Benjamin Black se muda a San Sebastián

Solo quería darle a Quirke un respiro, dice. Quería apartarle del neblinoso y turbio Dublín de los años cincuenta y permitirle ser, durante un tiempo, feliz. “Pero Quirke está maldito”, dice. Todo lo que toca se rompe. O, mejor, “se convierte en tragedia”. Pero merecía unas vacaciones en San Sebastián. O eso es lo que argumenta cuando habla de la octava entrega de su serie sobre el solitario y nostálgico forense, llamada simplemente Quirke en San Sebastián (publicada por Alfaguara en castellano, y Bromera en catalán). “Yo también voy a exiliarme a España”, dice Benjamin Black. En realidad, el que lo dice es John Banville (Wexford, Irlanda, 75 años), hablando por su doble de papel. Un doble de papel que va a dejar de ser su doble en todas partes menos aquí.

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