Biden: qué podrá hacer y qué no el nuevo presidente de EE.UU. con el control demócrata de la Casa Blanca y el Congreso de EE.UU.

  • Redacción
  • BBC News Mundo

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El Partido Demócrata controlará la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso al menos durante los primeros dos años del gobierno de Biden.

Joe Biden ya es presidente de EE.UU. y la ola azul con la que el Partido Demócrata quería arrasar en las elecciones del pasado noviembre llegó, lentamente, a las orillas de Washington.

«La democracia ha prevalecido», dijo Biden en su primer discurso como presidente, pronunciado este miércoles después de hacer el juramento del cargo ante el juez jefe de la Corte Suprema, John Roberts.

La exfiscal general de California y exsenadora por ese estado Kamala Harris se convirtió además en la primera mujer en llegar a la vicepresidencia de Estados Unidos.

El aterrizaje de los demócratas Biden y Harris en la Casa Blanca se ve acompañado de un legislativo también en manos de ese partido tras las victorias a principios de enero de los candidatos demócratas Raphael Warnock y Jon Ossoff en sus respectivas carreras por un escaño en el Senado por el estado de Georgia.

El triunfo azul (el color con el que se distingue al Partido Demócrata) en la elección especial hizo que se alcanzara un equilibrio de fuerzas en la Cámara Alta (50-50), donde la vicepresidenta Kamala Harris tendrá el voto definitivo en casos de empate.

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Raphael Warnock y Jon Ossoff asumieron sus escaños en el Senado este mismo miércoles 20 de enero.

Así las cosas, los demócratas controlarán la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso al menos durante los dos primeros años del gobierno de Biden.

¿Cuáles son las principales implicaciones de esto?

1. Esperanza para las políticas de Biden

Durante dos años, el Senado controlado por los republicanos bloqueó prácticamente todas las propuestas legislativas que llegaron de la Cámara de Representantes controlada por los demócratas.

Con la victoria en Georgia, ese bloqueo desparece.

Eso es una buena noticia para la amplia agenda legislativa de Biden en temas como la atención sanitaria, el medio ambiente, la economía y la reforma del gobierno, cuyas propuestas deberían sobrevivir su paso por la Cámara y al menos ser discutidas en el Senado.

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El gobierno de Biden y Harris tendrá más fácil sacar adelante su agenda con el control demócrata del Congreso.

No obstante, un empate de 50-50 en el Senado significa que no habrá barra libre para todas las propuestas demócratas.

Para empezar, no será sencillo para los demócratas sacar adelante medidas consideradas más radicales, como el Nuevo Acuerdo Verde, una reforma migratoria o un seguro de salud totalmente público.

Todavía existirá el requisito de contar con 60 votos para poder aprobar leyes de mayor peso y persistirán las tácticas obstruccionistas o dilatorias (el llamado filibuster), de las que podrán hacer uso los republicanos.

Leyes que solo necesiten el apoyo de una mayoría simple tendrán que satisfacer a demócratas centristas como Joe Manchin, de Virginia Occidental, o a los senadores independientes.

Hay decisiones que, a corto plazo, no se encontrarán con grandes obstáculos, como la aprobación de otra ronda de ayudas para paliar los efectos del coronavirus o la revocación de cualquier regulación promulgada por el gobierno de Trump en sus últimos meses de presidencia.

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Pese a la ventaja, a los demócratas les costará trabajo sacar adelante las propuestas del ala más a la izquierda del partido.

Otras medidas más profundas, como la prometida reforma migratoria que los últimos gobiernos no han sido capaces de sacar adelante, se ven como un gran desafío.

«Biden ha hecho de la reforma migratoria integral una alta prioridad de su gobierno, y su propuesta contiene varios aspectos que hace varios años gozaron de una mayoría bipartidista en el Senado, como por ejemplo un camino a la ciudadanía para los que han estado en el país por muchos años», le dice a BBC Mundo Cynthia Arnson, directora del Programa Latinoamericano en el Woodrow Wilson International Center for Scholars, un centro de estudios con sede en Washington DC.

«Hay mucho que se puede hacer unilateralmente -el fin de la separación de niños y padres, por ejemplo-, pero el debate sobre la migración ha girado mucho hacia la derecha durante el gobierno de Trump. No soy terriblemente optimista de que vaya a conseguir el consenso necesario en el Congreso para una reforma profunda e integral».

2. Luz verde para los nominados

Si bien la táctica del filibuster será una continua piedra en el zapato demócrata para temas de legislación, no se puede usar en las nominaciones presidenciales.

Esto significa que los elegidos por Biden para su gobierno, desde los miembros de su gabinete hasta otros puestos, podrán ser confirmados solo con los votos demócratas (más el desempate de la vicepresidenta).

Eso es una buena noticia para nominados que podrían ser controvertidos, como Neera Tanden, la mujer propuesta por Biden para la oficina de presupuesto.

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Raphael Warnock y Jon Ossoff son los últimos en incorporarse a la bancada demócrata del Senado.

Dado que varios republicanos centristas ya han dicho que en general acatarán las nominaciones del nuevo presidente, el camino de la mayoría de los candidatos se presenta fácil.

Lo mismo se puede decir sobre las nominaciones judiciales de Biden, incluidas las vacantes de la Corte Suprema que se puedan abrir en un futuro cercano.

En sus cuatro años de presidencia, Trump colocó 234 jueces en la rama federal, incluidos tres magistrados de la Corte Suprema. Esto conforma un legado que irá mucho más allá de su único mandato.

Biden, gracias a Georgia, debería tener la oportunidad de empezar a reducir distancias en ese campo.

3. Los vínculos con América Latina

Una de las principales líneas de ataque de Trump y los republicanos contra Biden y los demócratas durante la campaña fue presentarlo como un candidato socialista que iba a «convertir Estados Unidos en Venezuela».

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Los cubanos que apoyaron al presidente Trump observarán con atención las políticas del gobierno de Biden hacia la isla.

Por más que el presidente electo negó ser socialista o comunista, el mensaje de los republicanos caló en cierta parte del electorado que ahora observará con especial atención cuáles son sus políticas hacia gobiernos como los de Cuba o Venezuela.

En este sentido, Cynthia Arnson no anticipa que el gobierno de Biden vaya a emprender grandes cambios a corto plazo.

Para Arnson, es poco probable que Biden regrese a las políticas del gobierno de Barack Obama respecto a Cuba.

«Creo que trabajará por aumentar el apoyo al pueblo cubano. Se facilitará el envío de remesas y potencialmente se permitirán los viajes, acciones relacionadas con el contacto de persona a persona», le dice Arnson a BBC Mundo.

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No se esperan cambios inmediatos en la política de Estados Unidos hacia Cuba o Venezuela.

Respecto a Venezuela, la experta no espera tampoco una gran transformación, incluso aunque los demócratas cuenten con el control del ejecutivo y el legislativo.

«Veremos esfuerzos para conectar con la comunidad internacional, con el sistema de Naciones Unidas y la gente que está en terreno para ver cómo conseguir introducir más ayuda humanitaria en el país«, señala Arnson.

«Pero darle oxígeno al régimen de Maduro dándole más recursos al relajar las sanciones al sector petrolero, por ejemplo, no es algo que vaya a pasar fácilmente, a no ser que vaya acompañado de alguna concesión importante de parte del gobierno venezolano».

Arnson opina que el gobierno de Biden hará todo lo posible por mantener una excelente relación con su vecino de la frontera sur, México, cuya cooperación le resultará esencial para controlar el flujo de migrantes que intentan llegar desde Centroamérica.

4. Menor escrutinio

Otro de los beneficios de los que puede disfrutar Biden gracias a tener el control de las dos cámaras del Congreso es que los poderes de los republicanos para llevar a cabo investigaciones estarán disminuidos.

Con los demócratas al frente de los comités senatoriales, es poco probable que se abran investigaciones incómodas y potencialmente explosivas.

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A los republicanos les resultará difícil abrir investigaciones potencialmente explosivas sobre Biden.

El republicano de Wisconsin Ron Johnson no liderará el Comité de Supervisión del Gobierno, por lo que sus planeadas pesquisas sobre los manejos en China de Hunter Biden, hijo del presidente electo, y cualquier conexión con su padre desaparecerán.

Lo mismo se puede decir de Lindsey Graham y el Comité Judicial, que tenía previsto celebrar más audiencias sobre la llamada trama rusa de las elecciones de 2016 y los orígenes de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, que los republicanos y Trump calificaron de «caza de brujas».

5. Una nueva relación

Con la sombra de los últimos sucesos vividos en Washington DC y la incertidumbre de qué pasará con Trump cuando abandone la Casa Blanca, las relaciones de los republicanos con los demócratas en el nuevo gobierno son un gran signo de interrogación.

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Hasta ahora, el republicano Mitch McConnell no era solo la figura más poderosa del Senado, sino también una de las más temidas por los demócratas.

El optimismo inicial que despertaron los discursos de legisladores de ambas formaciones tras el asalto al Capitolio por parte de violentos seguidores del presidente saliente parece haberse desvanecido.

«Los republicanos con aspiraciones presidenciales para 2024 querrán capturar la base de Trump y van a posicionarse en sintonía con los temas más importantes para ese electorado», apunta Cynthia Arnson.

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