″¡No veas!”: así se estremeció Juchitán con el terremoto de 7.5 grados

Cuando el suelo comenzó a cimbrarse, la maestra de escuela Eunice Pineda corrió hacia el medio de la calle con su madre. (Foto: REUTERS / Jose de Jesus Cortes)

Cuando el suelo comenzó a cimbrarse, la maestra de escuela Eunice Pineda corrió hacia el medio de la calle con su madre. (Foto: REUTERS / Jose de Jesus Cortes)

Luego del terremoto que sacudió a México esta semana, el pánico se extendió por la ciudad costera Juchitán, ya que sus habitantes temían que gran parte de lo que habían luchado por reconstruir después de un devastador sismo en 2017 volviera a los escombros.

El temblor de magnitud 7.4 que azotó el martes la costa del Pacífico ha cobrado la vida de una decena de personas y fue percibido en lugares tan distantes como la capital, pero reverberó con una resonancia especial en el húmedo Juchitán.

Cuando el suelo comenzó a cimbrarse, la maestra de escuela Eunice Pineda corrió hacia el medio de la calle con su madre.

Su hogar no sufrió muchos daños en el sismo de 2017, que afectó monumentos históricos y causó la muerte de decenas de personas en la ciudad, pero el martes por la mañana, el suelo temblaba tan violentamente que Pineda temió que su casa se derrumbara y cubrió los ojos de su madre, dijo a Reuters.

Las autoridades de Protección Civil atendieron a entre 30 y 40 personas en estado de shock nervioso mientras realizaban sus rondas, dijo William López, un funcionario local. "Mucha gente no supera lo de 2017", afirmó. (Foto: EFE/ Daniel Ricardez)

Las autoridades de Protección Civil atendieron a entre 30 y 40 personas en estado de shock nervioso mientras realizaban sus rondas, dijo William López, un funcionario local. «Mucha gente no supera lo de 2017», afirmó. (Foto: EFE/ Daniel Ricardez)

«¡No veas!», recordó que exclamó en ese momento la joven de 26 años. «Se va a caer nuestra casa (…) la casa de nuestros recuerdos».

El inmueble se mantuvo firme y la localidad no sufrió grandes daños, a pesar de que el epicentro estaba a solo 187 kilómetros de distancia, pero muchos en Juchitán, una pequeña ciudad con profundas raíces indígenas en el estado sureño Oaxaca, temían lo peor.

Las autoridades de Protección Civil atendieron a entre 30 y 40 personas en estado de shock nervioso mientras realizaban sus rondas, dijo William López, un funcionario local. «Mucha gente no supera lo de 2017», afirmó.

Juchitán se encuentra en el Istmo de Tehuantepec, una vibrante región zapoteca cuyo colorido vestido tradicional inspiró la estética distintiva de la artista Frida Kahlo.

La ciudad estima que a la fecha ha concluido entre un 40% y 50% de la reconstrucción. (Foto: PATRICIA CASTELLANOS / AFP)

La ciudad estima que a la fecha ha concluido entre un 40% y 50% de la reconstrucción. (Foto: PATRICIA CASTELLANOS / AFP)

Después del sismo de 2017, muchas personas que perdieron sus hogares se vieron obligadas a dormir bajo lonas de plástico en la temporada de lluvias, dijo Juan Mario Pérez, que trabaja en una estación de radio comunitaria indígena y ayudó a reconstruir la población. Las réplicas remecieron a Juchitán durante semanas.

Casi tres años después, muchos todavía luchan por obtener asistencia o materiales. Algunos regresaron a su vivienda en condiciones precarias, ya que solo habían construido una o dos habitaciones, dijo Pérez.

La ciudad estima que a la fecha ha concluido entre un 40% y 50% de la reconstrucción.

Juchitán ha progresado desde entonces. Su mercado, donde las mujeres en su famosa sociedad matriarcal venden artesanías y platos locales, reabrió el año pasado, Pero la ansiedad creció después del temblor del martes.

Durante el terremoto, Zurisadai Ortiz, una optometrista de 24 años, dijo que estaba angustiada por su abuela, quien vive al otro lado de la calle, pero que es demasiado frágil para salir de casa sin ayuda.

Durante el terremoto, Zurisadai Ortiz, una optometrista de 24 años, dijo que estaba angustiada por su abuela, quien vive al otro lado de la calle, pero que es demasiado frágil para salir de casa sin ayuda.

Algunas personas dormían en sus patios, una forma tradicional de combatir el calor en las bochornosas noches de verano, pero también como precaución ante el suelo inestable.

Durante el terremoto, Zurisadai Ortiz, una optometrista de 24 años, dijo que estaba angustiada por su abuela, quien vive al otro lado de la calle, pero que es demasiado frágil para salir de casa sin ayuda.

“Nuestra vida puede cambiar en unos minutos, en unos segundos”, afirmó.

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