A la zarzuela le sienta bien el riesgo

En ese rosario de desdichas en que se ha convertido la cultura en tiempos de pandemia, la inauguración de la temporada en el Teatro de la Zarzuela era otra prueba más de las muchas que acaecen en tan atribulado sector. La emergencia, para empezar, partía en dos un ambicioso programa doble, La tempranica y La vida breve. La simbiosis granadina que se pretendía ha tenido que desglosarse en días consecutivos. No es lo peor que podía ocurrir, pero es una pena. Y no es todo, el teatro mismo, el venerable coso de la calle Jovellanos plantea no pocas dificultades para una gestión sanitaria como corresponde. Todo es estrecho: pasillos, camerinos, foso, ambigú. De ahí el desdoblamiento del programa, pero más delicado ha sido reducir unas partituras que piden más de noventa músicos hasta los veintitantos. Otro tanto, sucedía para el coro, jibarizado hasta los 16 cantantes, añadamos mascarillas en muchos momentos.

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