Cómo Abiy Ahmed pasó de ganar el Nobel de la Paz a declarar una guerra civil en menos de un año

El primer ministro etíope Abiy Ahmed Ali posa con medalla y diploma después de recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, Noruega, el 10 de diciembre de 2019 (NTB Scanpix/Hakon Mosvold Larsen vía REUTERS)

El primer ministro etíope Abiy Ahmed Ali posa con medalla y diploma después de recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, Noruega, el 10 de diciembre de 2019 (NTB Scanpix/Hakon Mosvold Larsen vía REUTERS)

“Mi visión de la paz está enraizada en la filosofía del Medemer, una palabra amhárica que significa sinergia, convergencia y trabajo en equipo para un destino común (…) Me gusta pensar en Medemer como un pacto social para que los etíopes construyamos una sociedad justa, igualitaria, democrática y humana (…) En la práctica, Medemer se trata de utilizar lo mejor de nuestro pasado para construir una nueva sociedad y una nueva cultura cívica que prospere en la tolerancia, la comprensión y el civismo”.

Abiy Ahmed acababa de recibir la medalla y el diploma de manos de Berit Reiss Andersen, presidenta del Comité Noruego, que le concedió el Premio Nobel de la Paz por considerarlo el “principal arquitecto” de las negociaciones que pusieron fin a décadas de guerra y disputas fronterizas entre Etiopía y Eritrea.

Si bien el primer ministro etíope se refirió al conflicto con su vecino y dijo que compartía la distinción con Isaias Afeworki, presidente eritreo, gran parte de su discurso de aceptación se centró en sus planes de pacificación al interior de Etiopía, un país desgarrado por muchos años de guerra civil. “En el fondo, Medemer es un acuerdo que persigue la paz practicando los valores del amor, el perdón, la reconciliación y la inclusión”, dijo Ahmed el 10 de diciembre pasado, cuando recibió el galardón.

El presidente de Eritrea, Isaias Afwerki, recibe una llave del primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, durante la ceremonia de inauguración que marca la reapertura de la embajada de Eritrea en Adís Abeba, Etiopía, el 16 de julio de 2018 (REUTERS/Tiksa Negeri/Archivo Foto)
El presidente de Eritrea, Isaias Afwerki, recibe una llave del primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, durante la ceremonia de inauguración que marca la reapertura de la embajada de Eritrea en Adís Abeba, Etiopía, el 16 de julio de 2018 (REUTERS/Tiksa Negeri/Archivo Foto)

Menos de un año después, el líder de 44 años, que sorprendió a Etiopía y al mundo son sus reformas democráticas y sus iniciativas pacifistas, ordenó una serie de acciones militares que probablemente terminen en una guerra civil. El blanco es el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPFL por la sigla en inglés), una organización política armada que dominaba la política etíope desde 1991, pero que quedó marginada con el nombramiento de Ahmed como primer ministro, el 2 de abril de 2018.

Recluidos en la región de Tigray, en el norte del país —precisamente en la frontera con Eritrea—, los líderes del TPLF decidieron desconocer la autoridad de Ahmed luego de que este suspendiera indefinidamente las elecciones por la pandemia. Dos semanas atrás, atacó un cuartel militar, lo que terminó de convencer al mandatario de lanzar la ofensiva contra el grupo.

Soldados etíopes se preparan para el combate en Tigray (EFE/Ibrahim Elmi/Archivo)
Soldados etíopes se preparan para el combate en Tigray (EFE/Ibrahim Elmi/Archivo)

“Ningún político etíope puede ser realmente pacifista, dada la historia del país en los últimos 30 años. Pero es justo decir que el Primer Ministro ha tratado de evitar el conflicto en la medida de lo posible. Esta disputa se está gestando desde hace mucho tiempo y refleja su lucha por obtener el control total de la toma de decisiones. Ahmed ha adoptado muchas estratagemas para forzar la salida de los tigray de los puestos de poder en su gabinete. El hecho de que la lucha haya estallado ahora en un conflicto abierto se debe más a la renuencia final del TPLF a aceptar los límites impuestos que a una política de Ahmed”, explicó David M. Anderson, profesor de historia africana de la Universidad de Warwick, consultado por Infobae.

Desde que comenzaron los combates, cientos de personas murieron y decenas de miles fueron desplazadas. El Gobierno cree que puede descabezar al TPLF rápidamente, pero muchos observadores advierten que tiene la fuerza suficiente como para arrastrar al país a una larga y cruenta guerra.

El conflicto ya se internacionalizó y amenaza con causar un desastre humanitario en África Oriental. Se estima que cerca de 30.000 etíopes cruzaron a Sudán en busca de asilo y es inminente la intervención militar de Eritrea, luego de que el TPLF atacara su territorio, acusando al país de colaborar con Ahmed en su contra.

De la guerra al Nobel de la Paz

Con 109 millones de habitantes, Etiopía es la segunda nación más poblada de África, después de Nigeria. Como casi todos sus vecinos, es un país multiétnico y multireligioso. Los oromo son el grupo étnico más numeroso, seguido de los amhara, los somalíes y los tigray. La mayoría de la población es cristiana, aunque también hay una importante minoría musulmana.

Etiopía es uno de los pocos países de África que se mantuvo independiente durante la colonización europea del siglo XIX. Es cierto que Italia conquistó gran parte de lo que hoy es Eritrea, que antes pertenecía a Etiopía, y que incluso ocupó brevemente el país entre 1936 y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero más allá de esas excepciones, entre 1270 y 1974 se mantuvo en pie el Imperio Etíope, llamado habitualmente Abisinia.

El último emperador fue Haile Selassie, que se sostuvo en el trono durante 44 años, hasta que en 1974 lo derrocó un golpe de Estado liderado por el Derg, el Gobierno Militar Provisional de la Etiopía Socialista. Esta junta militar, integrada esencialmente por soldados de rango medio y bajo, impuso un régimen comunista con el apoyo de la Unión Soviética.

Haile Selassie I fue emperador de Etiopía de 1930 a 1974 (Foto del Archivo de Historia Universal/Shutterstock)
Haile Selassie I fue emperador de Etiopía de 1930 a 1974 (Foto del Archivo de Historia Universal/Shutterstock)

En 1987, el Derg fundó la República Democrática Popular de Etiopía, que seguía los lineamientos soviéticos en lo esencial de su organización política y económica. Pero no duró mucho. El fin del imperio coincidió con el comienzo de una guerra civil en el país. Las organizaciones que representaban a los principales grupos étnicos se alzaron contra el modelo de sociedad que quería imponer el Derg y contra la represión brutal y generalizada que lo caracterizó.

El Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), que nucleaba a muchas de esas organizaciones, destronó a la junta militar del Derg en 1991 y puso fin a la guerra civil y a la aventura comunista. Compuesto por el TPLF, el Partido Democrático Oromo (ODP), el Partido Democrático Amhara (ADP) y el Movimiento Democrático del Pueblo Etíope del Sur (SEPDM), el EPRDF estableció un sistema de gobierno basado en el federalismo étnico.

La idea era que cada región y cada etnia mantuviera cierta autonomía y al mismo tiempo tuviera representación en el gobierno nacional. Sin embargo, una primaba por sobre las otras. A pesar de tener una población de solo 7 millones de habitantes, los tigray se convirtieron en el grupo dominante, gracias al poder político y militar cosechado por el TPLF. Esa coalición inestable se sostuvo hasta 2018, cuando emergió la figura de Abiy Ahmed, un líder muy diferente a sus antecesores.

Hailemariam Desalegn, ex Primer Ministro de Etiopía (REUTERS/Gbemileke Awodoye)
Hailemariam Desalegn, ex Primer Ministro de Etiopía (REUTERS/Gbemileke Awodoye)

“El TPLF era la fuerza dominante en el anterior partido gobernante, el EPRDF. El movimiento dominó la política etíope por más de dos décadas después de su llegada al poder en 1991. Durante gran parte de la historia moderna de Etiopía, Tigray fue una periferia empobrecida, ya que Etiopía estaba dirigida en gran medida por los amhara. El TPLF invirtió esa situación tras una larga lucha de liberación entre mediados de 1970 y 1991, por lo que siente con especial intensidad su reciente marginación”, dijo a Infobae Richard Reid, profesor de historia africana de la Universidad de Oxford.

Ahmed pertenece a la etnia oromo, que nunca antes había puesto a un primer ministro. Su historia es muy singular. Su padre era musulmán, pero su madre cristiana, así que nació con la tolerancia religiosa inoculada. Desde joven empezó a militar en las filas del ODP y llegó a combatir en la lucha contra el Derg. Tras el triunfo de los rebeldes, se unió al Ejército, donde se especializó en el área de inteligencia.

Al mismo tiempo, empezó a estudiar. Primero se graduó en ingeniería informática, luego hizo una maestría en liderazgo en la Universidad de Greenwich y finalmente obtuvo un doctorado en filosofía. La experiencia militar, la notable formación y una indudable habilidad política le permitieron escalar muy rápido.

Debretsion Gebremichael, Presidente Regional de Tigray, el 26 de junio de 2019 (REUTERS/Tiksa Negeri)
Debretsion Gebremichael, Presidente Regional de Tigray, el 26 de junio de 2019 (REUTERS/Tiksa Negeri)

En 2008 fue uno de los creadores de la Agencia de Información y Seguridad en la Red. Dos años más tarde, entró al Parlamento. En 2015 fue nombrado ministro de Ciencia y Tecnología y al año siguiente asumió como vicepresidente de la región Oromia.

Tras años de protestas masivas contra el autoritarismo y la discriminación contra los oromo y los amhara, que constituyen la mayoría de la población, el primer ministro Hailemariam Desalegn renunció al cargo y a la presidencia del EPRDF el 15 de febrero de 2018. Por primera vez desde 1991, se abrió el espacio para una elección competitiva por el liderazgo del EPRDF. Abiy Ahmed, ya una figura popular, se impuso claramente ante Debretsion Gebremichael, jefe del TPLF, en la votación de la que participaron los principales dirigentes de los cuatro grandes partidos. El 2 abril de 2018 fue elegido primer ministro por el Parlamento.

“El conflicto entre Ahmed y el TPLF comenzó como una pelea entre un nuevo gobierno con ansias de reforma y la vieja elite, que fue dejada de lado. Las protestas a partir de 2015 contra lo que se consideraba un gobierno autoritario y represivo dominado por el TPLF condujeron al surgimiento de Ahmed como nuevo líder del partido y primer ministro. Los jefes del TPLF fueron expulsados de los puestos centrales del partido y del aparato estatal, y se iniciaron investigaciones sobre presuntos abusos y corrupción. Como resultado, el TPLF se retiró a su estado regional en el norte del país, Tigray”, contó a Infobae Lovise Aalen, politóloga especializada en el Cuerno de África y directora de investigación del Chr. Michelsen Institute de Bergen.

El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed (EFE/EPA/MIKHAIL METZEL / SPUTNIK)
El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed (EFE/EPA/MIKHAIL METZEL / SPUTNIK)

Ahmed demostró rápidamente ser un ambicioso reformista. En el plano internacional, buscó sellar la paz con Eritrea, una cuenta pendiente desde hacía mucho tiempo. El conflicto se remonta hasta el fin de la era colonial, cuando los eritreos empezaron a reclamar la independencia plena de Etiopía. En 1961, el Frente de Liberación de Eritrea se alzó en armas. Primero luchó contra el emperador Selassie y luego contra el Derg. En 1977 fue desplazado por el Frente de Liberación del Pueblo Eritreo (EPLF), que se transformó en un aliado táctico del EPRDF en su disputa contra la junta militar.

En 1991, con el colapso de la República Democrática Popular de Etiopía, Eritrea obtuvo la independencia de hecho, que se oficializó dos años más tarde. Desde ese momento, es gobernada por Isaias Afwerki, que forjó uno de los regímenes más opresivos del planeta, en el que ni siquiera hay elecciones de mentira. Más allá de la alianza circunstancial con el EPRDF, las relaciones con Etiopía nunca dejaron de ser tensas, por las continuas disputas territoriales.

En junio de 2018, a solo cuatro meses de haber asumido, Ahmed anunció que estaba dispuesto a cederle a su vecino el pueblo fronterizo de Badme, que ambas partes reclamaban para sí, impidiendo un acuerdo definitivo. En julio, Ahmed viajó a Asmara, capital eritrea, y fue el primer mandatario etíope en reunirse con Afwerki en dos décadas, para firmar la Declaración Conjunta de Paz y Amistad, que restableció las relaciones diplomáticas y el intercambio entre los países.

El presidente de Sudán del Sur Salva Kiir (derecha) camina con el presidente de Eritrea Isaias Afwerki (2º izquierda) y el primer ministro de Etiopía Abiy Ahmed (centro) a su llegada al aeropuerto internacional de Juba (Foto de AKUOT CHOL / AFP)
El presidente de Sudán del Sur Salva Kiir (derecha) camina con el presidente de Eritrea Isaias Afwerki (2º izquierda) y el primer ministro de Etiopía Abiy Ahmed (centro) a su llegada al aeropuerto internacional de Juba (Foto de AKUOT CHOL / AFP)

A las puertas de una nueva guerra civil

“Hay quienes sugieren que la imagen pacifista de Abiy fue siempre un poco engañosa —dijo Reid—. Es un personaje duro, y no llegó a donde está sin ser brutal cuando tuvo que serlo. Es alguien selectivamente reformista. La pacificación con Eritrea tenía sentido táctico. Pero ahora está decidido a aplastar la insurgencia disidente en Tigray, ya que amenaza toda la base de sus reformas políticas, su autoridad y la propia cohesión de Etiopía, sobre todo porque quiere redefinir el país en términos unitarios. Presumiblemente también cree que puede hacer frente a la situación del TPLF con relativa rapidez, una hipótesis muy peligrosa, especialmente si Eritrea se involucra”.

En el plano doméstico, Ahmed lideró un proceso de democratización que incluyó la liberación de miles de presos políticos y la derogación de una ley antiterrorista usada para reprimir cualquier disidencia. La reforma más importante fue la decisión de terminar con el federalismo étnico para pasar a un orden político más centralizado, no diferenciado según la mayoría étnica de las distintas regiones del país.

Como parte de ese plan, propuso a sus socios políticos disolver el EPRDF y fundir a las cuatro fuerzas políticas en una nueva, el Partido de la Prosperidad. Tres estuvieron de acuerdo, pero no el TPLF, que consideró a la totalidad del programa como un intento para licuar su influencia sobre la política nacional. Confirmaron la sospecha la apertura de causas judiciales por irregularidades cometidas por algunos de sus líderes y el desplazamiento de muchos de ellos de cargos importantes.

Varios miembros de la Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía se preparan para una misión en Sanja, en la región de Amhara cerca de la frontera con Tigray, Etiopía, el 9 de noviembre de 2020 (REUTERS/Tiksa Negeri)
Varios miembros de la Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía se preparan para una misión en Sanja, en la región de Amhara cerca de la frontera con Tigray, Etiopía, el 9 de noviembre de 2020 (REUTERS/Tiksa Negeri)

El TPLF se recluyó en Tigray, su bastión. La ruptura con el gobierno central era cuestión de tiempo y se produjo cuando se anunció que no se celebrarían elecciones este año por la pandemia. Fue la excusa que el TPLF necesitaba para desconocer la autoridad de Ahmed, con el argumento de que estaba prolongando su permanencia en el cargo ilegítimamente. La convocatoria a elecciones regionales no reconocidas por Adís Abeba y el rechazo de un general enviado por el comando central para hacerse cargo de las fuerzas de la región fueron el preludio del ataque de este mes.

Ahmed buscó una resolución pacífica a las provocaciones ilegales e inconstitucionales del gobierno regional de Tigray, pero el TPLF rechazó los llamamientos y las resoluciones de la Junta Electoral Nacional para prorrogar el plazo de las elecciones nacionales por el covid-19. Celebró una elección regional con el fin de crear un estado separado, de facto, y luego atacó el cuartel de las tropas federales en Mekele, la capital de Tigray, con el fin de cortar las relaciones con el gobierno federal. Después de tratar de llevar al TPLF a una mesa de negociación durante casi dos años, el Primer Ministro no tuvo más remedio que defender la integridad del país y controlar el intento secesionista del TPLF, que amenazaba con crear un efecto dominó en otras partes del país”, sostuvo Aregawi Berhe, investigador del Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Leiden, consultado por Infobae.

Debretsion Gebremichael asegura que la parte agresora es el gobierno y pidió la intervención de la Unión Africana. Pero el viernes a la mañana sus tropas dispararon misiles cerca de Bahir Dar, capital de la región de Amhara. Fue la respuesta al avance del Ejército sobre Tigray, donde capturaron varios pueblos y se acercan a Mekele. En su defensa, el TPLF denunció que un ataque aéreo del gobierno en una universidad de la ciudad dejó varios estudiantes heridos.

Miembros de la Fuerza Especial de Amhara regresan a la base militar de la 5ª división mecanizada de Dansha después de luchar contra el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), el 9 de noviembre de 2020. (REUTERS/Tiksa Negeri)
Miembros de la Fuerza Especial de Amhara regresan a la base militar de la 5ª división mecanizada de Dansha después de luchar contra el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), el 9 de noviembre de 2020. (REUTERS/Tiksa Negeri)

Ahmed dejó el tono pacifista en Oslo. “Estamos apelando a la fuerza como la última medida para salvar al pueblo y al país”, dijo luego de rechazar los llamados internacionales a desescalar el conflicto y sentarse a negociar.

El Primer Ministro parece convencido de que puede conseguir una victoria rápida, que fuerce a Gebremichael y a sus lugartenientes a una rendición incondicional. Pero su pronóstico puede ser excesivamente optimista. Hay muchos expertos en la región que creen que el TPLF cuenta con el arsenal y la preparación para resistir durante mucho tiempo. Y las consecuencias de un enfrentamiento prolongado serían devastadoras para el país y para los alrededores.

“En esta región siempre está el peligro de que los conflictos arrastren a los países vecinos, y las relaciones entre Eritrea y Etiopía siguen siendo especialmente delicadas. Desde la óptica de Eritrea, las diferencias se intensificaron mucho en el pasado especialmente por acciones de los tigray, por lo que son muy reales las perspectivas de que Asmara se involucre de alguna manera. Por otro lado, el TPLF considera a Eritrea como su enemigo. Los eritreos no quieren correr el riesgo de que esto se convierta en un movimiento secesionista y ciertamente actuarán para evitarlo. Si bien es muy improbable que esto dé lugar a una guerra con Etiopía, puede que la participación de Eritrea profundice y prolongue cualquier conflicto entre el estado central etíope y Tigray”, advirtió Anderson.

Etíopes que huyeron de la guerra en la región de Tigray, hacen cola para recibir raciones de alimentos en el campamento de Um-Rakoba, en la frontera entre el Sudán y Etiopía, en el estado de Al-Qadarif, Sudán, el 19 de noviembre de 2020. (REUTERS/Mohamed Nureldin Abdallah)
Etíopes que huyeron de la guerra en la región de Tigray, hacen cola para recibir raciones de alimentos en el campamento de Um-Rakoba, en la frontera entre el Sudán y Etiopía, en el estado de Al-Qadarif, Sudán, el 19 de noviembre de 2020. (REUTERS/Mohamed Nureldin Abdallah)

Si Eritrea se viera arrastrada a participar las proyecciones se vuelven incluso más preocupantes. Gebremichael dijo que el aeropuerto que atacó en Asmara era un objetivo válido, porque estaba siendo utilizado por tropas etíopes como base de operaciones para lanzar la ofensiva contra Tigray. La reiteración de episodios similares podría comprometer el proceso de paz por el que Ahmed fue premiado hace menos de un año. Aunque es cierto que las circunstancias son ahora diferentes a las de la guerra de independencia.

“Desde el comienzo —dijo Aalen— el TPLF ha sostenido que Afwerki apoya directamente a Ahmed porque comparten el objetivo de erradicar al TPLF como fuerza política. Ha habido informes no confirmados de que tropas eritreas se están desplazando a través de la frontera hacia Tigray, y que han disparado misiles en la región. Esto ha sido rechazado por Ahmed. Sin embargo, un portavoz del gobierno admitió que las fuerzas etíopes han utilizado el territorio eritreo para una retirada estratégica, antes de volver a Tigray. Por lo tanto, el TPLF considera que Eritrea es un blanco legítimo, así que el conflicto ya está internacionalizado. Pero la participación de Eritrea ya no es como antes, cuando estaba en guerra con Etiopía, sino que ahora hay un frente común entre los dos países contra una subunidad etíope, Tigray”.

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