Avión presidencial de México: por qué su sorteo no permitirá al gobierno librarse de él (y por qué algunos lo califican de «propaganda» para AMLO)

Sorteo del avión presidencialDerechos de autor de la imagen Reuters
Image caption Tras una intensa campaña mediática por parte del gobierno, el conocido como sorteo del avión presidencial se celebró este martes.

Cantando el número 5.349.161, los conocidos como «niños gritones» de la Lotería Nacional de México dieron inicio este martes a uno de los sorteos más esperados (y publicitados) de los últimos años en el país.

Popularizado como «sorteo del avión presidencial», podría pensarse que la iniciativa serviría al gobierno para deshacerse del que ha identificado como uno de los mayores símbolos de lujo y derroche de Ejecutivos anteriores.

Pero no será así. Porque en la rifa del avión… no se sorteó el avión.

El equipo del presidente Andrés Manuel López Obrador deberá seguir buscando comprador al Boeing 787-8 que costó US$218 millones cuando fue adquirido en 2012.

En su lugar, lo que se puso en juego fue el equivalente en dinero alvalor actual de la aeronave: 100 premios de 20 millones de pesos cada uno (unos US$95 millones en total, al cambio en la actualidad)

A beneficio del sistema de salud

También el fin solidario de la rifa se volvió, cuanto menos, enredado en opinión de muchos mexicanos.

AMLO anunció en febrero que lo recaudado gracias a la compra de boletos se destinará a comprar equipos médicos para hospitales.

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Image caption Los ganadores del sorteo de este martes se quedarán con las ganas de disfrutar del avión presidencial, para el que el gobierno sigue buscando comprador.

Pero, ante el ritmo de venta menor al esperado, el gobierno decidió comprar cerca de un millón de billetes para repartir entre centros médicos, con la condición de que el dinero se invierta en mejorar sus condiciones en caso de resultar premiado.

Es decir, el gobierno gastó su propio dinero para que los hospitales puedan optar a un premio -financiado, por otro lado, también con recursos del Ejecutivo-, en lugar de destinar directamente esa cantidad al sector de salud y no hacerlo depender del azar.

«Es un show total«, critica Duncan Wood, director del Mexico Institute en el Wilson Center.

«La idea de sacar beneficios para el sistema de salud mexicano no es mala, el problema es que el gobierno debería poner los recursos financieros sin necesidad de una rifa», le dice a BBC Mundo.

Pero López Obrador volvió a defender este lunes el sistema elegido para organizar el sorteo y su finalidad.

«Todo ese dinero, repito, va a ser para comprar equipos médicos, se va a hacer una licitación pública de cómo se va utilizar el dinero (…). Y se va a transparentar a dónde van a estar esos equipos, a qué hospitales van, va a quedar un inventario para que la gente sepa dónde quedó su aportación«, prometió.

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Image caption Lo recaudado con la venta de boletos se destinará al sector sanitario de México.

Al inicio del sorteo de este martes, la secretaria de Gobernación mexicana, Olga Sánchez Cordero, dijo sentirse «emocionada por ver la cantidad de gente que está con el presidente» y que quiere una transformación del país.

«Este sorteo será con ellos y para ellos y para la salud de todos los mexicanos, porque todo lo que se recaude se va a ir al sector salud», insistió.

Un símbolo contra gobiernos anteriores

El avión presidencial ha protagonizado una de las historias más excéntricas y rocambolescas en México de los últimos meses.

Ya desde antes de ser elegido como presidente, López Obrador calificó la lujosa aeronave como un «insulto al pueblo» y ejemplo de los excesos de presidentes anteriores.

«Ese avión no lo tiene ni Obama», es una de sus frases más recordadas.

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Image caption El avión presidencial cuenta con todo lujo de detalles.

Desde que accedió al poder, mantuvo su promesa de venderlo. Pero se encontró con que no era tan fácil lograr comprador para un avión modificado a capricho de sus predecesores en la presidencia.

En un mercado tan pequeño, el costo de acondicionarlo para que pueda volar de manera comercial es tan grande que resulta difícil atraer a personas interesadas.

«Según se informó en revistas del exterior, sí ha habido ofertas. Pero no por los US$130 millones que el gobierno quiere, sino por 60 o 70», le dice a BBC Mundo Luis Rubio, presidente del think-tank México Evalúa.

«Creo que no tendrán más remedio que aceptar algo como eso, porque el costo de gastos mensuales por el avión se va haciendo más grande cada vez», pronostica.

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Image caption El presidente de México sorprendió con su idea inicial de sortear el avión real entre la población.

En este difícil contexto para acabar con lo que se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza, el presidente desveló en enero una insólita propuesta: sortear el avión entre la población.

Las redes sociales mexicanas, claro, volvieron a derrochar ingenio y creatividad con múltiples bromas y memes en las que se preguntaban dónde pensaba el presidente que podrían estacionar el avión en caso de ganarlo.

Consciente de la imposibilidad de llevar a cabo su idea, el gobierno tuvo que cambiar de propuesta.

«Es que no les queremos entregar un problema sino entregar un premio, que lo disfruten», dijo en febrero AMLO cuando anunció la idea del sorteo de premios por valor del precio del avión.

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Image caption La idea de sortear el avión despertó el ingenio de cientos de internautas, que soñaban con cómo sería tener un avión en su casa.

Según Rubio, «el presidente vio el avión como un símbolo para calificar a gobiernos previos» que ha querido mantener en el tiempo como una especie de publicidad o propaganda a su favor. «Todo esto del sorteo es un engaño, una manera de distraer la atención al público».

«La verdad que hace parecer a México como un país que no es serio, con un gobierno que no es serio y que no atiende sus problemas reales», apunta Wood.

Pero también hubo quienes defendieron que la rifa no era más que una iniciativa simbólica y que lo importante era su finalidad benéfica.

«Con avión o sin avión, el sorteo intenta ser acto de solidaridad», tituló el periodista mexicano Julio Astillero uno de los videos subidos a su canal de YouTube cuando se conoció el anuncio.

Problema con las ventas

El gobierno puso entonces a la venta boletos con los que podría recaudar hasta 3.000 millones de pesos (unos US$142 millones, al cambio actual) y que se destinarían a comprar equipamiento para el sector sanitario, el cual sufre importantes carencias ya desde antes de la pandemia.

A cambio, este martes se pusieron en juego premios por el equivalente del costo del avión aportados por el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, una institución pública que se dedica a subastar bienes confiscados en operaciones contra la delincuencia y la corrupción.

El problema fue que la población mexicana resultó no estar tan entusiasmada por comprar uno de los 6 millones de boletos vendidos a 500 pesos (unos US$24) y, hasta el 12 de agosto, solo se había logrado vender un tercio de los números.

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Image caption Este lunes y martes se registraron filas de personas para comprar en el último momento uno de los «cachitos» para el sorteo del avión.

El gobierno hizo grandes esfuerzos para que las ventas aumentaran, como la cena con un centenar de empresarios que López Obrador organizó en febrero y en la que algunos invitados criticaron haberse encontrado con un documento en la mesa en la que se les pedía su compromiso a aportar un mínimo de 20 millones de pesos para la rifa.

A finales de agosto, el presidente se subió por primera vez al avión para grabar un video promocional en el que animaba a los mexicanos a participar. «Compra tu cachito, hagamos historia», decía.

La participación de los hospitales

Pero uno de los episodios más comentados en torno a esta historia fue el anuncio de que el Instituto de Salud y Bienestar (Insabi) compraría cerca de un millón de boletos (la sexta parte del total) para repartirse entre los hospitales.

«Si ganan un premio, los trabajadores de ese hospital van a decidir en qué utilizar los 20 millones: ya sea para equipos, para mejorar la situación del hospital, para uniformes, para protección del personal, para una ambulancia… para lo que ellos decidan», dijo López Obrador.

Ese dinero, dijo, se obtendría también de lo que entrega la Fiscalía General de la República por decomisos al Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.

Ante esta idea, muchos cuestionaron si no habría sido más conveniente que los hospitales recibieran directamente el monto económico gastado en la compra de billetes para la rifa.

«Hay un costo de procesamiento por la Lotería Nacional que el gobierno utiliza para comprar boletos, por lo que la entrega directa de la cantidad habría sido mucho más dinero para los hospitales. Esa es la contradicción cuando se trata de un engaño, no hay manera de resolver esto», critica Rubio.

Wood destaca que «algunos hospitales van a ganar algo, pero otros no van a ganar nada y van a sufrir por no tener los recursos necesarios. Eso no responde a las necesidades de pueblo sino a la probabilidad de ganar una rifa. Esto no es una política de salud seria».

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Image caption El presidente Enrique Peña Nieto recibió la aeronave que fue comprada inicialmente por su predecesor, Felipe Calderón.

Hasta el 11 de septiembre, se habían vendido el 69,65% de los boletos disponibles, según informó este lunes el director de la Lotería Nacional. «Cumplimos con la meta de obtener para pagar los premios», dijo López Obrador.

El gobierno aseguró que en caso de que algún número no vendido resultase ganador, el premio se daría al Insabi para adquirir equipos médicos.

A falta de conocer si algún centro médico fue uno de los afortunados en el sorteo celebrado este martes, las críticas continúan sobre si el sistema de salud mexicano se podría haber visto más beneficiado con una gestión diferente de esta iniciativa.

Pero sobre todo, lo que no ha conseguido aclarar la rifa del avión en la que no se sorteó el avión es el futuro de la aeronave presidencial.

«Todo esto ha sido un show que no resuelve nada, y en algún momento el presidente tendrá que decir algo sobre qué va a hacer con él», concluye Wood.

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