¿Así son las comedias de moda?

Cantaba Sabina que Madrid es esa ciudad “donde regresa siempre el fugitivo”. Pero yo entonces huía de otra. Y me instalé en Madrid con el corazón contento. Descubrí toda su geografía a principio de los años setenta. La culpa fue de los cines de barrio. Eran baratos y ofrecían programas dobles. Vendían placer, refugio y ensoñación. Podías estar en ellos toda la tarde. También recurría a veces a los pocos que estrenaban cine de arte y ensayo (¿a quién se le ocurriría definición tan ampulosa y tonta?) y visitaba cuando podía películas con irresistible atractivo que se estrenaban en la Gran Vía y en la calle Fuencarral. Creo haber visto por primera vez en el Cine Paz Chinatown, La guerra de las galaxias y Barry Lindon. También allí se bautizó comercialmente Ópera prima, obra de amigos míos y que, después de un par de días que parecían agónicos para ella, se convirtió en un éxito escandaloso.

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