Azaña, forjador de la España de hoy

La enorme figura de Manuel Azaña ha quedado reducida a unos cuantos tópicos y fue secuestrada durante años por la dictadura franquista. La exposición que hoy inaugura Felipe VI en la Biblioteca Nacional procura rescatar la imponente y compleja personalidad de un hombre que resume los afanes de esa España que quiso abrirse durante la primera mitad del siglo XX al mundo y convertirse en un país moderno. Fotografías, papeles, libros, revistas, algunas filmaciones, objetos: cada rincón de la muestra está lleno de resonancias y permite descubrir las múltiples aristas de una época cargada de acontecimientos, de conquistas y de fracasos, de explosiones de júbilo y de heridas que todavía están por cerrar. Azaña está ahí cuando la Restauración da sus últimos coletazos, asiste apesadumbrado a la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, es ya un político que empuja para que llegue la República —de la que es su figura esencial: ministro, jefe de Gobierno, presidente—, le estalla la Guerra Civil, sale al exilio, muere tras escapar de los nazis en Montauban. Ocurrió hace ochenta años, el 3 de noviembre de 1940.

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