» y las razones por las que se hacía, se interesó.

«Siento que esta muy vinculado al trabajo que nosotros hacemos. A final de cuentas la comida, cuando se hace bien, se trata de generar comunidad, conexiones y memoria. Que es de lo que trata este libro: cómo a través de los platos las familias recuerdan a sus seres queridos desaparecidos».

XI

Mirna al principio no quería participar en el recetario.

«Zahara me habló del proyecto y me pareció muy bonito pero dije ‘yo no lo hago, me muero si cocino para Roberto otra vez’.

Fui la última que preparé la receta y la hice llorando, pero fue algo tan reconfortante, porque cuando yo le cocinaba, Roberto siempre me metía la mano, picaba, me comía la verdura, la carne…

«Y si partía la verdura muy grande me decía, ‘me voy a ahogar, pártala más chiquita’. Y era un pleito que teníamos, porque a él le gustaba comer las cosas antes y a mí no. Siempre le daba yo un manotazo… Gozaba yo cocinando, sentía que él estaba ahí, detrás de mí. De repente sentí que me iba a meter la mano en la cacerola (se ríe).

«Fue algo muy emotivo, muy fuerte. Cuando lo degustamos sentía que cada mordida que le daba yo a su pizzadilla él la disfrutaba también.

«Y después de eso muchas madres me han dicho: ‘Mirna, me hiciste recordar que a mi hijo le gustaba la machaca, el pozole, y lo cociné para él'».

Zahara GómezDerechos de autor de la imagen Gastón Bailo
Image caption Zahara Gómez.

XII

Dice Mirna que cada vez que hallaban una fosa esperaba encontrar a Roberto. Pero cuando veía que no era él «reía de gusto, porque pensaba que iba a volver, que iba a volver».

Hasta ese 14 de julio de 2017, tercer aniversario de su desaparición.

«A mí ya me habían dicho varias veces que buscara en ese lugar. Habíamos ido en dos ocasiones pero nada habíamos encontrado. En la tercera ocasión -era un lugar privado, teníamos que dejar los autos fuera- Roberto cumplía tres años de desaparecido. Nosotros honramos muy dignamente el cumpleaños de ellos y el día que desaparecieron.

«Entonces ese día decidimos ir a un lugar donde pudiera haber desaparecidos y fuimos. Caminamos dos kilómetros, se nos desmayó una señora. Estaba el sol espantoso. Eran las tres de la tarde y ya íbamos a buscar alimentos e hidratantes cuando me llegó un mensaje: ‘Señora, no se salga, no se vayan. Busquen, busquen en el cerro. Ahí hay un cuerpo.

«Yo pedí a las mujeres autorización para seguir buscando porque era un día especial para mí, un día que me dolía mucho. Tres años sin Roberto, tres años de silencio, de impunidad. Y las mujeres, tan hermosas, dijeron ‘vamos a buscar, vamos’.

«Seguimos caminando, nos acomodamos en forma de abanico y rodeamos el cerro. Avanzamos. Uno de los señores de repente gritó (la voz de Mirna se quiebra) aquí está un cráneo… Estaba parte del cráneo de Roberto, colgado en un árbol.

«Y de repente… (relata entre lágrimas) No sé, a veces dicen que estamos locas… De repente yo empecé a oler el aroma de Roberto. Y dije: ‘es Roberto’. Y corrí y corrí, parecía que no tocaba el suelo. Y cuando llegué lo primero que vi fue su gorra y parte de las cosas que él vendía.

«Yo quería encontrar a mi hijo, lo quería encontrar…, pero no así .Y cuando vi sus cosas ahí tiradas y una fosa en la que no había nada, casi vacía… Me salía sangre de los dedos queriendo sacar más. Solamente encontramos vértebras, parte de su brazo y la parte del cráneo que estaba ahí arriba. Encontramos sus calcetines atados con una cinta».

Dos semanas después, un examen de ADN confirmó lo que su corazón de madre le había dicho desde el principio: era Roberto.

BúsquedaDerechos de autor de la imagen Zahara Gomez
Image caption Un punto diminuto en el vasto paisaje. La inmensidad del trabajo de las rastreadoras.

XIII

«Por último se preparan las tortillas. Estando extendidas se les pone la salsa, el queso, la carnita picada y se ponen en una cacerola y al comal. Se voltean un par de veces hasta que el queso queda bien derretido. Se sirven en un plato partidas a la mitad acompañadas de la guarnición».

XIV

«Regresé el 26 de agosto a ese cerro y encontré otras partecitas de mi hijo. El 27 lo velamos y el 28 de agosto lo llevé a tierra santa. Le cumplí la promesa de que lo iba a encontrar».

«Lo sepultamos con la música que el vendía, en un lugar cerca de su abuelo (rompe a llorar) lo sepulté en un ataúd hermoso, hermoso. Mucha gente se preguntaba por qué, si eran solo cinco o seis partecitas… Mi hijo se lo merecía… y yo sé que él está muy orgulloso de su madre, de todo lo que hacemos. Yo siento que cada vez que encontramos un tesoro, él sonríe».

Las madres que conforman las Rastreadoras nunca hablan de buscar cuerpos, o desaparecidos. Siempre hablan de «tesoros».

XV

Con el libro ya listo para salir, Zahara se dio cuenta de algo especial: aparte de los chefs Enrique Olvera, Eduardo García y Oscar Herrera (indispensables para la financiación y difusión del proyecto) todas las demás involucradas son mujeres.

«Yo no lo busqué: me di cuenta con la maqueta ya hecha. Inclusive las correctoras de estilo, la diseñadora... Todas son mujeres. Me sorprendió mucho. Y recordé que en los equipos forenses de desaparecidos, la mayoría son mujeres».

Y a lo largo de América Latina, la inmensa mayoría de grupos que buscan desaparecidos han sido fundados y conformados por mujeres, desde las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, a las Madres de Atacama de Chile y las Madres de la Candelaria de Colombia.

XVI

En seis años, las Rastreadoras han encontrado 207 cuerpos sólo en el norte de Sinaloa.

«Ahora con lo de la pandemia -dice Mirna- muchas mujeres se enfermaron mentalmente porque no podían salir. Para nosotras salir a buscar es como la mejor terapia que nos pueden dar porque nos da una esperanza grande, ¿sabes? Las que ya encontramos seguimos en agradecimiento a las que nos ayudaron a encontrar y pues las que no han encontrado, imagínate, con qué ganas van y buscan a su tesoro».

XVII

«Yo estoy segura de que México es una fosa gigante. Hay un chico que está haciendo un documental y me preguntó cómo le gustaría que le pusiéramos , y le dije Caminando sobre muertos, porque así es, tristemente. Me dijo ‘no, es muy fuerte’.

«La película se va a llamar ‘Te nombré en el silencio'».

XVIII

PizzadillasDerechos de autor de la imagen Zahara Gómez

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Este artículo es parte del Hay Festival Querétaro digital, un encuentro de escritores y pensadores que se realizó del 2 al 7 de septiembre de 2020.

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