Andrés Marín baila desde maitines hasta completas

“Tengo 51 años y una cabeza peligrosa. Nunca he tenido miedo a experimentar, a enfrentar el flamenco a nuevos instrumentos y composiciones ajenas”. Así de claro lo tiene Andrés Marín, un bailaor y coreógrafo osado desde el inicio de su carrera que con el tiempo se autoimpone mayores retos. Tanto como para atreverse con el caballero de la triste figura (su D. Qixote abrió la Biennale d’Art Flamenco de Paris en 2017) y para plantear La divina comedia, con la que estaba previsto que se clausurara esta edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla. Pero llegó el coronavirus y truncó los ensayos del macroespectáculo en el que Marín llevaba trabajando seis meses y que iba a contar con colaboraciones de Rocío Molina, Antonio Canales, José Antonio o La Tremendita, entre otros. Y como no podía ser de otra forma, el bailaor ha buscado un nuevo desafío al que enfrentarse, esta vez con un equipo reducido, que le permitirá estar presente en la Bienal: La vigilia perfecta, que se estrenará el 3 de octubre en La Cartuja.

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