Abel Ferreira ratifica el éxito de la escuela portuguesa en Brasil

La final de la Libertadores tendrá, por segundo año consecutivo, un entrenador portugués: en 2019 fue Jorge Jesus, que se llevó el título con el Flamengo, y ahora en la edición de 2020 (se ha prolongado al inicio de 2021 por el Covid-19) será Abel Ferreira, en el Palmeiras, después de eliminar al River Plate en unas semifinales para la historia.

El éxito de los dos entrenadores portugueses es un hecho sin precedentes que marca una tendencia en los banquillos brasileños. Quien fue el precursor fue el carismático Jorge Jesus en su etapa triunfal en el Flamengo entre 2019 y 2020, cuando conquistó cinco títulos: la Copa Libertadores 2019, en una final para la posterioridad contra el Rive Plate con dos goles in extremis de Gabigol (1-2), el Brasilerao 2019, la Recopa Sudamericana 2020, la Supercopa brasileña 2020 y el Campeonato Carioca 2020.

El Mengao encantó por su fútbol netamente ofensivo, su presión alta y su superioridad táctica. Jorge Jesus, que tuvo una adaptación en tiempo récord al fútbol brasileño, fue el primer entrenador portugués en ganar la Libertadores y una Liga en Sudamérica. Y los clubes brasileños miraron hacia la antigua metrópolis, como si fichar un técnico luso fuera garantía de éxito.

En 2020, el Santos optó por el veterano Josualdo Ferreira, que no pudo asentar al equipo en un momento institucional con muchas turbulencias. Fue despedido y Cuca, que llegó en agosto, obró el milagro de clasificar el Peixe para las semifinales de la Libertadores.

El Vasco da Gama, en permanente ebullición deportiva y política, fichó a Jorge Sá Pinto. Sin embargo, la aventura carioca del que fuera jugador de la Real Sociedad duró solo dos meses: de octubre a diciembre de 2020. Su lugar lo ha ocupado Vanderlei Luxemburgo, que ya estuvo en el club en 2019, y que, de momento, suma cuatro puntos de seis posibles en sus dos primeros partidos en el Brasileirao.

Un Palmeiras listo para la gloria

Lo de Abel Ferreira con el Palmeiras tiene un mérito terrible. El Verdao destituyó a Luxemburgo en octubre después de tres derrotas seguidas. La dirección deportiva, absolutamente sin rumbo, tardó casi tres semanas en encontrar un sustituto. Se barajaron mil nombres y, al final, se contrató al que era técnico del PAOK griego, que no era ni la primera, ni la segunda, ni la tercera, ni la cuarta opción.

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El nuevo entrenador, con sus métodos de trabajo moderno y versatilidad táctica, se ganó rápidamente el vestuario. Cambió la dinámica de juego y los resultados positivos llegaron de forma casi inmediata. En dos meses, Abel Ferreira ha situado al Verdao en la final de la Libertadores y de la Copa do Brasil (donde le espera en febrero el Gremio) y sigue vivo en el Brasileirao, pero con posibilidades remotas de título.

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