«Colombia es el único país en el mundo que nació a partir de la visión de la historia natural»

  • Alejandro Millán Valencia
  • Especial@HayFestivalArequipa

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Wade Davis es antropólogo, escritor que ha recorrido ampliamente el continente americano.

«… los caimanes que se hacían los muertos con las fauces abiertas durante horas y horas en los barrancos de la orilla para sorprender a las mariposas, los loros con sus algarabías y los micos con sus gritos de locos se habían ido muriendo a medida que se les acababan las frondas, los manatíes de grandes tetas de madres que amamantaban a sus crías y lloraban con voces de mujer desolada en los playones eran una especie extinguida por las balas blindadas de los cazadores de placer».

Así describe, en los párrafos finales de «El amor en los tiempos del cólera», Gabriel García Márquez al río más importante de Colombia: el río Magdalena.

Con una extensión de más de 1.500 kilómetros, este poderoso afluente ha sido el centro de la construcción del país sudamericano.

Consciente de su importancia, el antropólogo y escritor canadiense Wade Davis decidió recorrerlo y contar sus impresiones en el libro «Magdalena, río de los sueños».

BBC Mundo conversó con él en el marco del Hay Festival de Arequipa 2020, que se realiza en forma virtual entre el 29 de octubre y el 8 de noviembre.

¿Por qué escribir este libro sobre Colombia?

Una de las principales motivaciones es que creo que en muchas partes la visión del país se ha reducido a una caricatura.

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El río Magdalena es el sustento de miles de pescadores que viven en su ribera.

O sea, la visión se limita a 50 años de guerra, 222.000 muertos, 7 millones de desplazados, millones más que huyeron del país.

Y lo cierto es que hay mucho más que eso.

Es un país de 50 millones de personas, donde la mayoría fue víctima de una guerra que solo fue posible por el tráfico de drogas, en especial cocaína; donde confluyeron fuerzas como las guerrillas, el paramilitarismo y el propio Estado.

Pero todo financiado por el dinero del narcotráfico.

Si no hubiera existido el dinero de la cocaína, posiblemente la historia sería otra. Y muchas de las desgracias que sufrió este país también recaen en las personas que traficaron y consumieron cocaína de forma ilegal en el extranjero.

Que ayudaron a explotar ese mercado negro de la droga.

Y a pesar de esas dificultades, Colombia logró mantener una democracia, una sociedad civil. Ciudades que avanzaron. Se crearon parques nacionales, se avanzó en la restitución de los derechos indígenas, que de alguna manera ayudó a su renacimiento.

Pasaron muchas cosas buenas en el país, mientras que afuera se sigue pensando que Colombia es un país lleno de violencia, drogas y guerra.

Y simplemente no es justo.

No es justo que a una amiga mía, que tuvo que huir de Medellín durante la época de Pablo Escobar, le dijeran en Miami que ella venía de un país paria, cuando en las fiestas a las que iba los jóvenes celebraban con cocaína. Ella no solo nunca consumió, sino que nunca tuvo un gramo de cocaína en sus manos.

Y ese peso lo llevan generaciones enteras de colombianos sobre sus hombros. Por eso mi deseo con este libro era hacer un relato sobre la verdad del país. Que sus desgracias no han sido solo su responsabilidad.

Wade Davis

La razón por la que Colombia existe como país es el río Magdalena. Colombia es un regalo del Magdalena»

¿Por qué escogiste el río Magdalena para contar esa realidad?

Tengo, desde hace muchos años, una relación muy especial con Colombia.

Recuerdo que cuando era joven, mi madre y yo viajamos desde Canadá a América Latina y lo que para muchos podía verse como un viaje exótico, con todo lo que eso conlleva, para nosotros fue como estar en casa.

Así me siento.

He recorrido el país durante estos años y he llegado a varias conclusiones.

Una de ellas es la enorme importancia que tiene el río Magdalena para Colombia, que no he visto en muchos otros países.

El Magdalena no es como el Mississippi, por poner un ejemplo. La razón por la que Colombia existe como país es el río Magdalena. Colombia es un regalo del Magdalena.

Y podemos utilizar esta metáfora de que la nación fue posible gracias al río, porque el Magdalena contiene todo lo bueno y todo lo malo del país.

Es cierto que fue el cementerio más grande Colombia y en sus regiones se vieron los escenarios de violencia más aterradores, pero a la vez ha sido la fuente de inspiración de cultura, poesía, música. La vida siempre retorna al río.

Por ejemplo, siempre se ha dicho que Colombia es la tierra de al menos 1.000 ritmos etnomusicales. Y como dice Carlos Vives, la madre de todos esos ritmos es el Magdalena.

La magia es habitual en la cuenca del río. Y eso tuvo influencia, entre otras cosas, en la literatura.

Yo creo que lo que hizo Gabriel García Márquez, quien amaba el río, fue observar y hacer un relato periodístico, porque la magia está latente en este lugar. El realismo mágico es puro periodismo en este caso.

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El río Magdalena es el mayor afluente de Colombia.

El libro parte de Bocas de Ceniza, el lugar donde el río termina su recorrido. ¿Por qué?

Bueno, eso tiene que ver con la importancia de lo indígena en el país.

Una de las cosas que aprendí durante mis recorridos por Colombia es el rol que tienen los hermanos mayores arhuacos o mamos, en la revitalización de su cultura y la importancia de lo indígena dentro del entorno donde viven.

Recuerdo que cuando vine a Colombia, en la década de 1970, algunos de los familiares de amigos colombianos me dijeron que por qué me iba a vivir a donde «esa gente sucia», en referencia a los indígenas.

Ahora, los últimos cuatro presidentes de Colombia han visitado a los arhuacos en sus territorios, porque ellos han entendido que estos pueblos son el símbolo de la continuidad del patrimonio cultural del país. De un país que tiene muchos problemas.

Y es increíble ver que, 500 años después de que los europeos llegaran a las playas de Colombia, hay gente que los españoles nunca pudieron conquistar. Y ellos son los descendientes del orgullo del sol.

Esas personas siguen creyendo que sus rituales mantienen el balance cósmico en el mundo. Ellos me enseñaron que el agua que fluye por el río tiene el mismo sentido que la sangre que fluye por nuestro cuerpo. Y estoy de acuerdo con ellos cuando señalan que todos somos parte de un mismo ciclo hidrológico.

Por eso cuando me di cuenta que ellos hacen varios de esos rituales en el lugar donde el Magdalena desemboca en el mar, me pareció el lugar perfecto para empezar mi libro.

Además, supe después, originalmente ellos hacían peregrinajes al lugar donde se origina el río, unos 1.500 kilómetros hacia el sur.

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El río Magdalena fue el principal sistema de transporte durante muchos años en Colombia.

Mi amigo el escritor Héctor Abad Faciolince me dijo que una de las formas en que se reconcilió con su país, después de que su padre fuera asesinado en Medellín, fue a través del río.

Según él, el Magdalena es una hermosa carta de amor para el país.

Hay una clara evidencia de la influencia del Magdalena en la construcción del país contada en su libro. ¿Cómo un río puede marcar tanto a un país?

Por geografía. Esa es la razón por la que hay tanto regionalismo en el país.

En términos geográficos y topográficos probablemente sea la nación más complicada en el planeta.

Eso la convierte en el país más biodiverso. Pero también en un tormento.

Por ejemplo, en el siglo XIX, todo lo que llegaba a la capital, Bogotá, era a lomo de mula, así se transportaban productos desde el río Magdalena.

En esos tiempos, cuando a la ciudad la llamaban la Atenas sudamericana, todo lo que había allí, desde la champaña hasta la vajilla china, cada electrodoméstico, cada pedazo de acero, de cemento, llegó por el Magdalena.

El río fue fundamental para el crecimiento no solo de Bogotá, sino de las otras grandes ciudades como Medellín, Cali, Manizales y, por supuesto, Barranquilla.

Todas esas ciudades estaban conectadas al río por tren y una ciudad que estaba en el puerto.

Y muchas veces el dominio por esas tierras ribereñas sirvió como fuente de conflicto.

El Magdalena medio fue una zona donde se vivieron escenas terribles debido a la guerra, y la ausencia del Estado que se notó allí por años.

Es cierto que los colombianos, como usted dice en el libro, no le dan tanta importancia a los páramos, que es donde nace el río Magdalena. ¿Por qué deberían hacerlo?

Tal vez no le dan la importancia que merecen porque desconocen lo especial que son estos ecosistemas.

Solo basta mirar territorios en Perú o Bolivia a la misma altura: son tierras áridas, secas.

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«El Magdalena es el espejo donde se refleja el alma del país».

Mientras que en Colombia están permanentemente húmedos, son la fuente de agua del país. Y además tienen ese paisaje maravilloso, como de un cuento de hadas o de esas historias fantásticas como Harry Potter o el Señor de los Anillos.

Yo sé que también hay páramos en Ecuador y Venezuela, pero la gran mayoría están en Colombia. Y la mayoría de los ríos nacen en los páramos, lo que no es otra cosa que otra evidencia de la poderosa riqueza que tiene el país.

Señalas que el río logra unir a las personas de un modo que no logra por ejemplo la política, ¿por qué crees que es así?

Wade Davis

Colombia es el único país en el mundo que nació a partir de la visión de la historia natural»

Lo digo a partir de una idea que se nos ocurrió a una amiga y a mí sobre la limpieza del Magdalena.

Durante años ha habido estas campañas del gobierno que hablan sobre regulaciones y programas para limpiar finalmente el río.

Pero nuestra campaña hablaba de una sola cosa: limpiar el Magdalena es un acto de patriotismo. Y eso logró unir a personas de distintos espectros políticos.

Una cosa: Colombia es el único país en el mundo que nació a partir de la visión de la historia natural. Bolívar, para liberar al país del yugo español, utilizó los mapas que había trazado Alexander Von Humboldt en su recorrido por la Nueva Granada.

Su independencia parte, en gran medida, de su historia natural.

Por supuesto que en este empeño de limpiar el río hay un ánimo de cuidar la naturaleza, de no ser egoísta y cuidar algo que incumbe a todos.

Y el que no lo haga, pues casi que se puede sentir que está cometiendo un acto de traición.

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Desde tiempos ancestrales hay una estrecha relación entre los pueblos indígenas y el río Magdalena.

Tu amigo Juan G. Benítez, quien te acompaña en el recorrido en el libro, llama al río Magdalena «el cementerio más grande de Colombia». ¿Qué encontrastede esta relación entre el río y la violencia que vivió este país?

Como todos los grandes ríos, el Magdalena es el espejo donde se refleja el alma del país.

Con el profundo conflicto, ha sido su cementerio más grande. Eso es cierto.

Pero a la vez ha servido como lugar de redención. Por eso la idea de limpiar el río no es algo que se me haya ocurrido de la nada; es realmente por lo que dicen todos los que viven en sus orillas: limpiar el río también es un símbolo de paz.

De los músicos que viven en los pueblos ribereños. De los pescadores y los campesinos que sobrevivieron masacres horrorosas.

Es un lugar donde, a pesar de todos los muertos que se ha llevado, el agua sigue fluyendo. Y de forma espontánea, ha servido también para que muchos curen sus heridas.

Muchos me dicen que el río debe curar las heridas del país.

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El río fue uno de los grandes escenarios de la guerra que vivió Colombia durante más de 50 años.

Porque hay que tener claro, cuando esas fuerzas siniestras, especialmente los paramilitares, lanzaban un cuerpo al río y convertían al Magdalena en el cementerio más grande del país, le causaban una doble muerte a esa persona.

La física y la espiritual.

La espiritual porque nunca podrían tener sus ritos finales y eso para un católico haría que nunca pudieran salir del purgatorio.

Colombia es un país profundamente católico y este tipo de hechos tienen un enorme significado.

Ese fue otro de los motivos que unió a las personas alrededor del río, incluso frente a los paramilitares.

Conocí el caso de una ciudad ribereña, Puerto Berrío, donde la gente se enfrentó a los paramilitares que les habían ordenado que no sacaran los cuerpos que llegaban al puerto.

No importaron las creencias políticas. La gente sacó los cuerpos y los llevaron al cementerio donde les dieron cristiana sepultura.

El libro parece una celebración de unos territorios donde ocurrieron hechos terribles por más de 50 años, ¿eres consciente de eso?

Este libro no es un blanqueo de lo que pasó en Colombia. Intenta ser un retrato real y empático con una de las maravillas de Colombia.

Mira, por ejemplo, el proceso de paz. Está en un momento precario por muchas razones, pero no porque no sea adecuado para el país.

Pero vuelvo a lo que dije en el principio: esta guerra fue financiada por la demanda de la cocaína que se consume en el extranjero.

Al igual que los temas de inmigración en la frontera sur de Estados Unidos.: fueron originados por el propio EE.UU. y su involucramiento en las luchas anticomunistas en la década de los 80 en Centroamérica.

Hay cosas que siguen sin recibir el nombre que merecen. Colombia aceptó en su territorio 1,8 millones de venezolanos. Les dio de comer, los ayudó con medicinas, les dio refugio. Eso, con un costo económico muy alto.

Y nadie le ha dado el reconocimiento que se merece por eso, que es algo simplemente extraordinario.

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Los habitantes del río comprenden que limpiar el Magdalena es un acto patriótico.

A lo largo del río nos encontramos con un poderoso sistema ecológico, ¿crees hoy que está en riesgo?

Más allá de si el Magdalena se va a limpiar o no, sigue siendo una maravillosa metáfora.

Además, si algo hemos aprendido con la pandemia del covid-19 es darnos cuenta de lo resiliente que es el planeta.

De repente vemos jabalíes por las calles de Barcelona, la gente en India puede ver las majestuosas montañas del Himalaya después de 30 años porque la polución del aire desapareció.

La Tierra es increíblemente resiliente. Lo único que tenemos que hacer es dejar de echarle basura al río. Él se limpiara solo.

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El Magdalena tiene una extensión de 1,528 kilómetros.

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